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viernes, 16 de noviembre de 2012

De la jardinería al bordado litúrgico

 

 

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Llanto y oraciones le costó a Mabel Cruz descubrir cómo podía coser con el hilo dorado sin que se le anudara, cortara, enroscara y terminara por romperle la máquina de coser. Cuatro máquinas perdió en el camino, pero ahora ya es una experta.

En el infinito mundo de las actividades prácticas, ella se dedica al bordado litúrgico. Borda manteles, mantos y vestidos para las imágenes, purificadores, casullas, estolas… Todo lo que se puede encontrar en una iglesia o en la vestimenta de sacerdotes.

Con la tela en el bastidor, ella guía las puntadas de la máquina bordadora. Combina los puntos (mas espaciados, en cruz o rellenos) y va definiendo las figuras, las sombras y el brillo. Lo hace por partes hasta completar todo el dibujo. El proceso es artesanal y requiere de mucha paciencia y buen ojo.

Este trabajo la obligó a dejar su cargo de maestra jardinera y también confiesa que fue un camino espiritual y familiar. En su taller escucha radio María y reza el rosario mientras borda. “No puedo trabajar en esto si no creo un ambiente adecuado”, explica. Carlos González, su marido, la ayuda con la parte comercial y algo en el taller, donde trabajan todo el día y a veces hasta la madrugada si tienen que entregar algo con urgencia.

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Fuente: Tradición Digital

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