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domingo, 25 de noviembre de 2012

25 de Noviembre: DOMINGO 26º Y ÚLTIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



DOMINGO 26º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
(DOMINGO 24º Y ÚLTIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS)
II Clase - Ornamentos verdes
   
  
Ciérrase el Ciclo litúrgico con la semana última del año eclesiástico y, con él, la historia del mundo, que se nos ha ido recordando desde sus comienzos (en el Adviento), hasta su fin postrero (en el Domingo 24º después de Pentecostés).
   Por eso ha querido la Iglesia que este día se lea en su Breviario el libro del profeta MIQUEAS (contemporáneo de Oseas) con el comentario de S. Basilio en que se nos habla del Juicio final, sirviendo de comentario al Evangelio.
   “El Señor, dice Miqueas, saldrá de su lugar; las montañas quedarán consumidas debajo de Él, y los valles se agrietarán y se fundirán como cera junto a la llama, como las aguas que se precipitan por la pendiente. Todo eso por causa del crimen de Jacob y de los pecados de la casa de Israel” (1° Noct., 5° dom. de nov.).
   Pero junto a estas amenazas vienen las promesas de salvación: “Yo te juntaré a todo Jacob, y reuniré lo que aún queda de Israel y los pondré juntos como a rebaño en el aprisco.” Los asirios han destruido a Samaría y los caldeos a Jerusalén; pero el Mesías restaurará esas ruinas, y ese Mesías nos dice Miqueas que ha de nacer en Belén, y que su reino, el de la Jerusalén celestial, no tendrá fin.
   Los profetas NAHUM, HABACUC, SOFONÍAS, AGGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS, cuyos escritos se leen también por ahora, confirman lo que dice Miqueas. Jesús mismo empieza por evocar en el Evangelio la profecía de DANIEL, que anuncia la ruina total y definitiva del Templo de Jerusalén y de la nación judía por las armas romanas. Esa “abominable desolación que en el Templo santo reinó” por entonces, fué justo castigo de la infidelidad y obstinación de Israel en no querer admitir a Cristo (Ev.).
   El vaticinio de Daniel y de Jesús se cumplió al pie de la letra unos años después de la Ascensión de Cristo, y la desolación fue tal que de haber durado algo más ni un solo judío hubiera quedado vivo. Mas Dios quiso abreviar aquellos aciagos días del asedio para salvar a los que, al ver tamaño escarmiento, habían de convertirse.
   Algo de esto sucederá también al fin del mundo, del que la ruina de Jerusalén era figura. “Tunc, entonces” o sea, cuando Cristo vuelva, serán todavía mayores los satánicos prodigios, entre ellos el Anticristo, para hacerse pasar por Cristo. Ese hombre maldito de pecado llegará hasta a sentarse en el Templo santo para que se le adore como a Dios.
   Al fin de todo vendrá Jesús. Pero no humilde y manso como la vez primera y en un rinconcillo del mundo; antes vendrá con “poderío y majestad” y el Hijo del Hombre aparecerá con la rapidez de un relámpago. Entonces le saldrán a esperar los elegidos con las ansias que el águila manifiesta cuando cae sobre su presa. Su advenimiento se anunciará con cataclismos de cielos, de mar y tierra. Todas las gentes estarán despavoridas y con los ojos desencajados, y se lamentarán antes de morir muertos y antes del juicio sentenciados, cuando vean en el cielo a Cristo a quien no quisieron reconocer ni servir como a su Dios y Señor, y que ahora viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego (V. Libera me).
   No hay pensamiento tan poderoso como éste para apartarnos del pecado. Claro lo dice S. Basilio en la homilía de hoy: “Cuando el deseo de pecar te ande salteando, quisiera te acordases del tremendo y terrible tribunal de Cristo... ante el cual uno por uno iremos dando cuenta de nuestra vida. Inmediatamente, los que hubieron perpetrado muchos males durante su vida veránse rodeados de ángeles terribles y feísimos que los precipitarán en el abismo sin fondo, en donde arde envuelto de espesas tinieblas un fuego sin llama, y gusanos venenosos devoran sin cesar sus carnes, causándoles con sus mordeduras inaguantables dolores; y por fin, el oprobio y eterna confusión, que es el peor de todos los suplicios. Temed estas cosas y traspasados de este temor, servíos de su memoria como de freno contra la concupiscencia y el pecado” (3° Noct.).
   Por eso mismo nos exhorta la Epístola a portarnos de una manera digna de nuestro Dios y a dar frutos de toda clase de buenas obras... dando gracias a nuestro Padre celestial por habernos hecho capaces de tener parte en la herencia de los Santos desde ahora en espíritu, pero desde el día del Juicio Final en cuerpo y alma, merced a la Sangre redentora de su Hijo queridísimo.
   En medio de las angustias de nuestros postreros momentos precursores de nuestra muerte, desde el fondo del abismo de nuestra poquedad y miseria clamaremos al Señor (Ant. del Ofertorio) para que, en su misericordia, nos procure los remedios poderosos de los últimos sacramentos (Or.); y nuestro buen Dios, que abriga para con sus fieles sentimientos de paz y no de ira (Antífona de Entrada), y que tiene prometido despachar las plegarias hechas con fe (Antífona de Comunión), nos oirá, librándonos de las terrenales concupiscencias (Sec.), poniendo fin a nuestro cautiverio (Antífona de Entrada, V.) e introduciéndonos en el cielo juntos con Jesús triunfante, el cual obrará entonces la consumación de las cosas y entregará a su Padre el reino con tantos trabajos por  Él conquistado, como homenaje perfecto de Él y de sus místicos miembros.                Aquel día será el de la verdadera Pascua, el verdadero paso del destierro a la Tierra de promisión, a la Patria de la Jerusalén celestial, en aquel inmenso “Templo en que todos cantaremos: ¡Gloria!”. Y Dios será todo en todos.
   En ese día venturoso, por medio de nuestro Pontífice Jesús, rendiremos un culto eterno a la Santísima Trinidad, diciendo: ¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! Como en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.
   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses. 

