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viernes, 1 de agosto de 2014

"La liturgia romana y sus enemigos"

 

 

Reproducimos una entrada sobre la sagrada liturgia de Jack Tollers publicada en el blog The Wanderer .

 

Estimado Wanderer,

Ya sé que su bitácora no es propiamente una revista y que difícilmente haya lugar aquí para la recensión de un libro, sino que… pues, nada, que acabo de leer un libro de Martin Mosebach y quería contarles un poco de qué se trata.

Mosebach es un novelista y dramaturgo alemán, nacido en 1951. Es bastante conocido en su país y, según lo cuenta él mismo, fue católico-a-medias hasta que se convirtió a eso de sus veinticinco años.

Por culpa de la misa, por culpa de una misa celebrada según la liturgia que dominó en Occidente desde tiempo inmemoriales hasta 1968.

El libro que leí de él, "La herejía de lo informe - La liturgia romana y sus enemigos" no ha sido traducido al castellano, apareció en alemán en 2003 y fue editado en inglés por Ignatius Press en 2006 con el título de "The heresy of formlessness" (hay versión electrónica). Se trata de una colección de ensayos que abarca distintas cuestiones en torno a la liturgia y a los ataques que viene sufriendo desde las reformas implementadas por Pablo VI.

Es un libro completamente fuera de serie. Quizás porque el autor no es propiamente un liturgista ni cosa que se le parezca, quizás porque tiene una mirada de artista, de novelista… lo cierto es que esta colección de ensayos no tiene desperdicio, no sólo por la profundísima percepción de lo que está en juego cuando de liturgia se trata, sino también por la originalidad con que se dirige a cada cuestión, a cada aspecto del asunto que trata.

Es divertido, por ejemplo, cómo representa la absoluta incomprensión del hombre moderno ante lo que sucede en la misa:

Hay una broma espléndida acerca del niño judío que se encontró casualmente en una misa y que luego se lo contó a su padre. "Un hombre entró con un niño y le dio su sombrero. El niño tomó el sombrero y lo escondió. Luego el hombre interrogó a la congregación: "¿Dónde está mi sombrero?" y la congregación respondió, "No lo sabemos." Luego hicieron una colecta para adquirir un nuevo sombrero. Al final el niño le devolvió el sombrero al cura, pero no devolvieron el dinero.

Y agrega Mosebach:

Como ya he explicado, cuando yo era niño, mi comprensión de la misa apenas si era algo mayor que la del niño judío.

Pero, como he dicho, ya de grande empieza a entender más. Y por cierto que su entusiasmo no procede de un superficial esteticismo ("de moda", como diría el Papa actual).

Lo que primero me llamó la atención de la liturgia católica fue su antigua música, el canto Gregoriano. Llegados a este punto, me imagino el desprecio de ciertos lectores: "Ah, claro, este hombre es un artista que está tratando de satisfacer sus necesidades estéticas mediante la religión". Admito redondamente que soy uno de esos tipos cándidos que mira la superficie de las cosas, su aspecto exterior, para formarme un juicio acerca de su naturaleza más profunda, su verdad o su carácter espurio.

Esa doctrina de los supuestos "valores interiores" escondidos bajo una coraza sucia y deteriorada es algo que me resulta harto sospechoso.

  A nosotros también. Pero, claro, con el Papa no estaríamos de acuerdo.

Hoy en día pareciera que en la Iglesia hubiese dos tipos de hombres enteramente diferentes; ya no se pueden comunicar entre sí, por mucho que hubiese buena voluntad de ambas partes. De ningún modo alcanza con la buena voluntad para lograr comunicarse; también depende de un lenguaje común.

¿Lenguaje común? Sí, claro, una liturgia objetiva, rigurosa, estable, llena de rúbricas que hay que observar sí o sí.

No hay cosa más anti-docetista que esto.

