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domingo, 16 de noviembre de 2014

Consejos de Santo Tomás Moro para recibir la Eucaristía

 

 

Aprovechemos bien ese momento sublime, cuando hemos recibido la Santa Comunión y tenemos al Señor en el cuerpo, no lo dejemos solo.

Cuando hemos recibido la Santa Comunión y tenemos al Señor en el cuerpo, no lo dejemos solo. No nos vayamos simplemente a ocuparnos de otras cosas, olvidándonos de Él. Si uno atendiera de esa manera a un invitado especial sería un pésimo anfitrión. Démosle al Señor la atención y el amor que merece. Hablémosle con una oración sincera y conversemos con Él en una devota meditación.

Si dejamos de lado todo lo demás para atender al Señor, Él nos hablará por inspiraciones interiores y nos dará consuelo espiritual y un mayor beneficio para nuestra alma. Seamos como Marta, para que toda nuestra actividad exterior esté dedicada a Él, a darle la bienvenida con amor y, por amor a Él, también a quienes lo acompañan, vale decir, los pobres. El Señor considera que cada uno de ellos es no sólo su discípulo, sino Él mismo. Por eso dice, “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mateo 25,40).

Y sentémonos también con María, la hermana de Marta, haciendo meditación devota y escuchando con atención lo que nos dice el Señor, nuestro santo Huésped. Este tiempo de oración es una oportunidad privilegiada: Él, nuestro Creador, que nos dio el ser y a quien hemos ofendido con nuestros pecados y que puede condenarnos o salvarnos, es el mismo que ha venido a ser nuestro Huésped, por su inmensa bondad. Él está personalmente presente en nuestro interior con el único fin de que le pidamos perdón y así Él pueda salvarnos.

No perdamos, pues, este momento ni dejemos que pase la ocasión. No podemos tener la absoluta seguridad de que volveremos a recibirlo en el futuro. Tratemos de que Él permanezca en nosotros y digámosle, como los dos discípulos de Emaús, “¡Quédate con nosotros, Señor!” (Lucas 24,29). Así estaremos seguros de que Él no se irá de nuestro lado a menos que nosotros mismos lo rechacemos.

Adaptación de un pasaje del Tratado de Santo Tomás Moro sobre cómo recibir el Sagrado Cuerpo de Cristo.

Fuente: La-palabra.com

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