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jueves, 29 de noviembre de 2012

Ponencia del Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino

 

ferrer

 

El sitio de internet de la Federación Mundial de las Obras Eucarísticas de la Iglesia ofrece una muy interesante ponencia de Mons. Juan Miguel Ferrer Grenesche, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, con ocasión del 50° aniversario de la Federación Mundial de las Obras Eucarísticas de la Iglesia, Valencia, España, Nov-24-2012. De ella citamos un pequeño fragmento (énfasis originales).  

 

En lo más estrictamente litúrgico y pastoral se verificó una “coagulación” litúrgica en la Misa. Toda la vida de piedad se centró en la celebración eucarística. Desaparecen en tantos lugares las adoraciones eucarísticas, las novenas y sermones autónomos. Todo pasó a celebrarse con la Misa. Y se produjo, en muchas comunidades cristianas, casi un olvido de otras formas de culto eucarístico. Es cierto que en 1973 (21 junio) se publicó el ritual de la Comunión y el Culto eucarístico fuera de la Misa, con interesantes aportaciones sobre la adoración eucarística fuera de la Misa y sobre la organización de los congresos eucarísticos. Pero también es cierto que en estos años de controversia doctrinal en torno al Augusto Sacramento, con tantas clarificaciones doctrinales de los Papas, tanto el nuevo Misal (1970) como este Ritual eliminan diversos gestos y signos de adoración presentes en la liturgia desde las controversias eucarísticas medievales: 1º se reduce mucho en la Misa la posición de los fieles de “estar de rodillas” (y en algunas comunidades llega, arbitrariamente, a suprimirse del todo), 2º se suprime ante la custodia lagenuflexión doble y en la Misa se reducen también mucho las genuflexiones del sacerdote y de los ministros del altar (llegando en algunos casos a desaparecer, contra norma, todas las genuflexiones reemplazadas, en el mejor de los casos, por inclinaciones profundas, o no tan profundas); y en el momento de comulgar se comienza por tolerar la comunión “de pié”, (hasta eliminar casi universalmente los comulgatorios), para pasar luego a eliminar la comunión “de rodillas”, sustituida por un signo de veneración poco explicado, genuflexión o inclinación previas, (que terminan por ser prácticamente ignoradas), y, finalmente se pasa a autorizar la comunión “en la mano”, con una forma antigua, respetuosa y cuidada, pero que se va imponiendo hasta obligar a los fieles a comulgar de este modo, en algunos momentos (caso de los decretos ilegítimos de varias Conferencias Episcopales con ocasión del la misteriosa epidemia de “gripe A”, no hace tanto tiempo), y descuidando en muchos casos el modo, que se convierte en rutinario y poco reverente, en no algunos casos, (esto sin tocar el tema de los abusos de una Eucaristía no distribuida, sino “tomada” –autoservicio- que se han dado y aun se dan en ciertas comunidades). Todo esto, lo “normal” y lo “abusivo”, no deja de ser extraño y ajeno al común actuar de la Iglesia, que siempre venía reforzando en la liturgia las oraciones y gestos que podían defender la fe frente a los errores doctrinales que amenazaban al pueblo cristiano, aquí, en este caso, fue todo lo contrario.

 

Para seguir leyendo el documento completo click aquí.

 

Visto en Secretum Meum Mihi

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