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domingo, 7 de julio de 2013

Respetuosa petición a los obispos españoles sobre la misa tradicional

 

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Por De la Cigoña

Mejor que sean generosos pero al menos sean justos

En España la misa tradicional ha sido generalmente un calvario. Y pienso, señores obispos, que bastante tenemos con los que nos llegan en la vida como para que ustedes nos los aumenten, quia nominor leo.

No estoy pidiendo nada para mí. Todo el mundo que me conoce sabe que no frecuento la misa tradicional. Pero conozco amigos que se sienten muy vinculados a ella. Y además con todo derecho. Se encuentran más cercanos a Dios en ella y la reclaman. Pues de internis neque Ecclesia. Es absurdo ponernos a discutir ahora si su sentimiento es atendible o no. La Iglesia ha declarado que es válido. Y que tienen derecho al mismo. Pues no se lo obstaculicemos. Más bien deberíamos favorecerlo. O deberían ustedes, señores obispos, que yo sólo puedo ejercer un derecho de petición.

Mis amigos tradicionalistas, con quienes me siento muy a gusto las contadas veces que participo en sus misas por el modo extraordinario, han padecido las de Job para conseguirla. Obstáculos sin cuento, cicaterías notabilísimas, negativas dictatoriales no pocas veces. Hoy la misa tradicional en España, donde se ha conseguido, tiene todo el aspecto de una reserva de sioux o de apaches. Como ellos son buenos no se quejan. Y hasta lo agradecen. Pero me parece muy penoso.

Una misa la mes en no pocos casos, unas iglesias que ha habido que conquistar casi al asalto y en las que a veces son muchas más las cortapisas que las facilidades, unos sacerdotes que la celebrarían con gusto pero que no pueden o no se atreven. En ocasiones  por manifestación expresa de su obispo y otras convencidos de que iban a desagradarle notablemente con las consecuencias previsibles y preocupantes.

Sé que es un sentimiento muy minoritario o inexistente en muchísimas diócesis españolas. Entiendo perfectamente que un fiel o dos no pueden reclamar para ellos algo que nadie más quiere. Conozco la escasez de clero en muchos lugares de España. Creo descabellado y muy contraproducente hoy lo que a algunos fundamentalistas del modo extraordinario les gustaría: que la misa tradicional se impusiera como única en España o que al menos se hiciera en muchas iglesias. Pero de eso a impedir que un grupo de fieles que la reclamen no sean atendidos en su petición va un abismo. Diría incluso que de maldad.

Soy el primero en exigir que antes deben estar los fieles y luego venir la misa. No al contrario. Pero donde estén esos fieles, en un grupo de cierta entidad, y no lo son tres o cuatro, el obispo debería facilitarles el modo extraordinario. Y en alguna ocasión hacerse presente. En coro o como celebrante. No se le iba a caer el anillo por ello. Y comprobaría el amor de parte de sus hijos, por pequeña que sea esa parte, al sentir al padre entre ellos. Fui testigo de una misa de Don Demetrio en Córdoba y de la felicidad de los presentes al ver celebrando la misa a su obispo. No estuve en una ocasión análoga en Canarias pero me consta ese sentimiento, pasmado y gozoso, cuando monseñor Cases se presentó para celebrar "su" misa. Y cuando digo "su" no hay el menor menoscabo en ello del modo ordinario que todos aceptan sin el menor problema.

En los últimos días me he expresado con reservas sobre el arzobispo de Pamplona. Pero a este respecto he de decir que está en el cuadro de honor de los obispos españoles sobre la misa tradicional. Que se celebra los domingos en su catedral. Y no hay la menor duda de que con su anuencia.

Concluyo con lo que comencé. Señores obispos, sean generosos con una misa con la que se santificó la Iglesia durante siglos. Y que celebraron santos de inmarcesible gloria. Y si no quieren ser generosos, al menos no sean, permítanme la palabra, puñeteros. Amen a los buenísimos católicos que se sientes afectos a la misa tradicional. Y a los sacerdotes dispuestos a celebrarla. Porque es de malísimo efecto el que parezca que sus amores sean a lo peor de la Iglesia. Que a veces lo parece. Y por supuesto no me estoy refiriendo en ello a quienes celebran el modo ordinario. Para mí tan infinitamente santo como el extraordinario. Si ven que hay fieles que justifiquen una misa semanal, no les castiguen con una sólo mensual. Si no la tienen en su diócesis y hay un grupo de alguna consistencia que lo pida, no racaneen, no manifiesten su disgusto a los sacerdotes dispuestos a celebrarla, y si esos fieles llegaan a un número que les justificara denles una parroquia personal. Que no se cae el mundo. Y mucho menos la Iglesia. Séan padres de todos como lo fue el que murió en la cruz. Por todos. También por los tradicionalistas. 

Fuente: http://www.intereconomia.com

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