Antiphona ad Introitum. Jer. 29, 11, 12 et 14. Dicit Dóminus: Ego cógito cogitatiónes pacis, et non afflictiónis: invocábitis me, et ego exáudiam vos: et redúcam captivitátem vestram de cunctis locis. Ps. 84, 2. Benedixísti, Dómine, terram tuam: avertísti captivitátem Jacob. V. Glória Patri.
  Antífona de Entrada.
Dice el señor: Yo abrigo pensamientos de paz, y no de cólera; me invocaréis, y Yo os oiré; y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares.  Ps. Has bendecido, Señor, a tu tierra; has terminado con la cautividad de Jacob. V. Gloria al Padre.
Oratio
Excita, quaésumus, Dómine, tuórum fidélium voluntátes: ut, divíni óperis fructum propénsius exsequéntes; pietátis tuae remédia majóra percípiant. Per Dóminum.
   R. Amen   
        Oración
Excita, Señor, las voluntades de tus fieles, para que, buscando con más fervor el fruto de la obra divina(1), reciban de tu misericordia más eficaces remedios. Por nuestro Señor Jesucristo.
   R. Amén.


Epístola
   El cristiano, bajo la influencia de la gracia divina, puede progresar de día en día en buenas obras, en pureza de vida y en la ciencia de Dios, sin más que corresponder fiel y decididamente a esa gracia. 
Léctio Epístolae beáti Páuli Apóstoli ad Colossénses.
Col. 1, 9-14
Fratres: Non cessámus pro vobis orántes et postulántes, ut impleámini agnitióne voluntátis Dei, in omni sapiéntia et intelléctu spiritáli: ut ambulétis digne Deo per ómnia placéntes: in omni ópere bono fructificántes, et crescéntes in sciéntia Dei: in omni virtúte confortáti secúndum poténtiam claritátis ejus in omni patiéntia et longanimitáte cum gáudio, grátias agéntes Deo Patri, qui dignos nos fecit in partem sortis sanctórum in lúmine: qui erípuit nos de potestáte tenebrárum, et tránstulit in regnum Fílii dilectiónis suae, in quo habémus redemptiónem per sánguinem ejus, remissiónem peccatórum.
   Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Colosenses.
Hermanos: No cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual; para que andéis de una manera digna de Dios, agradándole en todo; fructificando en toda especie de obras buenas, y creciendo en la ciencia de Dios; siendo confortados en toda virtud, según el poder de su gloria, para manifestar toda paciencia y longanimidad y gozo, dando gracias a Dios Padre que nos ha hecho dignos de participar en la heredad de los Santos en la luz; que nos libró del poder de las tinieblas, y nos trasladó al reino de su Hijo muy amado; en el cual, por su sangre, tenemos la redención, y la remisión de los pecados.


Graduale. Ps. 43, 8-9. Liberásti nos, Dómine, ex affligéntibus nos: et eos, qui nos odérunt, confudísti. V. In Deo laudábimur tota die, et in nómine tuo confitébimur in saécula.

