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sábado, 19 de enero de 2013

El Papa llama a no colaborar con «proyectos en contraste con la antropología cristiana»

 

benedicto-xvi

 

 

El llamado de Benedicto XVI a los cristianos comprometidos en acciones caritativas.

Subrayó además su oposición a la filosofía de género.

Quien opera en «los organismos de caridad, debe orientarse por los principios de la fe» y «ejercer una vigilancia crítica y, a veces, recusar financiamientos y colaboraciones que, directa o indirectamente, favorezcan acciones o proyectos en contraste con la antropología cristiana». Es el mensaje que esta mañana Benedicto XVI dirigió a los participantes de la plenaria del Pontificio Consejo “Cor Unum”, que fueron recibidos en audiencia en el Aula del Consistorio. El Papa, recordando su “motu proprio” en el que insistió sobre el «sentido eclesial» de la acción caritativa, subrayó que esta puede «abrir la puerta de la fe a muchas personas que buscan el amor de Cristo».

Ratzinger, por ello, citó «la dimensión profética que la fe» otorga a la caridad y la importancia del plan divino para el hombre. El Pontífice observó que, «cuando el hombre no ha buscado ese proyecto, ha sido víctima de tentaciones culturales que han acabado por esclavizarlo». Y citó «las ideologías que rendían culto a la nación, a la raza, a la clase social han resultado ser idolatrías, propias y verdaderas. Lo mismo se puede decir del capitalismo salvaje con su culto del lucro, que se ha traducido en crisis, desigualdad y miseria». Hoy, dijo el Papa, se comparte «cada vez más, un sentimiento común acerca de la dignidad inalienable de todo ser humano y de la responsabilidad, interdependiente y recíproca hacia él».

Sin embargo, también sobre nuestra época, siguió Benedicto XVI, «se abaten sombras que oscurecen el plan de Dios. Me refiero, sobre todo, a una trágica reducción antropológica que replantea el antiguo materialismo hedonista, al que se suma, además, un “prometeísmo tecnológico” De la unión entre una visión materialista del hombre y el gran desarrollo de la tecnología emerge una antropología de fondo ateo. Presupone que el hombre se reduce a funciones autónomas, la mente al cerebro, la historia humana a un destino de auto-realización. Todo ello prescindiendo de Dios, de la dimensión propiamente espiritual y del horizonte ultraterrenal».

Así, para el hombre privado de su alma, «y por lo tanto de una relación personal con el Creador, lo que es técnicamente posible se convierte en moralmente lícito, todo experimento es aceptable, cualquier política demográfica consentida y cualquier manipulación legitimada. La amenaza más peligrosa de esta corriente de pensamiento es, de hecho, la absolutización del hombre». Por ello, explicó el Papa, es necesario «prestar una atención prófética a esta problemática ética y a la mentalidad subyacente. La justa colaboración con las instancias internacionales en el ámbito del desarrollo y la promoción humana, no deben hacer que cerremos los ojos frente a estas graves ideologías y los pastores de la Iglesia[...] tienen el deber de advertir de estos desvíos tanto a los fieles católicos como a todos las personas de buena voluntad y de recta razón».

«Se trata, de hecho, de una deriva negativa para el hombre –explicó–, aunque se disfrace de buenos sentimientos en nombre de un supuesto progreso, o de presuntos derechos o de presunto humanismo. Frente a esta reducción antropológica: ¿Cual es la tarea de todos los cristianos, y especialmente de quienes se dedican a las actividades de caridad, y por tanto están estrechamente relacionado con muchos otros actores sociales? Ciertamente tenemos que ejercer una vigilancia crítica y, a veces, recusar financiamientos y colaboraciones que, directa o indirectamente, favorezcan acciones o proyectos en contraste con la antropología cristiana».

Al concluir, Benedicto XVI recordó que, desde un punto de vista positivo, «el ser humano no es ni un individuo separado ni un elemento anónimo en la comunidad, sino una persona singular e irrepetible, intrínsecamente ordenada a la relación y la socialización. Por lo tanto, la Iglesia reafirma su gran sí a la dignidad y la belleza del matrimonio como una expresión de la alianza fiel y fructífera entre el hombre y la mujer, y su no a filosofías como la de género, está motivada por el hecho de que la reciprocidad entre hombres y mujeres es una expresión de belleza natural del Creador».

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Fuente: Vatican Insider.

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