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sábado, 10 de marzo de 2012

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

tercer domingo de cuaresma

 

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

ESTACIÓN EN SAN LORENZO EXTRA MUROS

I Clase - Ornamentos morados

 

La Iglesia, en los oficios nocturnos, lee la historia del Patriarca José.
¡Qué modelo tan consumado de caridad y de pureza, de esas dos
excelsas virtudes cristianas harto más difíciles de practicar que ahora,
cuando tenemos de ellas tantos y tan preclaros ejemplos como nos han
dado los Santos del Antiguo y Nuevo Testamento y sobre todo Jesús,
divino modelo de predestinados! ¿Qué género de disculpa tendremos, los
cristianos, si, estando obligados a mayor perfección en virtud de nuestro
bautismo, nos quedamos tan atrás en el camino del propio vencimiento?
El cielo, que esperamos con fundadísima esperanza, lo tenemos figurado
en la promoción de José a los cargos más honrosos y elevados del Egipto,
después de haber sufrido mil géneros de penalidades en los años de cárcel,
que inocente sufrió con entera resignación.
Acicate poderoso para el cristiano, que en este mundo ha de vivir como
pobre desterrado, que suspira sin cesar por su patria. La ve allá lejos, pero
no le es dado visitarla tan pronto. ¿Quién hubiera jamás pensado que de la
envidia de los hermanos de José había Dios de sacar tan gran partido?
Pero, además, tenemos en el Patriarca José una de las figuras más
expresivas de Cristo y de su Iglesia. Jesús es, a no dudarlo, el perfecto
dechado de pureza virginal. Hoy precisamente nos le muestra el Evangelio
expulsando a un demonio impuro.
Esto mismo hace a diario la Iglesia en las almas de los bautizados por
medio de la predicación y de los santos Sacramentos. Hácelo sobre todo
en este santo tiempo de Cuaresma por medio de la Confesión y del
Bautismo. ¿Qué otra cosa si no, son los exorcismos, tan frecuentes en el
rito bautismal, en que llega el sacerdote hasta a imitar los gestos del
Salvador cuando arrojaba a los demonios de los cuerpos de los infelices
posesos? Antes del rito bautismal, dice el sacerdote, soplando sobre la cara
del infante: “Sal, espíritu inmundo, de este niño; y cede el lugar al Espíritu
Santo Consolador y no te atrevas a violar de nuevo esta morada”.
Insistiendo en la necesidad de la pureza, dícenos en la Epístola el
Apóstol que “la fornicación y toda impureza no deben ni mentarse entre
los cristianos, tanto es lo que desdice de la santidad de su vocación; sin
contar que ningún fornicario ni impúdico tendrá parte en la herencia del
cielo”.
Sabemos cuál es el arma adecuada contra la carne y sus bajas tendencias:

la que el Patriarca José empleó, es decir la fuga; la que emplearon y
aconsejan a una todos los Santos y Doctores, conociendo como conocen
las aviesas tendencias de nuestra decaída naturaleza.
También Jesús fue vendido como José, y entregado a sus perseguidores
por sus mismos hermanos, o sea por los Judíos, y hasta por uno de sus más
íntimos amigos.
“Una fiera pésima devoró” a Jesús y le dio muerte afrentosa de Cruz.
Mas por eso precisamente Dios le ensalzó después y dióle el mando de
todos los pueblos, hasta los últimos confines de la tierra. Entonces
devolvió Jesús bien por mal a los que quisieron aprovecharse del precio de
su sangre vertida en el madero de la Cruz por salvar a los hombres, a los
mismos verdugos que le atormentaban.
Asimismo, Jesús, en las fiestas pascuales, distribuirá entre sus fieles los
tesoros amontonados en sus graneros, al distribuir gratis el Pan celestial
por medio de sus sacerdotes. Precede una graciosa amnistía, sin más
condiciones que el arrepentimiento sincero, la humilde confesión y el
propósito firme de no volver a pecar.


El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

 

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