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miércoles, 11 de julio de 2012

Card. Burke advierte sobre el abuso de las concelebraciones

 

 

 

Cork, Irlanda, 10 de julio de 2012 / 13:42 (CNA) –.

 

El cardenal Raymond L. Burke cree que el “excesivo” uso de la concelebración —la práctica de los sacerdotes que dicen misa colectivamente— puede resultar en que su papel único en la sagrada la liturgia sea oscurecido.


“No creo que debería haber un estímulo excesivo de la concelebración, porque la norma es que cada sacerdote individualmente ofrezca el santo sacrificio de la misa”, dijo el jefe del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica a CNA [Catholic News Agency] el 9 de julio.
“Si ello se repite demasiado frecuentemente, puede desarrollar dentro sí un sentido de ser otro [más] de los participantes, en lugar de ser realmente el sacerdote que ofrece la misa”.
Uno de los más altos prelados de la Iglesia Católica de Estados Unidos habló con CNA momentos después de dirigirse en una conferencia internacional litúrgica en la ciudad irlandesa de Cork. El evento de tres días, organizado por The St. Colman’s Society for Catholic Liturgy, exploró el tema de “Celebrar la Eucaristía: sacrificio y comunión”.
Al antiguo arzobispo de St. Louis [Missouri], le preocupó que, mientras que la acción del sacerdote es distinta, él “puede parecer estar participando en la Misa de la misma manera como [lo hace] la congregación” si concelebra demasiado. “Ese es el peligro que veo en la excesiva concelebración”, dijo.
Las palabras de aviso del cardenal, hacen eco a los comentarios hechos recientemente por el jefe de la Congregación vaticana para el Culto Divino, cardenal Antonio Cañizares. Él dijo en una reunión en la Universidad de la Santa Cruz de Roma el 5 de marzo que la “ampliación de la facultad para concelebrar necesita ser moderada, como podemos ver cuando leemos los textos del Concilio (Vaticano II)”.
El cardenal Cañizares explicó que la concelebración “es un rito extraordinario, solemne y público, normalmente presidido por el obispo o su delegado”, rodeado de sus sacerdotes y de toda la comunidad. Pero “las concelebraciones diarias de los sacerdotes solos, que se practican ‘privadamente’... no forman parte de la tradición litúrgica latina”, dijo.
En una amplia entrevista, el Cardenal Burke también expuso las razones por las que un sacerdote no debería, agregar a voluntad sus propias palabras y oraciones durante la misa, ya que “es el siervo del rito” y “no el protagonista, [que] es Cristo”.
“Por lo tanto, es absolutamente equivocado para el sacerdote pensar, ‘¿cómo puedo hacer esto más interesante?” O ‘¿cómo puedo hacer esto mejor?’”, Dijo.
También hizo notar con satisfacción cómo el Código de Derecho Canónico de 1917 —desde que fue sustituido por un nuevo código promulgado en 1983— explicitamente declaró que un sacerdote debe “observar exacta y devotamente las rúbricas de sus libros litúrgicos, tener cuidado para no agregar otras ceremonias u oraciones de acuerdo con su propio juicio”.
“¿Qué clase de pensamiento hay por nuestra parte para que yo crea que puedo hacer mejoras en la liturgia que se ha transmitido en la Iglesia por siglos?
Esto es absurdo”, dijo el cardenal Burke.
Del mismo modo, el cardenal elogió el Código de 1917 por su clara estipulación paraque un sacerdote en estado de pecado mortal, se abstuviera de celebrar la Misa “sin primero recurrir al uso de la confesión sacramental” o tan pronto como sea posible “en ausencia de un confesor”, cuando la misa sea “un caso de necesidad” y “haya hecho un acto de contrición perfecta”.
“Bueno, simplemente ese canon que estaba en el Código de 1917 fue eliminado, y creo que debe ser reintroducido, porque la idea de dignidad pertenece en un modo preeminente al sacerdote que ofrece el sacrificio”, dijo.
El [cardenal] de 64-años de edad, de Wisconsin, ahora reside en Roma, donde es un cercano colaborador del Papa Benedicto XVI. Al igual que el actual Pontífice, el cardenal Burke también cree que cualquier reforma de la sagrada liturgia “tiene que estar arraigada en la enseñanza del Concilio Ecuménico Vaticano II” y propiamente conectada con la tradición” de la Iglesia.
Eso significa evitar o eliminar varias innovaciones, incluyendo el uso regular de los “servicios de comunión” guiados por un laico o un religioso cada vez que una parroquia no tenga sacerdote que ofrezca la misa Dominical.
“No es bueno para la gente participar repetidamente en este tipo de servicios en un Domingo porque pierden el sentido de que el Santísimo Sacramento, la Santa Comunión, viene del sacrificio”, explicó.
Recordó sus primeros años como obispo cuando insistió que las parroquias restablecieran la misa semanal y le fue dicho por parte de algunos feligreses que preferían “la misa del diácono” o “la Misa de la hermana”.
La utilización excesiva de tales servicios, sugirió, también puede desalentar las vocaciones sacerdotales, así como la separación de la Eucaristía “de la vocación y de la misión del sacerdote, que es principalmente ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa”, significa que un hombre joven que es llamado al sacerdocio “ya no ve ante sus ojos la identidad de la vocación a la que está siendo llamado”. En respuesta, el número de vocaciones “cae en picada”.
El jefe de justicia de la Iglesia también cree que existe una correlación directa entre la “vacilación” en la aplicación de las penas canónicas en las últimas décadas y “los abusos y la violación de ley de la Iglesia” que se han producido en áreas litúrgicas.
Estas sanciones, explicó, son “en primer lugar, medicinales”, con el objetivo de “llamar la atención de una persona sobre la gravedad de lo que está haciendo y llamarla de regreso”.
“Las sanciones son necesarias”, dijo.
“Si en 20 siglos de vida de la Iglesia siempre hubo la necesidad de sanciones, ¿por qué en nuestro siglo de repente deberiamos pensar que no son necesarias?
Esto también es absurdo”.

 

Artículo de Catholic News Agency, Jul-10-2012

Traducción deSecretum Meum Mihi.

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