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jueves, 1 de marzo de 2012

Anglicanos y católicos Ordinariato experiencia fructífera

 

Hace dos años, el Papa Benedicto XVI publicó la Exhortación Apostólica Anglicanorum coetibus, que permite a grupos de anglicanos a convertirse a la Iglesia Católica en conjunto y manteniendo su identidad anglicana. Hable con el obispo Keith Newton.

Hace más de dos años, el papa Benedicto XVI publicó la Constitución apostólica Anglicanorum Coetibus, que permite a los grupos de anglicanos convertirse colectivamente a la Iglesia católica manteniendo no obstante su identidad anglicana. La constitución preveía la creación de estructuras llamadas «Ordinariatos» para los anglicanos que regresaran a la Iglesia católica.

El primero de estos Ordinariatos se constituyó en enero pasado, en el Reino Unido. Un año después de su creación, alrededor de cien de sus miembros han venido a Roma por una semana para celebrar el aniversario. A la fecha, cincuenta y siete sacerdotes y tres diáconos se han unido al Ordinariato, junto con más de mil laicos. Otros doscientos fieles serán recibidos este año, mientras que veinte de los sacerdotes del Ordinariato aún están siendo formados.

Vatican Insider ha hablado con el ordinario, monseñor Keith Newton, un sacerdote anglicano casado y con tres hijos, para analizar esta experiencia sin precedentes en la relación entre Iglesias cristianas en Occidente. Monseñor Newton se reunió brevemente con el Papa en el contexto de la audiencia general en el Vaticano. Pero, «lamentablemente —agrega— , mi esposa no estuvo allí. Es maestra, por lo que se quedó toda la semana en Roma. Espera poder conocerlo algún día».

—Monseñor Newton, ¿cómo describiría este primer año del Ordinariato?

—Ha sido un año de desafíos, porque todo es nuevo. Hemos tenido que acostumbrarnos a muchos cambios, principalmente a los cambios de estar en una comunión diferente, pero también los desafíos de la vivienda y el dinero, que han sido molestos para algunos. Ahora ya nos estamos acomodando. Y, no obstante, todos eso se ha visto compensado por la alegría inmensa y la bienvenida que hemos recibido de mucha gente, y la alegría de que hemos logrado algo por lo que hemos orado durante varios años: la comunión con la Iglesia católica.

—Como líder del Ordinariato, usted se desempeña como un obispo y tiene un lugar en la Conferencia de Obispos de Inglaterra y Gales. ¿Cómo se siente eso? ¿Fue extraña la sensación de ser el único casado allí?

—Los demás obispos dan por sentado el hecho de que estoy casado. Un obispo me dijo que soy la primera persona casada en la Conferencia de Obispos. A lo que respondí que probablemente sea el primero en el mundo, ya que los obispos casados no existen siquiera en las Iglesias orientales que ordenan a hombres casados.

—¿Fue difícil la ruptura con la Iglesia anglicana?

—Fue más bien una ruptura consensuada. La semana pasada recibimos a un grupo en Durham, y el obispo diocesano anglicano vino a orar en su último servicio y estará presente cuando el grupo sea recibido por mí en la Iglesia católica.

Algunos obispos cooperan mucho. A todos se los invita a escribir referencias, y algunos de ellos lo han hecho muy dispuestos. Han visto que ese es realmente el paso correcto para muchos de nosotros. Otros han sido menos cooperativos.

—¿Qué formación reciben los sacerdotes del Ordinariato?

—La preparación para la ordenación como sacerdotes católicos en el Ordinariato es bastante rigurosa. La diferencia es simplemente que el momento de la ordenación llega en un lugar diferente: un período breve de aproximadamente tres meses de formación intensiva, y luego la ordenación. Después de eso, otros dos años de formación. Esto supone que todos esos sacerdotes cuentan con una base esencial de conocimiento bíblico, doctrina, etcétera.

—La Iglesia católica no reconoce los sacramentos anglicanos, y cada uno de los sacerdotes anglicanos que se une al Ordinariato debe ser ordenado nuevamente. ¿Cómo se sintió al ser re-ordenado? ¿Cómo lo hizo sentir con respecto a su vida como sacerdote anglicano?

—No nos han pedido que neguemos nada. En la mayoría de los servicios de ordenación, hay una oración por las «gracias que hemos recibido a través del ministerio anterior». Y, ciertamente, en mi ordenación, el arzobispo Nichols (de Westminster, N. del R.) en su homilía enfatizó el hecho de que tuvimos «ministerio». Hay una continuación del ministerio ordenado, pero ser ordenado sacerdote católico representa su compleción. Hay algo nuevo en el hecho de estar en comunión con la Santa Sede. Después de todo, la ordenación tiene que ver con el orden, y hemos sido puestos en el orden correcto con la Iglesia católica. No me resultó particularmente difícil, porque creo que estar en comunión con la Santa Sede es un regalo extraordinario. Nadie me pidió que dijera que este había sido un ministerio sin valor. No lo fue. La gracia de Dios opera en mucho modos.

