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martes, 21 de febrero de 2012

La Dalmática y la Tunicela

 

Dalmatica1

 

La dalmática, que a principios del siglo III se había ya convertido en la vestimenta de las personas más honorables, se nos presenta por vez primera como vestidura sacra en un fresco del siglo III de las catacumbas de Priscila que representa la consagración de una virgen llevada a cabo por un obispo (quizá el Papa mismo) revestido de dalmática y pénula. En el siglo IV el Liber Pontificalis la nombra como un distintivo honorífico concedido a los diáconos romanos por el Papa San Silvestre (314-355) para distinguirlos entre el clero con motivo de las especiales relaciones que estos tenían con el Papa. La noticia se encuentra confirmada por el autor de las Quaestionum ex Vet. Testamento (a. 370) el cual, no sin una pizca de ironía, escribe: Hodie diaconi dalmaticis induuntur sicut episcopi (Hoy en día los diáconos se revisten de dalmática como los obispos). Esto prueba que la Iglesia Romana consideraba el uso de la dalmática como suyo propio, y que sólo el Papa podía conferir. De hecho, el Papa Símaco (498-514) lo concede a los diáconos de Arles, San Gregorio Magno al obispo y a los diáconos de Gap, Esteban II en el año 757 concede a Futrado, abad de San Dionisio, el privilegio de ser asistido en la misa por seis diáconos revestidos de dalmática. Pero, con la expansión de la liturgia romana en la Galia en la época carolingia, la dalmática adquiere un uso común, aunque los papas continuasen a concederla como privilegio. Estrabón (+849) atestigua que en su tiempo la llevaban no sólo los obispos y los diáconos, sino también los presbíteros debajo de la casulla.

La dalmática conservó substancialmente hasta nuestros días la forma primitiva, aunque a partir del siglo XI se recortó un poco y hacia el siglo XII se empezó a abrir por los lados, primero con dos cortes verticales simples o en forma de V, hasta casi llegar a los brazos. En el siglo XVI se abrieron las mangas, cerrando con cintas las mismas.

Las antiguas dalmáticas eran ordinariamente de lana o lino. El I Ordo Rom

Recuerda la dalmática de lino endosada por el Papa en la sacristía. Más tarde fueron usadas preferentemente las de seda. El color se mantuvo blanco durante mucho tiempo, quizá hasta el siglo XI. Blanca es la dalmática que endosa el diácono en una miniatura del Tropario de Prüm. Hugo de San Victor (+1141) es el primero a hacer mención de una dalmática episcopal de color jacinto. Pero sobre el fondo claro de la vestidura, conforme a la antigua moda profana, se usó desde el inicio el aplicar dos tiras de color púrpura, que a manera de listones bajaban en paralelo por la parte posterior y anterior todo lo largo de la dalmática, extendiéndose también por las mangas. Rábano Mauro la describe así. Las tiras rojas, testimoniadas aún por Inocencio III, desaparecieron cuando la dalmática compartió los colores de la casulla, aunque fueron substituidas con tiras bordadas y, después del siglo XV, con otras bandas horizontales aplicadas en número oscilante. Las borlas que se cuelgan por detrás de los hombros, no derivan de las bandas color púrpura de antaño, sino que probablemente son un desarrollo ornamental de las ataduras con que se cerraba la abertura de la cabeza.

 

La tunicela ( subtile, stricta ) actual vestidura litúrgica del subdiácono y uno de los indumentos pontificales del obispo, es una imitación de la dalmática. Como vestidura episcopal es recordada en los siglos VII-VIII: es la dalmática minor de la que se hace mención al describir los ornamentos con que el Papa se reviste antes de la misa. Es difícil precisar cuando los subdiáconos empiezan a usarla. Probablemente fue hacia el siglo IX, siendo lógico su uso, vista la importancia que iban adquiriendo los subdiáconos y que la llevaban como vestidura ordinaria para el servicio litúrgico cuando el subdiaconado era considerado como una orden menor. Es muy probable que acaeciese en la Galia. En cuanto a la forma, sufrió las mismas vicisitudes que la dalmática. Fue progresivamente recortada y abierta por los flancos, hasta convertirse en casi igual a la dalmática, tal como sucede hoy en día. En España es tradicional su uso por acólitos y demás servidores litúrgicos, especialmente en las procesiones y funciones solemnes.

 

La dalmática y la tunicela, en razón del color blanco primitivo, fueron consideradas vestiduras de alegría, por lo cual eran depuestas en los días de penitencia, substituyéndolas por planetas plegadas ( pianetae plicatae).


Dom Gregori Maria

 

Fuente: InfoCatólica

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