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lunes, 27 de febrero de 2012

La Penitencia como virtud y como Sacramento

 

 

 

La palabra penitencia significa arrepentimiento, expiación y designa ora una virtud, ora un sacramento.


1º virtud de la penitencia: La penitencia es una virtud sobrenatural que lleva al pecador a detestar sus pecados y a castigarse a sí propio para reparar la injuria hecha a Dios.


El acto interno de esta virtud se llama contrición; los actos externos son las penas corporales que el penitente se inflige en satisfacción por los pecados cometidos.
Comprende, pues, esta virtud: 1º, el odio y la detestación de los pecados; 2º, el firme propósito de una vida mejor; 3º, la expiación de las culpas pasadas.
La penitencia es necesaria con necesidad de medio para obtener el perdón de los pecados. Jesucristo dijo: “Si no hacéis penitencia, todos pereceréis”. (Lc 13, 5)


¿En que difiere la virtud de la penitencia del sacramento?


a) La virtud de la penitencia ha sido necesaria en todos los tiempos para obtener el perdón de los pecados; el sacramento no es necesario sino después de su institución por Nuestro Señor Jesucristo, y no produce su efecto sino respecto de los pecados cometidos después del bautismo.
b) La virtud de la penitencia no es más que una parte del sacramento, que comprende, además, la confesión del penitente y la absolución del sacerdote.
c) La virtud de la penitencia puede existir sin el sacramento, pero el sacramento no puede existir sin la virtud de la penitencia.


2º Sacramento de la Penitencia: La Penitencia es un sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo para perdonar los pecados cometidos después del bautismo.
Necesidad de este sacramento: El sacramento de la Penitencia es absolutamente necesario a aquellos que han cometido un pecado mortal después del bautismo. En caso de necesidad puede ser suplido por la contrición perfecta, unida al deseo de recibirlo.


Efectos del sacramento de la penitencia:


a) Borra todos los pecados cometidos después del Bautismo, por numerosos y enormes que sean;
b) Perdona la pena eterna y una parte más o menos grande de la pena temporal, según las disposiciones con que se le recibe;
c) Produce la gracia santificante o la aumenta;
d) Hace revivir las virtudes infusas y los méritos perdidos;
e) Nos da gracias sacramentales para fortalecernos contra las recaídas, perseverar en el bien y practicar las virtudes cristianas;
f) Da la paz a la conciencia y, a veces, un gran consuelo.
Lo primero que se necesita para obtener el perdón es la contrición, que es el dolor de haber ofendido a Dios y una detestación de los pecados cometidos, junto con el firme propósito de no volver a cometerlos.


¿Qué hay que hacer para tener la contrición? Hay que:


1) Pedirla a Dios con oraciones fervorosas;
2) Pensar en el cielo que nuestros pecados nos han hecho perder y en el infierno que nos han merecido;
3) Considerar que nuestros pecados son la causa de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo;
4) Pensar, finalmente, que con nuestros pecados hemos ultrajado a un Dios infinitamente bueno e infinitamente digno de nuestro amor. Un hijo bien nacido se arrepiente de haber disgustado a su padre; así debemos nosotros arrepentirnos de haber causado pena a nuestro Padre Celestial.


Señales de una verdadera contrición: 1º, cambiar de vida; 2º, corregirse de sus faltas; 3º, evitar las ocasiones de ofender a Dios; 4º, trabajar en destruir los malos hábitos; 5º, poner los medios necesarios para vivir cristianamente.
Para concluir, diremos, que es sumamente útil hacer un acto de contrición todas las noches antes de acostarse, para estar prontos a comparecer ante Dios.

 

Fuente: A. Hillaire, La Religión demostrada

Visto en: http://arcadei.org/blog/

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