—Pero la Iglesia católica no reconoce a las órdenes anglicanas…

—Es verdad. Pero el Concilio Vaticano II deja muy en claro que hay aspectos del Catolicismo dentro de otras denominaciones que son fuentes de gracia y que son «un impulso hacia la unidad».

—El cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dijo recientemente que el Ordinariato no es una cuestión de ecumenismo, sino una forma de conversión. ¿Está de acuerdo?

—Creo que es ambas. En cierto sentido, debe tener que ver con la conversión. Pero la conversión no es una palabra adecuada, porque todos necesitamos ser convertidos. El Ordinariato tiene que ver con ingresar a la plena comunión con la Iglesia católica, con la que antes solo estábamos en comunión parcial, y esto tiene que ver con una elección personal, una profesión personal de fe. Cada persona, cada sacerdote, debe hacer esta profesión personal de fe.

No obstante, creo que el Ordinariato también tiene que ver con el ecumenismo. Hoy en día, la gente habla del ecumenismo receptivo, de reconocer los dones dentro de cada uno y compartirlos. Uno puede hablar sobre el tema durante años, pero en la Constitución apostólica hay una expresión práctica de solucionarlo, de decir «aquí estamos, un grupo de cristianos que creen en las mismas cosas, pero que tienen tradiciones y modos de hacer las cosas un tanto diferentes, tal vez diferentes métodos pastorales».

Creo que también es importante que nosotros le contemos a la Iglesia católica nuestro recorrido. Pero es probable que aún sea demasiado pronto para que el Ordinariato sea visto en términos ecuménicos. Ha pasado solo un año. Monseñor Mark Langham (a cargo del diálogo católico con los anglicanos en el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, N. del R.) cree que el Ordinariato ayudará al ecumenismo a largo plazo. Espero que eso sea así, porque demuestra lo que el ecumenismo receptivo tal vez pueda hacer.

—¿Siente que es un «modelo» para lo que la Iglesia católica podría ser en el futuro; una Iglesia que es más consciente también en el mundo occidental de que es una unión de diferentes Iglesias?

—Creo que el Santo Padre tiene una visión, que es posible tener muchas tradiciones diferentes: mientras se tengan las mismas creencias doctrinales básicas, se pueden tener diferentes cosas que sean de naturaleza secundaria, como las vestiduras que se usan, el modo particular de celebrar la liturgia, todos están en comunión con todos y con la Santa Sede. Me parece que esa es la visión y que el Ordinariato es solo parte de ella. Es definitivamente posible, si todos respetan las doctrinas centrales y creen en ellas. Las propuestas a la FSSPX (tradicionalistas lefebvrianos, N del R.) también son parte de esto, si bien no estoy seguro de que ellos correspondan a esto.

—En el ecumenismo de hoy, ¿importan más las diferencias morales que las teológicas?

—No creo que se puedan dividir tan fácilmente. Las cuestiones morales son cuestiones teológicas en muchos modos. Hay cada vez más cosas que dividen a la Iglesia anglicana y a otros grupos de la Iglesia católica. La Iglesia católica, si bien no reconoce a las órdenes anglicanas, fue muy tajante al decir «no ordenéis a mujeres sacerdotes u obispos, porque esto creará otro obstáculo para la unidad». Luego apareció la cuestión de los matrimonios homosexuales, los obispos homosexuales, lo que opuso más obstáculos. Quienes estamos en la tradición católica creemos que uno no puede cambiar la interpretación del matrimonio, aunque en nuestro país haya un movimiento hacia el reconocimiento de las relaciones homosexuales como matrimonios.

—En el Ordinariato, será imposible ordenar a hombres casados como sacerdotes…

—No es del todo verdad. Dentro de la Constitución apostólica hay un maravilloso apartado que dice que «el ordinario podrá pedir una derogación» para ordenar a una persona que esté casada pero que no haya sido nunca un sacerdote anglicano, bajo los criterios particulares que han sido acordados con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Aún no lo hemos hecho, pero existe la posibilidad. No será utilizada muy a menudo, pero existe la posibilidad de que suceda. Hay una persona que nunca fue ordenada, pero que asistió a un colegio universitario teológico anglicano: creo que tiene una buena base para pedir la ordenación, ya que asistía al colegio universitario como parte de la preparación para la ordenación antes de que se publicara la Constitución apostólica.

