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sábado, 7 de julio de 2012

La Iglesia platense, de fiesta por una “divina” coincidencia

 

 

Padre Carlos Alberto Mancuso

 

 

“El cristianismo se ha vuelto light, porque ha decaído aquella formación y educación sobre porqué y para qué somos cristianos, y eso ha llevado a un cristianismo acomodado al modus vivendi de hoy, materialista, hedonista”, dicen, pero enfatizan que “la Iglesia nunca será derrotada porque no la gobiernan los hombres, sino el Espíritu Santo”. Hablan sin medias tintas. Con convicción y autoridad. La autoridad que les da a los padres Carlos Alberto Mancuso y Cándido Vicente Montaña medio siglo de sacerdocio. Un medio siglo muy especial, marcado por un hecho sin antecedentes: el 8 de julio, junto a Miguel Lorenzo Grimaux -quien hoy vive en Córdoba-, se cumplirán 50 años del ordenamiento conjunto de estos tres sacerdotes que nacieron en La Plata, estudiaron en La Plata y ejercieron el ministerio en La Plata. Un orgullo para la Ciudad y una reserva inagotable de experiencia y solidez intelectual para católicos y no católicos.

Lo celebrarán en la Catedral, junto a familiares, amigos y el recuerdo de toda una vida dedicada “a la evangelización” desde aquel 8 de julio de 1962, rememoran los padres Carlos y Cándido.

Una charla sobre la Iglesia de hoy con el sacerdote Carlos Mancuso (78) y monseñor Cándido Montaña (77) puede llevar horas. Pero amenas, porque cada tema se vincula con sus propias y dilatadas experiencias.

¿Están en baja las vocaciones sacerdotales? Con una amabilidad y una tranquilidad que hoy son casi imposibles de hallar, el padre Carlos se remonta a su anécdota más preciada. “Yo hice la primaria en la Escuela 83 de Los Hornos, adonde concurrían chicos de institutos de minoridad. Había uno, Quevedo, que tenía la cara redonda como un queso y los compañeros lo cargaban. Un día le sacaron todos los libros de la cartera, y yo me llevé uno de Instrucción Religiosa. Lo leí una y otra vez, y fue así que empecé a tomar conciencia de Dios. Y nació mi vocación”. El padre Cándido lo mira atónito y espeta: “Cuando aparece la mano de Dios hay que dejarse llevar”.

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Carlos Mancuso ingresó al seminario menor a los 12 años. Luego pasó al mayor, donde “se estudiaban 3 años de Filosofía y 4 de Teología. Era una formación muy dura, fuerte, disciplinar”, la que ambos creen que ahora se ha tornado “más light”. “La vida se ha vuelto más seductora que antes para los jóvenes, le ofrece más posibilidades, culturales o no, que les llenan la imaginación con miles de cosas no acordes a la religión, sino al materialismo y al hedonismo”, opina, para sentenciar, vestido con una impecable sotana, que “yo doy gracias a Dios por ser cura; todo lo demás es inferior a lo que hice”.

Cándido nació en El Dique y fue al industrial Albert Thomas hasta 5° año. “No tuve influencia familiar. Mi madre sí era devota, pero cuando decidí entrar al seminario fue la que más trabas me puso”, ríe, como lo hace todo el tiempo. Así, locuaz y alegre, recuerda que “entre hora y hora le decía a mi celador, Oscar Ciarmella, ‘me voy y vengo’, e iba a comulgar a San Ponciano”. Pero si bien fue a los 16 años que exclamó “Quiero cambiar el mundo”, desde los 13 ayudaba en San Vicente de Paul a repartir alimentos. Eran los años de escasez de la década del ‘50.

“En unas elecciones, luego de Frondizi, me puse la sotana y la galera y me fui a votar a El Dique. En el micro encontré a Ciarmella. Me acerqué, lo miré, y cuando me preguntó quién era le respondí: por culpa suya yo soy cura”, cuenta el padre Montaña y lanza una carcajada.

Monseñor Montaña -”un título honorífico”, aclara- piensa que “la vocación es un misterio” y que “hay que verla desde arriba. No hay que olvidarse de que Dios siempre se manejó con minorías. El eligió a doce”, apunta, aunque no deja de insistir en la importancia de la formación en los seminarios, en los colegios, en la catequesis. “La nuestra era exigente. Hoy no existe esa matriz, y apenas si se habla de los mandamientos”, subraya.

No son pocos los que piensan que el celibato ha sido una barrera para que muchos se decidan por el sacerdocio. “La Iglesia ha funcionado 21 siglos así”, dice Cándido, aunque explica que “se impuso como una medida disciplinar, no bíblica, en tiempos difíciles para la Iglesia (cuando nació el protestantismo)” y que “siempre estuvo presente el debate”. “Es un tema latente”, acota Mancuso. Y coinciden en que “la autoridad eclesiástica tendrá que definirlo, pero hay que recordar que la Iglesia jamás ha obrado por presión”.

En ese contexto, ¿cómo se atrae a los jóvenes? El padre Cándido, quien tras pasar por la Rosa Mística trabajó 23 años en el seminario menor, enfatiza que el camino es “la autenticidad; hacen falta testimonios, modelos”. Carlos Mancuso acota que “entre mi vida y mi ideal no hay una fisura. Predico lo que vivo y vivo lo que predico”.

En este punto hay un tema que cae en la charla por su propio peso, como el de los escándalos en que se ha visto involucrada parte de la Iglesia. Cándido Montaña es tajante. “Frente al escándalo no hay opinión. Es escándalo y punto”.

Si se habla de jóvenes y de educación en valores religiosos, la profusión de colegios católicos, hoy entre los más elegidos, emerge como un capítulo aparte. El padre Carlos es capellán del Eucarístico, lugar al que llegó tras pasar por Chascomús y Dolores, por Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (’70-’76) y por la iglesia San José (’76-2009), y opina que “la mayoría de los padres busca que el chico esté bien formado para el mundo contemporáneo, pero no una formación espiritual. Ni siquiera saludan al cura”, deja caer.

“la iglesia va para adelante”

La charla tocaba a su fin. Y la sangría de feligreses hacia otras religiones, como el evangelismo, no podía estar ausente. “Los evangélicos han hecho una gran obra, mientras otros problemas del mundo ocupaban nuestra mente”, dicen. ¿Y qué han hecho? “Se han dedicado a lo suyo, a la Palabra de Dios, con un mensaje directo y con una profunda y rigurosa formación”, insisten los sacerdotes.

El futuro de la institución quedó para el cierre. No dudan a la hora de contestar. “La Iglesia va para adelante porque la gobierna el Espíritu Santo, ni siquiera el Papa. Y El no se va a equivocar, es cuestión de saber escucharlo, de prestarle mucha atención”, rematan.

El sábado 8 de julio de 1962 se ordenaron en la Catedral junto a Miguel Lorenzo Grimaux, el mayor, nacido en 1925 y de quien guardan “el mejor de los recuerdos”. Aquel día hubo varias huelgas simultáneas. No funcionaba el transporte y apenas contaban con electricidad, rememoran los religiosos.

En una semana celebrarán sus “Bodas de oro sacerdotales” a lo grande, en la misma -aunque remozada- Catedral. Tres platenses que hicieron el seminario en La Plata y ejercieron en la Ciudad, 50 años después siguen predicando.

 

Fuente: Diario El Día

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