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miércoles, 25 de junio de 2014

Gracias, Señor, por tu iglesia sanrafaelina

 

CCmodificada

 

 

  Por Rodrigo Álvarez

Gracias, Señor, por tu iglesia sanrafaelina.

  Gracias, Señor, por la celebración de Corpus Christi de anteayer.

  Gracias, Señor, porque en un mundo donde se rechaza y maltrata tu Santísimo Cuerpo, tu iglesia sanrafaelina te rinde los más conspicuos honores.

  Gracias, Señor, porque en una patria como la Argentina, con las iglesias vacías y la fe en agonía, tu pueblo sanrafaelino aún sigue destacando por la fe con que te acompaña.
  Gracias, Señor, porque en un mundo inquieto entre rebeliones y vientos de cambio que derriban lo antiguo, tu terruño sanrafaelino eleva sus voces en clave gregoriana y te canta en latines con himnos tan viejos como vieja es tu fiesta eucarística.

  Gracias, Señor, porque en un mundo donde la feligresía católica se avergüenza de su fe, se encierra, se esconde; aún quedan pueblos como el nuestro que sale desafiante a las calles portando enhiesto y glorioso al Pan de los Ángeles y testimoniando sin dobleces la fe en el Dios Verdadero.

  Gracias, Señor, porque en una patria como la nuestra, envenenada de misas-bailanta y de pura guitarra, tu pueblo sanrafaelino te honra como Dios manda, con la solemnidad del silencio y la trascendencia de un Tantum Ergo.

  Gracias, Señor, porque en un mundo que te desprecia en el Santísimo Sacramento, en un mundo donde las gentes, la más de las veces, te reciben por costumbre e indignamente; en tu iglesia diocesana aún se ven las familias enteras -los jóvenes, los viejos, los niños-, que de pie o de rodillas te reciben con unción y recogimiento.

  Gracias, Señor, porque en un mundo pacifista, sin lucha y asustado por la muerte, nuestro pueblo diocesano te canta el himno glorioso de los mártires de Barbastro, y te dice gozoso “Jesús ya sabes, soy tu soldado, siempre a tu lado yo he de luchar… ¡y qué ideal! ¡Por ti Rey mío la sangre dar!”

  Gracias, Señor, porque en un mundo donde los sacerdotes esconden su condición como si tuvieran vergüenza de ella, en nuestra diócesis querida se ven por doquier sacerdotes valientes, que visten su sotana y la llevan con orgullo como si fueran soldados gozosos de su uniforme.

  Gracias, Señor, porque en una Argentina temerosa y cobarde, tu San Rafael aún te canta como en el santo y discutido Congreso Eucarístico de 1934, y te dice confiado: “Dios de los corazones, sublime redentor, domina las naciones y muéstrales tu amor…”

  Gracias, Señor, porque en un mundo que finge caridad y misericordia, tu pueblo fiel del Sur de Mendoza te ofrece un auténtico testimonio de piedad en tantos niños huérfanos, abuelos, adolescentes y jóvenes que son protegidos y evangelizados por manos amorosas y desinteresadas.

  Gracias, Señor, por tantos beneficios y dones.

  Gracias, Señor, por tu iglesia sanrafaelina.

 

  Perdón te pedimos si no hemos sabido cuidar tus regalos.

  Perdón te pedimos si nos conformamos y no nos empeñamos en acrecentar lo recibido.

  Perdón te pedimos si creímos, por un instante siquiera, ser hechura nuestra lo tuyo donado.

  Perdón te pedimos si estamos dormidos, si no hemos sabido defender tan preciosos talentos que dio Tu Misericordia a nuestra miseria.
  Perdón te pedimos si de a poco nos hemos acostumbrado a tus cuidados.

  Perdón te pedimos, en fin, si no hemos valuado en su justa medida la enorme grandeza de tan hermosos dones.

  Danos fuerza, Señor, para defenderlos de quienes pretenden arrebatárnoslos.

  Danos fuerza, Señor, para no ceder ante ellos, para mantenernos firmes y constantes, al decir de San Pablo, en la defensa de Tu Nombre.

  Danos fuerza, Señor, para velar por lo que hemos recibido de tantos varones santos como Monseñor Kruk y el Padre Ezcurra.

  Danos fuerza, Señor, para serte fieles.

Fuente: http://centinelasanrafael6.blogspot.com.ar/2014/06/gracias-senor-por-tu.html

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