—¿Y de aquí a diez años? ¿Qué sucederá en el futuro?

—La norma será que son sacerdotes los hombres célibes. Pero hay una posibilidad, aunque no sepamos cuáles puedan ser esos criterios. Es algo que debe ser resuelto con la congregación.

—La Iglesia anglicana ha tenido sacerdotes casados durante siglos. ¿Esto significa que parte de la tradición anglicana podría perderse en el Ordinariato?

—Es ciertamente verdad. Quién sabe cómo será recibido esto luego en la Iglesia, se lo dejamos al Espíritu Santo. No creo que nos corresponda a nosotros abogar por clérigos casados. Hay clérigos casados que ya están en la Iglesia católica; no anglicanos, hablo de los clérigos casados de rito oriental. Es un tema de disciplina, no de doctrina. Habiendo dicho esto, el celibato es un don importante para la Iglesia, y no quisiera negarlo. Pero, de igual modo, obviamente sé que es posible estar casado y ser un sacerdote.

—¿Cómo ha sido trabajar durante décadas junto a sacerdotes mujeres?

—No reconocí sus órdenes, pero las reconocí como hermanas cristianas, porque para todos la base es que somos todos bautizados: eso es lo más importante; uno trata a otros cristianos con respeto y con amabilidad. Pero también diría que eran trabajadoras en la viña, y lo que se podía hacer con ellas, se hacía. De hecho, cuando era sacerdote parroquial anglicano, en mi deanato, la mitad de los deanes eran mujeres. Era un deanato muy feliz, pero había cosas que ciertamente no hacía con ellas. No celebraba la Eucaristía, ni asistía cuando ellas estaban celebrando. Algunas de ellas eran muy buenas personas, solo creo que estaban equivocadas. Creo que el tema es la vocación real de las mujeres.

—¿A qué se refiere?

—En la Iglesia de Inglaterra (anglicana, N. del R.), hoy en día, la única vocación real para una mujer es la de ser sacerdote ordenado. Pero, en realidad, en los viejos tiempos, solía haber muchos lugares en los que las mujeres servían a la Iglesia, mientras que no se vea el sacerdocio como más importante que las otras formas de ministerio. En la Iglesia católica, las mujeres tienen un maravilloso ministerio en muchas maneras: en las parroquias, en la vida religiosa, en la catequesis, y creo que eso es algo que hay que fomentar.

—¿Cómo es la situación financiera del Ordinariato?

—El Ordinariato funciona bien, pero esto no significa que no haya desafíos financieros. Comenzamos con casi nada de dinero, por lo que la Iglesia católica en Inglaterra y Gales, y una o dos organizaciones de beneficencia nos dieron algo de dinero. Ahora, nuestros grupos están comenzado poco a poco a enviar dinero al centro. Pero los clérigos en formación cuestan mucho dinero; tenemos el centro con sus funciones administrativas, eso también cuesta dinero; tenemos algunos seminaristas, eso cuesta mucho dinero. Queremos formar a más gente en el futuro, y eso cuesta aún más dinero. Y también está la cuestión de las jubilaciones para los clérigos enfermos y jubilados, que son bastante costosas. Así es que necesitamos establecer nuestra base financiera, y eso llevará algún tiempo.

Esperábamos poder utilizar algunos edificios anglicanos, pero esto no ha sido posible hasta el momento, si bien las cosas podrían cambiar. La Iglesia de Inglaterra no quiere que lo hagamos, sienten que sería divisorio.

—¿Ha recibido muchas solicitudes de la Comunión Anglicana Tradicional (TAC), que ya se ha separado de la Iglesia anglicana en el pasado?

—Alrededor de veinte sacerdotes que enviaron su solicitud el año pasado. Recientemente, hemos recibido una respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y a cinco de ellos se les ha concedido el nulla osta. Ahora estamos en proceso de discernir sobre su vocación de ser sacerdotes católicos. Contar con el nulla osta no garantiza la ordenación. La mayoría, sin embargo, no lo ha recibido por varias razones: algunos de ellos no tienen ningún fiel laico, algunos tienen matrimonios irregulares, algunos tienen muy poca formación, y algunos fueron ordenados después de un curso muy breve.

Estos sacerdotes de la TAC no cuentan con esa base, por lo que algo a tener en cuenta es que —incluso para esos sacerdotes de TAC que van a ingresar al Ordinariato— la ordenación llegará al final del proceso, no al comienzo.

 

ALESSANDRO SPECIALE
ROMA

 

Fuente: http://vaticaninsider.lastampa.it

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