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sábado, 22 de septiembre de 2012

La verdadera amistad, don precioso

 

cristoamigo

 

 

"Mucho cavilaron los viejos sabios de antaño, para averiguar cual era la causa por la que alguien ama a alguien como amigo.
Algunos pensaron que la amistad surge en la simpatía de almas que se sienten semejantes; otros dijeron que el hombre tiene por amigo a aquel que sabe distinto y complementario a sí, en armónica trabazón de diferencias.
Pero lo cierto es que el origen de la amistad nunca pudo ser encontrado por los paganos.
Y con razón, pues la causa por la que dos amigos llegan a serlo, no es desanudable y comprensible fuera de las líneas eternas que traza la Biblia.
Por un lado, porque la amistad no es, de ningún modo una elección, una selección, una preferencia de pensadas condiciones o características, donde yo tomo como amigo a quien es de una determinada manera.
Nos basta leer la Sagrada Escritura.
El amigo es alguien que me acontece, que me ocurre, que me pasa en la vida.
No lo elijo, adviene. Como David a Jonatán.
El amigo se ENCUENTRA, dice la Biblia: y se encuentra de la manera más inesperada y única, del modo fortuito con el que alguien puede encontrarse un tesoro: `el que lo encuentra, ha hallado un tesoro´. ( Eclo. 6,14.)
Todo esto quiere decir una sola cosa, y digámosla de una sola vez: el amigo es un don de Dios, un regalo `de arriba´, en el sentido más literal del término: `los que temen al Señor lo alcanzarán´. ( Eclo. 6,16.)
Un solo hombre sobre la tierra pudo elegir e ir al encuentro de los que amaba, para que fueran sus amigos.
Pero, en la mismísima humanidad de ese hombre, Jesús, se hacía manifiesta la soberanía toda del Dios vivo y verdadero: `no sois vosotros los que me elegísteis a mí, sino yo el que os elegí a vosotros´ (Jn. 15, 16). Es lo que dirá a sus discípulos al despedirse, precisamente luego de haberlos llamado sus amigos.
Jesús, este aldeano de Nazaret, tiene una idea de lo que es un amigo.
Para Él un amigo es, entre otras cosas seguras, aquel a quien se puede acudir confiadamente en pedido de lo que sea.
Esto es cosa que hasta le parece que debiera ser evidente para todo el mundo.
En una parábola lo deja transparentar; una parábola que es una pregunta apenas: `¿Quien de vosotros, si tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: `amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo que ofrecerle´, aquel desde adentro, le responderá: `no me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos?´. (Lc. 11, 5-7)
Es una pregunta de las que no esperan respuesta, porque todos la saben y sobreentienden: nadie, por más noche que sea, y acostado que esté, y molestias por atenderlo que tuviera por delante, le fallaría a su amigo. Para eso están los amigos..."

 

Fuente: Miguel Cruz, cf. Misterio de la amistad, Tucumán, 1986

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