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viernes, 20 de enero de 2012

+ Consejos para el sacerdote +


El sacerdote ha te conducirse en la celebración de la Misa con la reverencia debida a tan grande sacrificio. Veamos, pues, en qué consiste esta reverencia. Consiste en primer lugar en prestar toda la atención a las apalabras de la Misa y luego, en observar exactamente las ceremonias prescriptas por las rúbricas.
2- Observancia de las rúbricas y cómo hay que observarlas a todas
Por lo que hace al cumplimiento de las ceremonias prescritas por las rúbricas en al celebración de la Misa, San Pío V, en la bula colocada al principio del misal, ordena ‘formalmente y en virtud de santa obediencia que se celebre la Misa según el rito del misal, observando las ceremonias, el rito y cada una de las reglas allí formalmente trazadas’.
Razón tiene, por tanto, el P. Suárez en decir que no se puede excusar de pecado venial la omisión de cualquier ceremonia prescrita por las rúbricas, como una bendición, una genuflexión, una inclinación y otras ceremonias semejantes. Benedicto XIII lo declaró expresamente en el Concilio Romano.
Leemos con motivo de la celebración de la Misa: ‘Los sacerdotes no pueden, sin pecado, omitir o cambiar aún la más pequeñita de la rúbricas’.Es igualmente pecado despachar las ceremonias precipitadamente, como sostiene La Croix, de acuerdo con Paqualigi, o hacerlas a medias, como dice el P. Concilia hablando de aquellos sacerdotes que al arrodillarse no fijan la rodilla en la tierra, o que en vez de besar al altar hacen sólo ademán de besarlo, o que hacen imperfectamente la cruz, contraviniendo la rúbricas que preceptúan estas delicadezas.
Desempeñar mal las ceremonias prescritas equivale a omitirlas, según aquel axioma del derecho: ‘Hacer mal las ceremonias equivale a omitirlas’.
Tomado de "La Misa atropellada", San Alfonso María de Ligorio

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