Allelúja, allelúja. V. Ps. 129, 1-2.  De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi oratiónem meam. Allelúja.
Gradual. Señor, Tú nos has librado de aquellos que nos afligían, y has confundido a los que nos aborrecían. V. En Dios nos gloriaremos todo el día y en tu nombre te alabaremos en los siglos. 


Aleluya, aleluya. V. Desde el abismo clamé a Ti, Señor; Señor, escucha mi oración. Aleluya.

Evangelio
      Jesús hace aquí dos profecías distintas: una relativa a la destrucción de Jerusalén, centro y símbolo, a la sazón, del universo; y otra al cataclismo que sobrevendrá al fin del mundo. El cumplimiento de la primera es garantía del cumplimiento de la segunda.
U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthaéum.
Matth. 24, 15-35
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Cum vidéritis abominatiónem desolatiónis, quae dicta est a Daniéle prophéta, stantem in loco sancto: qui legit, intélligat: tunc qui in Juda sunt, fúgiant ad montes: et qui in tecto, non descéndat tóllere áliquid de domo sua: et qui in agro, non revertátur tóllere túnicam suam. Vae autem praegnántibus, et nutriéntibus in illis diébus. Oráte autem ut non fiat fuga vestra in híeme vel sábbato. Erit enim tunc tribulátio magna, qualis non fuit ab inítio mundi usque modo, neque fiet. Et nisi breviáti fuíssent dies illi, non fíeret salva omnis caro: sed propter eléctos breviabúntur dies illi. Tunc si quis vobis díxerit: Ecce hic est Christus, aut illic: nolíte crédere. Surgent enim pseudochrísti et pseudoprophétae: et dabunt signa magna et prodígia, ita ut in errórem inducántur (si fíeri potest) étiam elécti. Ecce praedíxi vobis. Si ergo díxerint vobis: Ecce in desérto est, nolíte exíre: ecce in penetrálibus, nolíte crédere. Sicut enim fulgur exit ab Oriénte et paret usque in Occidéntem: ita erit et advéntus Fílii hóminis. Ubicúmque fúerit corpus, illic congregabúntur et áquilae. Statim autem post tribulatiónem diérum illórum sol obscurábitur, et luna non dabit lumen suum, et stellae cadent de caelo, et virtútes caelórum commovebúntur: et tunc parébit signum Fílii hóminis in caelo: et tunc plangent omnes tribus terrae: et vidébunt Fílium hóminis veniéntem in núbibus caeli cum virtúte multa, et majestáte. Et mittet Angelos suos cum tuba et voce magna: et congregábunt eléctos ejus a quátuor ventis, a summis caelórum usque ad términos eórum. Ab árbore autem fici díscite parábolam: cum jam ramus ejus tener fúerit et fólia nata, scitis quia prope est aestas: ita et vos cum vidéritis haec ómnia, scitóte quia prope est in jánuis. Amen dico vobis, quia non praeteríbit generátio haec, donec ómnia haec fiant. Caelum et terra transíbunt, verba autem mea non praeteríbunt.
Credo.
  U Continuación del Santo Evangelio según San Mateo.
En aquel tiempo: dijo Jesús a sus discípulos: Cuando viereis que la abominación desoladora anunciada por el profeta Daniel, está en el lugar santo (el que esto lee que entienda); en aquel trance, los que moran en la Judea huyan a los montes; y el que está en la terraza, no baje a tomar cosa alguna de su casa: y el que en el campo, no vuelva a buscar su vestido. Mas ¡ay de las mujeres que estén encinta o criando, en aquellos días! Rogad por lo tanto, que vuestra huída no suceda en invierno o en sábado(2). Porque habrá entonces grande tribulación, cual no la hubo semejante desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá(3). Y a no acortarse aquellos días, ningún hombre se salvará; mas serán abreviados en atención a los escogidos. Entonces, si alguno os dijese: mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos Profetas, y obrarán grandes maravillas y prodigios, de modo que (si pudiera ser), caigan en error aún los escogidos. Ya estáis prevenidos. De modo que si os dijeren: Mirad que el Mesías está en el desierto, no salgáis; mirad que está en lo más escondido de la casa, no lo creáis. Porque, como el relámpago sale del Oriente y se deja ver hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde quiera que estuviese el cadáver, allí también se juntarán las águilas. Y luego, después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá; la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos se bambolearán, y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre: y entonces plañirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad(4). Y enviará sus Ángeles, que, a la voz de trompeta sonora, reunirán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde lo sumo de los cielos hasta su extremidad. Escuchad una comparación tomada de la higuera: cuando sus tallos estarán ya tiernos y las hojas han brotado, sabéis que está cerca el verano: pues del mismo modo, cuando vosotros viereis todo esto, sabed que el Hijo del hombre está cerca, a las puertas mismas. En verdad os digo, que no pasará esta generación sin que se sucedan todas estas cosas(5). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no fallarán(6).
Credo.


