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miércoles, 4 de julio de 2012

Henri de La Rochejaquelein

 

 

Henri de la Rochejaquelein al frente de las huestes reales y católicas

(por Pierre Narcisse Guérin).

 

"¡Amigos, si avanzo, seguidme; si retrocedo, matadme; si muero, vengadme!" (Henry de la Rochejaquelein).

 

Henri de La Rochejaquelein


Henri du Vergier, conde de la Rochejaquelein (30 de agosto de 1772 - 28 de enero de 1794) fue el general realista más joven del Ejército Católico y Real que combatió en la Guerra de Vandea. Nacido en el Château de la Durbellière, Saint Aubin de Baubigné, cerca de Châtillon, La Rochejaquelein combatió por primera vez como oficial de la Guardia constitucional del rey Luis XVI defendiendo el Palacio de las Tullerías en el ataque del 10 de agosto de 1792. Una vez regresado a su tierra natal, se opone a la leva masiva decretada a consecuencia del estallido de las Guerras Revolucionarias Francesas, y se une al levantamiento de su primo Louis-Marie Joseph Lescure en sus tierras de la región de Poitou. Poco después inician ambos los combates de abril de 1793 contra las tropas de la recién nacida República Francesa junto con Maurice-Louis-Joseph Gigot d'Elbée y el Marqués de Bonchamps. Allí pronunció su famosa frase: "Mes amis, si j'avance, suivez-moi! Si je recule, tuez-moi! Si je meurs, vengez-moi!" ("¡Amigos, si avanzo, seguidme; si retrocedo, matadme; si muero, vengadme!"). Liderando algunos miles de campesinos vendeanos, La Rochejaquelein obtuvo su primera victoria frente al Ejército Revolucionario Francés el 13 de abril. Participó en la toma de Bressuire el 13 de mayo, de Fontenay-le-Comte el 25 del mismo mes, y de Saumur el 9 de junio.
En agosto reagrupó al ejército vendeano en Luçon que estaba a punto de disolverse, y ganó la batalla de Chantonnay en septiembre. Tuvo que retirarse a través del Loira después de ser derrotado en Cholet, el 17 de octubre. La muerte de Henri de La Rochejaquelein, obra de Alexandre Bloch. El 20 de octubre, La Rochejaquelein es nombrado generalísimo del Ejército Católico y Real, sustituyendo a d'Elbée - que había quedado gravemente herido en Cholet. No obstante, su indudable valor no compensó su falta de experiencia y habilidades tácticas. Marchó a Granville, conquistó Avranches el 12 de noviembre, pero no logró tomar Granville y se retiró a Angers para cruzar el Loira.
François Séverin Marceau, Jean Baptiste Kléber y François Joseph Westermann lo persiguen, derrotándolo por primera vez en Le Mans el 12 de diciembre 12, y de nuevo, definitivamente, el 31 de diciembre en Savenay. Consiguió salvar el resto de su ejército cruzando el Loira, e intentó continuar una guerra de guerrillas contra los republicanos. Un soldado republicano le dará muerte cerca de Nuaillé. Su hermano Louis será el nuevo cabecilla de los realistas en Vendée en 1813 y favorecerá la causa realista en aquel lugar durante el periodo de los Cien Días. Cayó en combate en Pont-de-Mathis el 4 de junio de 1815.


El genocidio de la Vendée: cuando el pueblo se levantó contra la Revolución
En los libros de texto se dedican amplias páginas a la Revolución Francesa y la lucha contra el Antiguo Régimen. Sin embargo, detrás de las historias de revolucionarios y sans-culottes subyace una verdad que en vano han intentado ocultar los historiadores revolucionarios. Resulta que la señora guillotina no acaparó, ni por asomo, todo el terror que llevaba consigo la revolución en Francia. En la región de la Vendée (en el oeste de Francia) no estaban dispuestos a tolerar que la revolución, el laicismo y la masonería tomasen el país. Estaban en juego las libertades concretas, y el campesinado se alza una vez más frente a la intromisión estatal y en defensa de su religión. Era el año 1793, y los contrarrevolucionarios recibieron el apelativo de "Ejército del Sagrado Corazón". En esta situación, la respuesta de la Revolución es contundente: los mejores generales fueron enviados para exterminar a los rebeldes. El alzamiento del campesinado, apoyado por la nobleza local y el clero, es demasiado fuerte como para ser desdeñado. Los rebeldes combaten aprovechándose del conocimiento del terreno, su valor, y la fuerza del que no tiene nada que perder porque ya se lo han quitado todo. Por toda Francia empiezan a correr historias que hablan de las hazañas de los bravos realistas. Al frente de los sublevados encontramos nombres como Henri de la Rochejaquelein, Jacques Cathelineau, Louis d´Elbée y el marqués de Bonchamps. Todos ellos han pasado a la historia por capitanear a los campesinos que se opusieron a la revolución. Henri de La Rochejaquelein en la batalla de Cholet. Sin embargo, nuestros héroes no llegaron muy lejos. La bravura no pudo equilibrarse con la falta de formación y de recursos. La única solución que se encuentra desde el gobierno de París es el exterminio total. Uno a uno, todos los focos de conflicto fueron apagados. Siguiendo los más modernos (y viejos) métodos de tortura y asesinato miles de familias murieron ahogadas, quemadas o descuartizadas. No hubo perdón para los vencidos. La situación puede ser paradójica. ¿No defendía la Revolución la libertad? El caso de la Vendée es una prueba de que la revolución distó mucho de traer paz, prosperidad y libertad. La Revolución Francesa fue seguida por la sangre de muchos mártires. (1) Los libros no recogen habitualmente estos hechos, pero muchos no lo olvidamos. La Vendée tardó muchos años en volver a ser una región pujante. La muerte de 117.000 campesinos pasó factura, sin duda. Junto al campesinado vandeano, cayeron las últimas esperanzas para la Francia católica. La represión revolucionaria ha pasado a la historia como el primer genocidio de la Edad Contemporánea, un ensayo de la “solución final” de Hitler. La historiografía no ha dudado en calificarlo como un “populicidio”. Íñigo Pérez de Rada recoge en un artículo titulado “Bandera de la Vendée, 1793”, el testimonio del general revolucionario Westermann, que tomó parte activa en el genocidio: “¡La Vendée ya no existe, ciudadanos republicanos! Ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y en los bosques de Savenay. Ejecutando las órdenes que me habéis dado, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres, que así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar un sólo prisionero. Los he exterminado a todos” (2). El estremecedor testimonio del general nos ayuda a hacernos una idea de la magnitud del desastre. Tengámoslo en cuenta cuando oigamos hablar de la Revolución Francesa, y más aún cuando escuchemos repetir pomposamente el lema liberté, igualité, fraternité.

 

Notas:
1. En el año 1984 el Papa Juan Pablo II beatificó a 99 mártires de Angers. http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=412
Fuente:
http://siguiendoachesterton.blogspot.com.ar/2012/05/el-genocidio-de-la-vendee-cuando-el.html

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