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miércoles, 8 de febrero de 2012

Víctima de abusos sexuales alaba ejemplar escucha del Papa

Así lo refiere AciPrensa:

ROMA, 07 Feb. 12 / 06:42 pm (ACI/EWTN Noticias).- Una irlandesa víctima de abuso sexual en su juventud por parte de un sacerdote dijo que el Papa Benedicto XVI es un modelo de cómo escuchar a los afectados en este delicado asunto.

En el simposio titulado "Hacia la sanación y la renovación" que se realiza en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Marie Collins dijo hoy que "escuchar a las víctimas es una de las cosas más importantes, y fue algo que tal vez no se ha hecho mucho. El Papa nos está dando un ejemplo de cómo se hace eso".

Collins tiene 65 años de edad y fue víctima del abuso mientras era paciente del hospital de niños de Dublin. En declaraciones a la prensa señaló que le ha impresionado las numerosas ocasiones en las que el Santo Padre se ha reunido con otras víctimas de abusos sexuales.

"Los obispos deben seguir su ejemplo y liderazgo para escuchar más a las víctimas y lo que tienen que decir", afirmó.

Desde que fue elegido para la Sede de Pedro en abril de 2005, Benedicto XVIse ha encontrado con víctimas de abusos sexuales en sus visitas pastorales a Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia y Malta. En este último encuentro lloró al escuchar a una de las víctimas.

El simposio de 4 días ha reunido a representantes de 110 conferencias episcopales y más de 30 órdenes religiosas.

Esta mañana los delegados escucharon a Collins en una presentación compartida con la baronesa Sheila Hollins, una profesora de psiquiatría en la escuela de medicina St. George de la Universidad de Londres, quien también calificó el encuentro del Papa con las víctimas como "increíblemente importantes".

"Creo que estaba formando a los obispos en esos lugares: ‘así es como te debes sentar y escuchar a las víctimas’, y creo que fue muy, pero muy importante. Que haya tenido la entereza de sentarse y escuchar lo que decían las personas. Los respeto enormemente por hacer eso", dijo Hollins.

Marie Collins dijo además que "no hay duda sobre el hecho de que este simposio contribuirá muy positivamente a escribir las guías sobre este tema porque esto es un recurso muy valioso para los que están tomando parte".
En los últimos años Collins se ha convertido en una activista conocida en Irlanda por la protección de los niños y la justicia para las víctimas de los abusos sexuales por parte de algunos sacerdotes.

Sobre su testimonio en el simposio que no le fue "fácil de dar", la irlandesa indicó que "por eso mismo me dije que tenía que hacerlo y estoy muy contenta por haberlo hecho. Y la respuesta que recibí fue muy buena".

Ante los problemas que genera el abuso como la depression, la baronesa Hollins indicó a su turno que "escuchar a las víctimas es algo que debe seguir, particularmente en el caso de que el abuso haya sucedido hace mucho tiempo" y si además no ha podido contar su historia antes.
Marie Collins dijo también que pese a todo, no ha perdido "la fe en Dios" y que "me aferro con uñas y dientes a mi fe católica".


El diario secular "La Nación" amplia la información:

Delante de los representantes de 110 conferencias episcopales de todo el mundo y de los superiores de 30 órdenes religiosas, una mujer irlandesa de 65 años, llamada Marie Collins, contó este martes lo que un sacerdote le hizo cuando tenía 13 años y estaba enferma y sola en la cama de un hospital. Si todavía eso no conmovió al auditorio -los participantes en un simposio organizado por el Vaticano para afrontar los abusos a menores-, tal vez sí lo hiciera el relato del calvario vivido a continuación, la manera en que la Iglesia protegió al pastor, trasladándole a ella el peso de la culpa, convirtiéndola de por vida en un ser marcado: "Han pasado 50 años y no lo puedo olvidar. Aquellas visitas nocturnas a mi habitación cambiaron mi vida".

La señora Collins, ante un auditorio repleto de obispos, bajó hasta el infierno de su adolescencia para luego ir subiendo trabajosamente por los peldaños de una vida rota.

