Archivos del blog

martes, 27 de marzo de 2012

El ayuno ante la razón

ayuno-01-0028010029

El ayuno no es sino la forma más usual y corriente de la mortificación cristiana en el comer y beber. ¿Qué es la mortificación? ¿Cuál es su importancia? ¿Es un mero capricho de la religión, inventado por ella para hacer triste la vida y privarnos de sus legítimos goces? Veámoslo.
Una lucha incesante y cruel, aunque sorda en la apariencia, existe entre los dos elementos que constituyen al hombre; el cuerpo tiende a establecer su predominio sobre el alma, el alma tiende a reivindicar para sí los derechos de superioridad que le corresponden sobre el cuerpo. Para conocer esta verdad no es necesario ser católico, ni aún cristiano, ni aún filósofo; basta tener sentido común y una dosis pequeña de observación propia. Este dualismo de aspiraciones de nuestro ser, la una hacia el bien y la otra hacia el mal, fue claramente conocido de la antigüedad pagana, y filósofos y poetas lo han consignado a cada paso en sus escritos. Sentado este principio, síguese de ahí, por natural consecuencia, que para mantener en equilibrio estos dos elementos discordes, para lograr que sea el alma la que dé la ley al cuerpo, y no éste a su legítima señora, hay que ejercer sobre aquél una presión constante, hay que tener encadenado a este siervo indómito que forcejea y se agita para hacer prevalecer a todo trance sus groseros instintos. Esto nos dicta la sola razón.
Pues bien: este es el fundamento de la mortificación cristiana, que tan mal comprenden ciertos entendimientos superficiales. Fundamento que llamaríamos eminentemente filosófico, si no temiésemos rebajarlo, con este dictado, de la sublime altura de dogma a que lo elevó la religión. Fundamento que bien puede oscurecerse o negarse con vanas declamaciones y sofismas, pero que cada uno es necesario experimente en sí mismo con más intensidad de lo que ciertamente quisiera.
La mortificación no es, pues, otra cosa que la sujeción del cuerpo a la ley del alma. Sujeción que no es mucho se reconozca indispensable para la vida espiritual, cuando los paganos la creyeron de absoluta necesidad aún para la sola vida científica. El “abstinuit venere et vino” (abstente del placer venéreo y del vino) de Horacio nos está diciendo que en este punto andaban más acordes con el espíritu del Cristianismo algunos gentiles que muchos de nuestros cristianos modernos. Sea para vergüenza nuestra este testimonio que debemos a la verdad.
Ahora estamos en el tiempo que la Iglesia dedica más especialmente a la práctica de la mortificación. Mirando las cosas bajo su verdadero punto de vista, hemos de confesar, aunque nos duela, que o somos muy necios o muy insensatos. Nos mortificamos para saber, nos mortificamos para ganar, nos mortificamos para subir a los honores, nos mortificamos para dar gusto al mundo, que al final se ríe de nosotros con la mayor desvergüenza; ¿por qué, pues, no hemos de mortificarnos para mejorar nuestra vida y salvar nuestra alma?

 

Pbro. Félix Sardá y Salvany, Propaganda Católica, Barcelona, 1873.

 

Fuente: http://arcadei.org

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario