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domingo, 4 de marzo de 2012

«Presidencialismo» papal y cónclave ampliado

 

 

 

«El papado es débil», es necesario reforzarlo en sentido presidencialista, extendiendo la base electoral del cónclave también a los obispos y a los superiores de las órdenes religiosas. Es la propuesta realizada por el politólogo Ernesto Galli Della Loggia con un artículo publicado en el último número de "La Lettura", suplemento cultural de «Il Corriere de la Sera».

 

Galli della Loggia parte analizando los «rumores maliciosos», las «fugas de noticias más o menos pilotadas» y los «tejemanejes» poco edificantes que en los últimos tiempos están caracterizando a la curia romana: elementos que atestiguan «un áspero enfrentamiento en la dirección de la institución eclesiástica». Lucha «de poder» que termina por desacreditar a la Iglesia. Según el politólogo, el poder del Papa es sólo en apariencia absoluto, teniendo en realidad, incluso para los nombramientos, que tener en cuenta los «diversos grupos» y el «inevitable dominio sobre la carrera de los altos eclesiásticos del espíritu de afiliación y de congregación» además de los «personalismos exacerbados».

 

Ante todo esto, el politólogo cita las ganas de «democratización», también se ironiza sobre la «nunca mejor precisada "mayor colegialidad de las decisiones"», y sobre el «nunca mejor precisado "retorno al espíritu del Concilio"». Galli Della Loggia se pregunta si verdaderamente la respuesta hay que buscarla en la «dirección hacia la democracia», proponiendo en cambio una solución alternativa: «otro refuerzo del papel del Pontífice», permitiendo en cambio «algunas modificaciones en su designación, capaces de satisfacer por un lado las necesidades de mayor participación, y por otro, la exigencia de reducir los actuales fenómenos de rivalidad en la curia con fines de carrera».

 

Dado que los cardenales «constituyen una verdadera oligarquía, y el Papa es de hecho un cesar oligárquico», es necesario ampliar la base electoral, «extendiendo el derecho de electorado activo y pasivo del actual colegio cardenalicio al conjunto de los obispos de todo el mundo, al cual podrían añadirse (con el único derecho de electorado activo) los representantes de las diversas órdenes religiosas. Se trataría de una cifra total en torno a seis mil personas, es decir, de un número tan alto y sobre todo heterogéneo de personas que no habría posibilidad de "tongo"». Para Galli Della Loggia se podrían presentar las candidaturas al papado con un «cierto número de firmas de apoyo». La autoridad del Papa elegido de ese modo se vería reforzada.

 

La proposición del politólogo del «Corriere della Sera» sorprende por diversos motivos, y el último de ellos no es su notoria cercanía a una cierta corriente académica que se ha convertido en acreditada intérprete del pontificado de Ratzinger, a la cual pertenecen el director de «L' Osservatore Romano» Gian Maria Vian y la editorialista de punta del mismo diario, la historiadora Lucetta Scaraffia. Cierto, el planteamiento de Galli Della Loggia es un planteamiento de experto en politología: solo de este modo se justifica por ejemplo lo que puede parecer una equiparación entre «democratización» y «colegialidad».

 

Además hay resaltar que la idea de ampliar la base electoral del Pontífice no es nueva y fue ya propuesta de manera progresista tras el Concilio. Pablo VI discutió con los colaboradores sobre la posibilidad, pensando extender el derecho al voto en el cónclave también a los patriarcas orientales que no eran cardenales y a los presidentes de la conferencias episcopales. Entre los más infatigables opositores a la propuesta estuvo el cardenal Giuseppe Siri, arzobispo de Genova.Pero también Giuseppe Alberigo, el fundador de la Escuela de Bolonia, era contrario. «Ampliar la base electoral en ese sentido –explica a Vatican Insider el historiador Alberto Melloni- habría significado acentuar el centralismo del papado y desnaturalizar el ligamen con la sede episcopal romana. No es necesario olvidar, en cambio, que el Papa es Papa porque es obispo de Roma, no al contrario».

 

«Dejar a los cardenales el derecho a elegir al Papa, significa acentuar el carácter romano del papado. Aunque haya obispos de sedes residenciales en el mundo, los cardenales son electores del Pontífice porque son titulares de una iglesia de Roma. Dar el poder de voto a los obispos e incluso a los superiores de las órdenes religiosas significaría desnaturalizar esta característica esencial del papado, ligada a la sede episcopal romana». Para Melloni, el Papa podría decidir ampliar la base electoral de sus sucesores, pero queriéndolo hacer «los únicos que tendrían título para participar serían los sacerdotes i los fieles de la diócesis de Roma».

 

Fuente: Vatican Insider

1 comentario:

  1. Propuesta digna del apellido del politólogo...

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