Mucha gente preocupada por estos asuntos, se preguntarán: "¿Acaso no es posible celebrar la nueva liturgia del Papa Paulo VI con devoción y reverencia?". Naturalmente que eso es posible, pero el sólo hecho de que eso es posibleconstituye el argumento más contundente contra la nueva liturgia… ni bien requiera que quien la celebre sea un santo o un buen sacerdote, se la puede haber dado por terminada.

Por supuesto que el autor reconoce que el anti-ritualismo no es nada nuevo.

Ha habido una fuerte antipatía contra el ritual en diversas fases de la historia de la Cristiandad. Los hallamos en forma embrionaria en San Francisco de Asís, en los movimientos proto-Protestantes de la Edad Media, en la Reforma de Lutero y de Zwinglio, en el Galicanismo y Josefismo del s. XVIII. Se me hace que este anti-ritualismo constituye un eco de la forma mentis de cada uno de estos períodos, aunque reconozco que tiene raíces muy profundas en el propio cristianismo. En su mayor parte, estos movimientos que se opusieron al ritual en la Cristiandad eran enérgicos, radicales y apasionados; ahora, creo que nuestro tiempo constituye el primer ejemplo de iconoclasmo litúrgico procedente de una anemia religiosa, un anti-ritualismo fundado en una religión débil.

  ¿Religión débil? Pues claro que sí. No sólo eso, reducida a una concepción quasi-cartesiana.

He dicho que Jesús y sus discípulos, y los primeros cristianos, eran concientes de que si iban a entender complemente el mensaje de Jesús, no alcanzaría con repetir fielmente sus enseñanzas… Para que estas enseñanzas resultaran eficaces, era esencial que los discípulos contaran con una experiencia, que conocieran la influencia de Jesús, corporalmente presente. Y si la liturgia sería la manifestación corporal de Jesús—una cosa esencial para la vida cristiana—tiene que ser posible experimentarla como algo que no constituye un artefacto humano, sino algo dado, algo revelado. Así, Basilio el Grande, un monje y uno de los Padres de la Iglesia de Oriente, consideraba a la misa como una revelación, al mismo nivel que las Sagradas Escrituras y, consecuentemente, prohibió estrictamente que nadie se atreviese a alterar o reformular la liturgia.

¿Una liturgia congelada? Bueno, no, tampoco.

Por supuesto que sabemos que el rito no ha llegado a nosotros inmutable desde los días de la cristiandad primitiva. Y con todo, consideramos a la vieja misa… como algo fijo e inmutable, algo que nos ha venido directamente desde el Cielo. La razón de esto estriba en que los cambios que sufrió no fueron arbitrarios sino el resultado de un crecimiento gradual; ocurrieron a paso tan lento que nadie se daba cuenta. Las modificaciones graduales y constantes que sufrió el rito no eran el producto de peritos trabajando en sus escritorios; eran el resultado de quienes venían rezándolo a lo largo de dos mil años de historia.

También, como Bouyer, Mosebach denuncia el intolerable clericalismo implícito en estas reformas.

Cada vez que se introduce una modificación litúrgica se la justifica con recurso a la mágica locución "razones pastorales". "Pastoral" significa que se trata de la incumbencia del pastor, pero hace tiempo que nos hemos acostumbrado a traducirlo de otro modo: "Nosotros, los clérigos, decidimos cuánto del esplendor de la verdad pueden recibir los sonsos laicos confundidos."

En fin, Wanderer, el libro tiene mucho, muchísimo más. Pero como botón de muestra, c'est suffit. Sólo agregaré una cita más, acompañando a don Martín con nuestros votos:

En el primer Domingo de Cuaresma la Iglesia Ortodoxa celebra el fin del movimiento iconoclasta con su gran "Fiesta del Reestablecimiento de la Ortodoxia". De modo que es mi sueño que, un día, cuando este altar y muchos otros altares sean restaurados, seremos, nosotros también, capaces de celebrar la restauración de la Ortodoxia Latina.

Jack Tollers    

Fuente: The Wanderer.

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