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viernes, 2 de marzo de 2012

+ La apostasía moderna +

La contemporánea apostasía de la fe cristiana, en un mundo heredero de los valores espirituales y culturales de la Cristiandad, se ha debido a la suplantación de las verdades de la fe por la fuerza de un "mesianismo redentor secularizado". Es el deseo del hombre de salvarse a sí mismo, rechazando el don redentor de Cristo. Hasta tal punto es dañino este planteamiento, que ninguna de las herejías anteriores había podido borrar tan eficazmente de la ciencia social de Occidente la fe en el Evangelio, y el anhelo de la vida eterna en el gozo del Señor. Y ello es debido a que nada puede darse más opuesto a la fe católica que la auto-divinización y la adoración del hombre por sí mismo.

El proceso de este humanismo se desplegó en las diversas fases de la evolución de la "modernidad" a partir del Renacimiento. Así, Emmanuel Kant, cumbre del racionalismo ilustrado, dice: "El tránsito gradual de la fe eclesial (basada en dogmas) al dominio único de la fe religiosa (dentro de los límites de la razón) es el acercamiento del reino de Dios" (La religión dentro de los límites de la razón, 7). Como Kant, los grandes filósofos ilustrados han buscado un orden social nuevo, con fundamento en sus principios racionalistas y panteístas, una auto-redención inmanente y última que hará venir finalmente la paz social al mundo. Todos estos conceptos han sido tomados del cristianismo y subsumidos en una visión inmanente, secularista y antiteísta.
Cuanquier persona que imparcialmente estudie las obras de Spinoza, Rousseau, Kante, y Hegel, no se extraña nada de que, en la historia de la humanidad, el siglo XX haya sido en cierti sentido, la culminación de un proceso que, partiendo de la negación de la Iglesia, con Lutero, y siguiendo con la negación misma del hombre. En estas "grandes síntesis" filosóficas se encuentra una explicación coherente a la negación del orden natural por parte de los regímenes democráticos actuales, y también una explicación al fenómeno de la pérdida masiva de la fe en el occidente democrático actual.
Tomamos de las meditaciones que expuso al entonces Cardenal Karol Wojtyla, en los Ejercicios Espirituales que dirigió el Papa Pablo VI en la Cuaresma del año 1976, esta significativa reflexión: " He aquí un fragmento muy característico de la obra de (el filósofo) Feuerbach sobre la religión: "En lugar del amor de Dios debemos reconocer el amor del hombre como única religión auténtica; en lugar de la fe en Dios, dilatar la fe del hombre en sí mismo, en sus propias fuerzas, la fe de que el destino de la humanidad no depende de sí misma; que el único demonio del hombre es el propio hombre: el hombre primitivo, supersticioso, egoísta, maligno; y al mismo tiempo que el único dios del hombre es el hombre mismo." Podemos ahora preguntarnos si estamos ya en el tramos final de ese camino de la negación que se inició en torno al árbol de la ciencia del bien y del mal. Para nosotros, que conocemos toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ninguna etapa de este camino puede constituir una sorpresa. Aceptamos con temor, pero también con confianza, las palabras inspiradas del Apóstol: Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición..." (Karol Wojtyla, Signo de contradicción).
Los Papas del siglo XX han hablado con fuerza de esta inmensa tragedia del secularismo laicista. El Papa Pio XI, proclamó con coraje apostólico que, por el camino del "laicismo" o "secularismo", que separa la vida pública de la revelación cristiana y de la autoridad de la Iglesia, se llegaría "a la total ruina de la paz doméstica, al relajamiento de la unión y de la estabilidad de la familia, y finalmente, a la destrucción de la humana sociedad."
Tomado del "Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús, Amigos del Monumento al Corazón de Jesús

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