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lunes, 28 de noviembre de 2011

«Más control de los textos firmados por el Papa»

Una circular reservada recuerda a todos los dicasterios de la Curia Romana que no puede ser divulgado nada que no haya sido revisado por la Secretaría de Estado.

Los cardenales y obispos de la Curia Romana que dirigen los dicasterios romanos han recibido una circular que les recuerda el procedimiento a seguir para la publicación de textos pontificios: nada que lleve la firma del Papa puede ser divulgado si antes no ha pasado la revisión de la Secretaría de Estado de Benedicto XVI.

El documento reservado ha sido dado a conocer por www.chiesa.espressoonline.it, la página web de la que se ocupa Sandro Magister, que hace algunos días reveló su existencia, relacionando la circular con la contrariedad que probablemente ha provocado dentro del Vaticano el documento del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz dedicado a la crisis financiera: en ese texto se solicitaba la institución de una autoridad mundial para regular las transacciones financieras. La hipótesis de que la vuelta de tuerca se refiriera al documento del Pontificio Consejo -firmado por el cardenal Presidente Peter Kodwo Appiah Turkson y por el obispo Secretaro Mario Toso- fue seriamente puesta en duda por el vaticanista americano del «Catholic News Service» John Thavis.

Como reconoce correctametne tambien Magister, la circular no se refiere a ese documento (que sin embargo ha hecho discutir dentro de la Santa Sede), sino sólo a los textos, mensajes y documentos que son publicados con la firma del Papa. La circular fue enviada por el arzobispo Angelo Maria Becciu, Sustituto de la Secretaria de Estado, y afirma que «en el caso de publicación de un documento firmado por el Santo Padre» este «tiene que ser enviado, con una antelación razonable respecto a la fecha de divulgación, en versión original y sus eventuales traducciones, en papel y en soporte electrónico, a la Secretaría de Estado, la cual, tras revisar atentamente su contenido, se encargará de la distribución del mismo a los medios de comunicación social de la Santa Sede".

Un procedimiento, sigue diciendo la circular, que "tiene como fin principal la defensa de la integridad del magisterio de San Pedro, que podría verse perjudicada por la circulación de textos que no han sido todavía revisados y han sido divulgados indebidamente antes del vencimiento de plazo de embargo de su publicación». La obligación de someter a la Secretaría de Estado (un organismo que en la reforma realizada por Pablo VI tendría que desempeñar la función de «cabina de dirección» de la curia y que a lo largo de los años ha asumido cada vez mas poderes y competencias respecto a las congregaciones) no se refiere pues a textos suscritos por los responsables de los dicasterios de la curia. Se refiere únicamente a los textos de mensajes preparados en nombre del Papa por los diferentes organismos vaticanos.

¿Qué ha provocado entonces la actuación de Monseñor Becciu, que ha actuado por iniciativa del cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone tras la cumbre celebrada el 4 de noviembre? ¿Por qué recordar la "normativa en vigor" a toda la Curia Romana? Lo que ha dado origen a la circular, como ha revelado la «Catholic News Service» los pasados días, según parece fue un descuido que se manifestó el 20 de octubre, cuando la agencia online de la Santa Sede «Vatican Information Service» (VIS), publicó el texto del mensaje de Benedicto XVI con ocasión de la 98° Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado cinco días antes de la fecha establecida para su publicación y presentación en la Oficina de Prensa del Vaticano.

Los obstáculos en el camino en la era de la información global y del Web están a la orden del día. Pero no cabe duda en que de nuevo, la publicación anticipada en una página web relacionada con la Santa Sede y los refunfuños internos a causa de un documento de un Pontificio Consejo, denotan al otro lado del Tiber la persistencia de problemas de gobierno o por lo menos de coordinación.

Seguramente la necesidad de una vuelta de tuerca en el control de los textos es uno de los síntomas del crecimiento exponencial de la elaboración de documentos, discursos, mensajes, intervenciones que se ha manifestado durante los últimos cuarenta años. Han crecido muchísimo las intervenciones del Papa, pero también los dicasterios han incrementado sus textos, sus instrucciones y como no, sus intervenciones. «El Verbo se hizo papel» y «Papelorum progressio», son los dos chistes con los que se ironiza a propósito de este aumento. Una cantidad de palabras que difícilmente consigue llegar a los fieles y ni siquiera al clero y que algunas veces puede parecer motivada por el querer certificar la utilidad de la existencia en vida de ciertos organismos del Vaticano: para dar muestra de que existen, tienen que elaborar documentos.

Más de una vez se ha hablado de la necesidad de una reforma de la Curia Romana que aligere sus filas y la  simplifique, dando quizás sólo la prioridad a los mensajes papales. Como también se ha dejado oír más de una voz que invita a una mayor moderación en la producción de textos. En 1995 el escritor Vittorio Messori llegó a pedir un «año sabático de silencio» contra la marea de textos clericales (es decir, vaticanos y de la Conferencia Episcopal). "Si alguno tuviera paciencia para leer todo lo que se publica -dijo Messori- no serían suficientes 24 horas al día, esta "documentitis" provoca efectos negativos porque aumenta la confusión: lo que falta en materia de fe es precisamente la claridad. Y los supervivientes católicos tienen la impresión de que la fe sea un asunto muy complicado».

Y precisamente Benedicto XVI en el vuelo que le llevaba a Benín corroboró que la fe es un «mensaje simple, profundo, comprensible» y es «importante que el cristianismo no se muestre como un sistema difícil». Los colaboradores del Papa en la Curia Romana, tomando en serio estas palabras de Ratzinger quizás escriban un poco menos.

 

ANDREA TORNIELLI

CIUDAD DEL VATICANO

Fuente: Vatican Insider

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