Antiphona ad Offertorium. Ps. 129, 1-2. De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi oratiónem meam: de profúndis clamávi ad te, Dómine.
Antífona del Ofertorio.
Desde el abismo clamé a Ti, Señor; Señor, oye mi oración; desde el abismo clamé a Ti, Señor.
Secreta
Propítius esto, Dómine, supplicatiónibus nostris: et, pópuli tui oblatiónibus precibúsque suscéptis, ómnium nostrum ad te corda convérte; ut, a terrénis cupiditátibus liberáti, ad caeléstia desidéria transeámus. Per Dóminum.
Secreta
Sé propicio, Señor, a nuestros ruegos, y aceptando las ofrendas y oraciones de tu pueblo, convierte a Ti los corazones de todos nosotros: para que, libres de los deseos terrenos, pasemos a desear las cosas celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.  

  


Prefacio de la Santísima Trinidad
Vere dignum et justum est,
aequum et salutáre, nos tibi
semper et ubíque grátias ágere:
Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo et Spíritu Sancto unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónae, sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua glória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto sine differéntia discretiónis sentímus. Ut in confessióne verae sempiternaéque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam laudant Ángeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes:
   Sanctus, Sanctus, Sanctus...
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todo lugar: Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a una voz:
Santo, Santo, Santo, etc.


Antiphona ad Communionem. Marc. 11, 24.  Amen dico vobis, quidquid orántes pétitis, crédite quia accipiétis, et fiet vobis.
Antífona de Comunión.
En verdad os digo que todo lo que pidiereis en la oración, creed que lo recibiréis, y os sucederá conforme a vuestro deseo.
Postcommunio
Concéde nobis, qusumus, Dómine: ut per haec sacraménta quae súmpsimus, quidquid in nostra mente vitiósum est, ipsórum medicatiónis dono curétur. Per Dóminum.
Postcomunión
Rogámoste, Señor, nos concedas que por la recepción de estos Sacramentos todo cuanto en nosotros hay de vicioso sea curado por el beneficio de su medicación. Por nuestro Señor Jesucristo. 

 
AQUÍ TERMINA EL AÑO LITÚRGICO, CUYA ÚLTIMA PARTE, LA MÁS LARGA DE TODAS,  HA ESTADO DEDICADA AL REINADO DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA, EN LAS ALMAS Y EN LA SOCIEDAD CRISTIANA. EL DOMINGO PRÓXIMO, 1º DE ADVIENTO, COMENZARÁ UN NUEVO AÑO CRISTIANO Y CON ÉL SE RENOVARÁN UNA VEZ MÁS: TODOS LOS MISTERIOS DE CRISTO, TODAS LAS GRANDEZAS DE MARÍA, TODAS LAS HEROICIDADES DE LOS SANTOS Y LOS EPISODIOS MÁS TRANSCENDENTALES DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, DESDE LA CREACIÓN DEL HOMBRE HASTA LA CAÍDA DE ÉSTE Y SU REDENCIÓN POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR, A QUIEN DADA SEA LA GLORIA, EL HONOR Y EL IMPERIO, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. ASÍ SEA. 

  • (1)  La Eucaristía es la obra de Dios por excelencia.
  • (2) En Sábado, porque la ley no permitía a los judíos caminar más de dos mil pasos.
  • (3) Fue tan terrible el asedio y toma de Jerusalén, que muchas madres llegaron a comerse a sus propios hijos; 1.100.000 judíos fueron pasados a cuchillo, 97.000 hebreos hechos prisioneros y duramente castigados, e innumerables condenados al suplicio de la cruz.
  • (4) Todos los hombres, justos y pecadores, quedarán consternados al aparecer la majestad de Cristo, porque ninguno se sentirá seguro de su inocencia.
  • (5) En efecto, muchos de los que vivían en tiempo de Jesús pudieron asistir a la ruina de Jerusalén, ocurrida poco tiempo después.
  • (6) Las palabras de Jesús son más inconmovibles y seguras que la misma máquina del mundo, que parece indestructible. ¡Qué ridículo es el hombre, cuando piensa que Jesús habla por hablar en su Evangelio!




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