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viernes, 2 de marzo de 2012

Vaticano; el frente de oposición de los cardenales extranjeros contra Bertone

 

El Papa defiende al Secretario de Estado: tiene algunos defectos, pero se queda.

"Estos son los documentos que hay que ver y que presentar, de los cuales me impresiona la verdad histórica". El cardenal Tarcisio Bertone ostenta tranquilidad. Rodeado de los gendarmes vaticanos que lo escoltan a todas partes, nada más llegar a la exposición "Lux in Arcana" sobre los documentos del Archivo secreto Vaticano, responde de este modo a las preguntas de los periodistas que le interrogan sobre el clima envenenado por el «vatileaks». Pero aunque fuera –en la reciente entrevista concedida al TG 1, y en los numerosos compromisos públicos- el "primer ministro" del Vaticano aparece sereno, bien diverso es el clima que se respira en la otra orilla del Tiber donde sigue la caza al "topo" que ha hecho salir los documentos reservados que terminaron en manos los medios de comunicación: desde las cartas del exsecretario del Gobernatorado Carlo Maria Viganò  que denunciaban los episodios de corrupción en la gestión de las contratas en el Vaticano a las notas reservadas relacionadas con el IOR y con el debate interno sobre las normas antiblanqueo; desde la nota anónima sobre el presunto complot contra el Papa a la carta con la que el Secretario de Estado intimaba al cardenal Dionigi Tettamanzi para que dejara la presidencia del Instituto Toniolo -la "caja fuerte" de la Católica- para dejar espacio a Giovanni Maria Flick, partidario de Bertone.
Y sobre todo en los últimos días ha crecido el malestar perceptible en importantes episcopados de Europa y del mundo. Ya hace dos años, tras el caso de la revocación de la excomunión al obispo lefebvriano Richard Williamson, que negaba la existencia de las cámaras de gas, algunos cardenales italianos y europeos trataron de pedir al Papa que aceptara la dimisión de Bertone que en poco tiempo habría cumplido los 75 años. Un intento en este sentido fue realizado por los cardenales Camillo Ruini, Angelo Bagnasco, Angelo Scola y Christoph Schönborn durante un encuentro con Benedicto XVI en Castel Gandolfo. El Papa entonces cerró la discusión incluso antes de que iniciara, como había hecho anteriormente ante las críticas hacia Bertone que habían expresado otros purpurados como el arzobispo de Colonia Joachim Meisner.

Ratzinger conoce a Bertone desde hace muchos años, estuvo a su lado como número dos en la Congregación para la Doctrina de la Fe, aprecia su fidelidad, y era perfectamente consciente, cuando lo nombró en el 2006 sucesor del cardenal Angelo Sodano, de que la llegada de un purpurado que no fuera proveniente de la carrera diplomática habría provocado diversas sacudidas de asentamiento. Muchos colaboradores de confianza del Secretario de Estado interpretan lo que está sucediendo como un coletazo de la vieja guardia diplomática. Pero, a pesar de las intensas investigaciones puestas en manos de la gendarmería vaticana, hasta este momento el "topo" o los "topos" no han sido localizados. Y en las últimas semanas las sacudidas de asentamiento se están convirtiendo en un verdadero terremoto desestabilizador para toda la institución, que aparece atravesada, aun más, lacerada, por las luchas de poder.  Lo que se critica es el modo en el cual Bertone gestiona la Secretaria de Estado, el excesivo interés por los asuntos italianos -es suficiente pensar en el intento fracasado de escalada para la adquisición del San Raffaele- como el submundo de plenipotenciarios laicos, reales o presuntos, que actúan en su nombre y o usan su nombre.

Hace dos semanas, con ocasión del consistorio, el malestar de muchos cardenales extranjeros por la gestión de la curia salió a flote de manera clara en diversos diálogos cara a cara. Más de uno, incluso bajo la cúpula de San Pedro al terminar la ceremonia de creación de los nuevos purpurados, habló abiertamente de posibles candidatos al papado en un futuro cónclave. Un hecho inaudito. Diversos cardenales pidieron información sobre los "papables" y manifestaron amargura por la gestión italiana de la Secretaría de Estado..  Hasta este momento, Benedicto XVI sigue defendiendo a su primer colaborador ante los ataques y las críticas: "Tiene algunos defectos, como sus predecesores tenían otros", habría repetido, dejando entender que quiere tener a su lado a Bertone, que el próximo mes de diciembre cumplirá 78 años, todavía mucho tiempo. El Secretario de Estado, parece por lo tanto firme en su puesto de mando, y hay quien sostiene que está meditando clamorosos contragolpes, como el de un nuevo cambio en la cúpula del IOR.

Sin embargo, no hay que olvidar que la institución eclesiástica normalmente se cierra en torno a quien está en el punto de mira. A Ratzinger le gusta sopesar con atención las decisiones importantes, y a pesar del malestar y las críticas realizadas ya por diversos cardenales, no está efectivamente dicho que la dimisión que presentó Bertone hace dos años y medio vaya a ser aceptada en breve por Benedicto.

 

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Fuente: Vatican Insider

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