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viernes, 2 de noviembre de 2012

Grave ataque a la Catedral de Buenos Aires

Aumenta la discriminación hacia los Católicos en Argentina

 

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Cuando desde el Arzobispado nos dijeron anteayer, que se habían tomado recuados para defender la Catedral del probable ataque de las huestes que marchaban desde el Congreso hasta Plaza de Mayo para exigir el aborto, tuvimos alguna duda sobre la consistencia de esos "recaudos" prometidos.

Pero al llegar en la tarde de ayer, Solemnidad de Todos los Santos, nos encontramos con un operativo perfectamente montado.
El atrio del templo cardenalicio estaba rodeado por una firme y alta valla metálica, y efectivos de la policía patrullaban el lugar. Habían llegado allí por requerimiento del Sr. Rector de la Catedral, Pbro. Alejandro Ruso, y con el consentimiento del Cardenal Bergoglio.

Fuentes seguras nos han informado que Su Eminencia se comunicó telefónicamente desde la curia Arzobispal a la Catedral, más de una vez durante la tarde de ayer, para asegurarse de que todo estuviera dispuesto.

Saben nuestros lectores que este blog ha criticado duramente algunos aspectos de la gestión arzobispal, pero nobleza obliga, y aquí se hizo lo que debía hacerse. La Catedral protegida por la fuerza pública y abierta a los fieles en la Solemnidad de Todos los Santos, como si nada pasara.

Un grupo importante de los entusiastas y valientes fieles que acudieron para defender el augusto templo, optaron por quedar fuera de las vallas por considerar que estaban demasiado cerca del mismo; y para asegurarlo más con sus propios cuerpos. Quizá también haya existido el inconsciente deseo de vengar la ofensa de Posadas.

Los acompañó en su decisión, aunque considerara más prudente colocarse tras la valla, un sacerdote de sotana quien, al ponerse en contacto directo con el enemigo luciendo el hábito eclesiástico, se hizo acreedor, entre otras cosas, a dos poderosos huevazos de su parte; y al premio mayor de la jornada por la nuestra.

Luego del Solemne Oficio de Vísperas, y de la adoración del Santísimo Sacramento, comenzada la santa Misa, empezaron a arribar las columnas de abortistas y marxistas a la histórica plaza.
Porque ha de saberse que la parte sustancial de estas columnas, estaba formada por militantes políticos que se mueven por mandato comiteril y financiamiento abundante. Por lo cual no se puede decir con verdad que haya sido una marcha pro aborto estrictamente.
Un importante grupo se dirigió hacia la Catedral para seguir la acostumbrada liturgia profanante, pero se encontró con los soldados de Cristo Rey y el cordón policial.

Se oyeron los insultos de uso, a la Iglesia, a Cristo Rey, a los sacerdotes, a las Fuerzas del Orden; y del lado católico, donde la sangre joven bullía en las venas impulsando el cuerpo a la batalla, se alzaron voces clarificantes: ¡Asesinos! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina! ¡Viva la Patria!. Mientras otros rezaban el Rosario y la oración a San Miguel Arcángel.

Comenzaron a llover huevos sobre el atrio de la Catedral, una lanza que había sido usada para portar una bandera de la muerte, voló hacia el interior de las vallas y, de no haber sido desviada por la mano de un hombre, habría impactado en el rostro de una adolescente.

Los soldados de Cristo Rey, enlazados en una cadena de almas y cuerpos, no estaban dispuestos esta vez a tolerar escupitajos y empellones, lo que implicó puntos de fricción que obligaron a intervenir a la Guardia de Infantería Policial.

Mientras esto sucedía, terminada la Santa Misa que tuvo sus latines, el Rector se hizo presente en las puertas que permanecían abiertas.

Después del tiempo necesario para que una tarde luminosa se convirtiera en negra noche, luego de insultar a destajo y de agredir inclusive a las fuerzas policiales, como se ve en el video de abajo, los abortistas emprendieron su retirada con la frustración de no haber podido mancillar nuestra Catedral.

Descargaron su furia contra el edificio de la Jefatura de Gobierno y el histórico Cabildo, que quedaron llenos de consignas y de una blasfemia gravísima e inesperada mostrada con rubor inmediatamente abajo. Y se fueron retirando con sus malogradas intenciones bajo el brazo hasta irse por completo.

Quedaban en nuestras filas algunos contusos leves y un policía con un problema en sus piernas que le impedía caminar. Tuvieron que evacuarlo en ambulancia, pese al silencio de los Medios.

Los mismos Medios, tan críticos como ignorantes de lo que pasa en la Iglesia, que creyeron unos que los católicos eran un desprendimiento de una marcha sindical acaecida esa misma tarde; y otros que había habido dos marchas, una pro y otra anti aborto.
No sabían o no quisieron saber, que allí había un bando que quería profanar la Catedral y otro que intentaba evitarlo, y estaba allí para eso, más que para pedir que no haya ley de aborto.

La periodista del Multimedio Clarín, socio nativo número uno del Nuevo Orden Mundial, relataba exactamente al revés las imágenes que veía. ¡Cosas del periodismo profesional!

Cuando el que esto les relata se apretaba a marcharse, casi el último de todos, se acercó una periodista de Radio Paz 830 AM del Arzobispado de Miami, quien manifestando su sorpresa por el número de jóvenes que se habían congregado en el lugar; me preguntó si no estaba sorprendido por lo mismo.

Le contesté que no; y pasé a explicarle que esos valientes jóvenes, son los frutos de los islotes de Cristiandad que aún quedan en la Iglesia, santuarios que se sostienen sobre dos columnas: la Liturgia Auténtica y la Íntegra Doctrina de Jesucristo.  

No quiero terminar esta breve crónica sin agradecer especialmente a los jóvenes de la Fraternidad San Pío X, que han venido a poner generosamente el cuero en la defensa de la Catedral Primada, que es también la suya, cuando muchos católicos "en perfecta comunión, se contentan a lo más con jugar a los Boy Scouts en sus abúlicas parroquias. ¡Dios se lo pague!

Y para qué seguir hablando si dicen que una imagen vale por mil palabras; sólo me queda decir que varios comentábamos allí la paradoja de tener que pelear con gente que quiere matar sus propios hijos, porque nosotros queremos salvarlos. ¡Eso lo dice todo, son endemoniados!

 

Montasser al Shufie

 

Fuente: Página Católica.

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