No solo, como se encargó de subrayar, por aquel cura joven que por la noche posaba sus manos en su sexo y por la mañana alzaba el cuerpo de Cristo, sino por una Iglesia que durante décadas protegió al criminal y criminalizó a la víctima. "Yo estaba en la etapa más vulnerable de la vida", empezó su relato, "acababa de cumplir 13 años y era una niña enferma en la cama de un hospital. Estaba lejos de mi familia. Y me sentí más segura cuando un capellán católico vino a visitarme y a leer en la noche conmigo. Él ya era un abusador de niños, pero yo no lo sabía. Yo pensaba que un sacerdote era el representante de Dios en la Tierra y de forma automática debía tener mi confianza y mi respeto. Cuando él empezó a tocarme y a tomar fotografías de las partes más íntimas de mi cuerpo, yo me resistí. Pero me dijo que él era un sacerdote, que no podía actuar mal y que yo era estúpida si pensaba lo contrario. Pero aquello provocó una gran confusión en mi mente: los dedos que abusaban de mí cuerpo en la noche eran los mismos que me ofrecían la sagrada hostia a la mañana siguiente".

Los clérigos, alrededor de 200, que atendían en silencio el relato de Marie Collins tal vez pensaron en ese momento que ya habían escuchado la parte más dramática. Nada más lejos de la realidad. La mujer les hizo ver enseguida -allí, en el centro de Roma, en la sede de la Pontificia Universidad Gregoriana- las consecuencias dramáticas que provocó aquel cura despreciable. "Cuando salí del hospital ya no era la niña confiada, despreocupada y feliz. No me volví en contra de la religión, sino de mí. Pasé mi adolescencia sola para que no descubrieran que estaba sucia". A los 17 años, Marie Collins entró en la primera de sus frecuentes depresiones y tuvo que ser tratada en un hospital. A los 29 años, pese a todo, conoció a "un hombre maravilloso", se casó y tuvo un hijo, pero aquel trauma de los 13 años la seguía persiguiendo. Hasta bien cumplidos los 40 años no se atrevió a acudir a un doctor y contarle su pasado de abusos. El médico le aconsejó que denunciara el caso ante la Iglesia. La señora Collins se lo intentó contar a un sacerdote, pero este no solo no quiso escuchar el nombre del pedófilo, sino que la agredió aún más: "Me dijo que lo que había sucedido era probablemente mi culpa. Aquella respuesta me rompió. Hizo que resurgieran en mí los viejos sentimientos de culpa y de vergüenza".


 
Collins rompió el silencio en Roma, donde participa de un simposio sobre los abusos en la Iglesia. Foto: AFP 
Marie Collins -de depresión en depresión, de hospital en hospital- guardó silencio 10 años más. Solo se atrevió a hablar de nuevo de su caso cuando vio que los periódicos empezaban a sacar a la luz otras historias. "Le escribí al obispo y ahí empezaron los dos años más duros de mi vida. El sacerdote que me había atacado estaba protegido por sus superiores y a pesar de mi denuncia siguió durante meses preparando a niños para la confirmación. Volvieron a atacarme, me dijeron que yo estaba contra la Iglesia, que el caso era viejo, que no sería bueno empañar la reputación del sacerdote.".

La señora Collins logró finalmente que su verdugo fuese llevado ante la justicia, admitiese su culpa y entrara en prisión. "Solo entonces", y lo dijo bien claro ante los representantes de una Iglesia que hasta ahora ha mirado para otro lado, "empezó a cambiar mi vida. Ahora ya no está en ruinas. Tiene sentido y valor".

Aunque el Papa parece dispuesto a luchar contra los abusos, son muchas décadas de silencio y complicidad por parte del Vaticano para albergar demasiadas esperanzas. Sin embargo, el paso es muy importante. Los más altos representantes de la Iglesia convocaron a una de sus víctimas para que les contara en directo el sufrimiento de una vida entera. Y la señora Collins les dijo fuerte y claro que los curas pederastas siguen encontrando cobijo en las sacristías: "Son hombres que pueden cometer abusos durante toda su vida, dejando tras de sí un reguero de vidas rotas". El que tenga oídos, que oiga.


Publicamos esto porque pocos medios seculares se han hecho eco de esta noticia, que muestra la voluntad del Santo Padre para que estos deplorables hechos nunca vuelvan a repetirse.

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