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lunes, 3 de noviembre de 2014

Ciudad del Este: 2000 personas se unieron al Requiem de Mozart en súplica por los Fieles Difuntos

 

 

 

Este evento reunió a más de 2000 personas en su segunda edición, y se enmarca nuevamente como un hito que posiciona al Departamento del Alto Paraná como centro de convergencia entre la cultura y la fe. También de este modo, el Camposanto San Marcos inaugura oficialmente la apertura de sus servicios, siendo coorganizadora la Parroquia Espíritu Santo, que relució sus inspiradores murales, donde se ve plasmada toda la historia de la salvación.

La más sublime y perfecta conjunción entre el arte y la Misa. La obra del máximo exponente de la música clásica, Mozart, la Misa de Requiem fue revivida por voces angelicales acompañadas por la Orquesta Philomúsica de Asunción; el Coro Espíritu Santo y el Coro de Niños del Colegio San Esteban. En la dirección estuvieron el Maestro Luis Szarán, el Maestro César Arzamendia y la Directora Mónica Pérez.

La celebración de la Santa Misa en memoria de los que se han ido fue presidida por el Pbro. Carlos Urrutigoity, acompañado de sacerdotes, diáconos, religiosos/as y seminaristas. La Iglesia entera se unió a esta liturgia para presentar súplicas y preces por el descanso eterno de los Fieles Difuntos.

De la homilía del Pbro. Urrutigoity

La muerte es un segundo nacimiento. Cuando nuestro cuerpo es depositado en el seno de la tierra, en realidad nuestro cuerpo es una semilla. Y como toda semilla, debe descomponerse y un día, de esta semilla surgirá nuestro cuerpo glorioso.

Todos nosotros, sembrados en la corrupción, resucitaremos en la gloria, perfectos. La resurrección es obra de Dios, por eso saldremos perfectos, es decir, de parte de Dios saldremos así. Pero de nosotros depende cómo llegar a la muerte.

La muerte es el comienzo de la nueva vida. Cuando salgamos de la oscuridad de este mundo, también con nuestros nuevos ojos veremos la gloria de Dios. Pero seguro que nuestros ojos estarán preparados para ver el rostro de Dios.

La verdad, la belleza y el bien absolutos. Nuestros dedos se aferrarán a las manos de nuestra madre María y a San Miguel Arcángel, quienes nos presentarán ante Dios. Resucitaremos preparados para cantar todas las alabanzas a Dios. Pero no perderemos este don, sino que tendremos y mantendremos este don de las lenguas, pero todo depende si en esta vida aprendemos a morir y tendremos una santa muerte si vivimos con los ojos fijos en el cielo.

Viviremos con los ojos fijos en el cielo y en Dios, si aprendemos a amar por sobre todas las cosas, la verdad, la belleza y el bien. No debemos vivir una vida de corrupción; debemos vivir preparándonos para ese nuevo nacimiento junto a la gloria de Dios.

Esta Misa la celebramos para ayudar a nuestros fieles difuntos para que puedan terminar esa necesaria preparación para ver el rostro de Dios. Para esto Mozart compuso esta Misa, que aunque tengan notas y acordes de preocupación, también nos muestra la belleza, donde nuestras voces se unirán a los infinitos coros angélicos para cantar eternamente las alabanzas del Señor. Vivamos preparándonos para morir, y así moriremos con la esperanza de alcanzar la vida eterna.

Fuente: http://diocesiscde.info/

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