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viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Estamos haciendo las cosas bien?





El siguiente artículo ha venido circulando hace un par de días. No tiene nada que ver con liturgia y los temas que habitualmente tocamos en este blog, pero es un tema que nos acucia a los católicos argentinos. Primero el artículo y luego mi reflexión sobre él:


Pongamos un dedo en la cara del enemigo...


 Lo que digo a continuación no va en cuestionamiento de las intenciones de nadie, sino más bien como una contribución a sostener una lucha desproporcionada ante las fuerzas del Maligno encarnadas en la sociedad actual.

La manifestación contra el aborto que se realizó el 1° de Noviembre, Fiesta de Todos los Santos ante el edificio Anexo del Congreso Nacional es una muestra más de la impotencia de las personas de buena voluntad para actuar contra el mal encarnado en la sociedad actual. Poca convocatoria, consignas insulsas, ardiente deseo de parecer “no confrontativos”, y por sobre todo, una consigna que ya es demasiado conocida: no plantear el tema desde una perspectiva “religiosa”.

Allí radica el problema.

Si no confesamos nuestra Fe, Dios no va a bendecir estos esfuerzos.


 -Bueno, lo que pasa es que Ud. no entiende. No podemos plantear el problema como algo religioso, porque así espantamos a la gente. Tenemos que presentarlo como un tema de “derechos humanos”, -por que es un tema de derechos humanos también- y buscar un amplio consenso público.

 Escucho este argumento desde hace años y desde hace años veo el fracaso de la lucha por las buenas costumbres. Siempre es la misma historia: dar el grito en un lado y poner el huevo en otro. Ejemplos al canto:

*No decir que somos católicos
*No decir que es un pecado contra la Ley de Dios
*No dar protagonismo a los religiosos: tiene que ser una cosa de los “laicos”.
*No rezar en público ni repetir consignas que nos identifiquen como personas religiosas.
*Plantear la discusión en el “campo de ellos”: los derechos, las estadísticas, los casos de mujeres traumatizadas…

Bien, este es el camino equivocado.

*HAY que movilizar en nombre de la Iglesia Católica.
*HAY que proclamar a cuatro vientos que el atorto viola la Ley de Dios.
*HAY que dar protagonismo al clero, obispos a la cabeza.
*HAY que rezar públicamente para dar un testimonio público de Fe.
*HAY que sacar la pelea del terreno de ellos. Los derechos humanos son la cosa más retorcida que hoy se ventila en los medios, tanto como las estadísticas, y si traemos testimonios de 10 mujeres traumatizadas, ellos traerán 100 veces más, reales o falsos, porque tienen planta, “know how” y no les interesa mentir o decir la verdad, les interesa ganar.

 -Bien, estoy de acuerdo teóricamente, pero dígame donde consigo no ya una docena como en España sino apenas un obispo que quiera ir a la cabeza…

HAY que “apretar” a los obispos para que pongan la cara y se pongan como referentes de la pelea. Si nadie quiere ir, que asuma su lugar un sacerdote. Si nadie quiere ir… Un laico que hable en nombre de un clero mudo. Si no hay nadie o no se pueden poner de acuerdo en esto… mejor no hagan nada. O más bien, reúnanse para rezar el Rosario pidiendo a la Santísima Virgen nos libre de la peste del aborto.

 - Es un desperdicio no aprovechar el conocimiento de tantos laicos en temas como derecho, biología, estadísticas reales…

 De acuerdo, pero en el ámbito correspondiente: donde se hable a personas con capacidad de decisión y/o voluntad de escuchar. No como consignas de manifestación pública frente a fanáticos. La gente percibe una falta de fuerza, es decir, una debilidad notable en la argumentación que debe tener una manifestación: las consignas claras, y la decisión de ir a la confrontación por los medios que sea. Sin esto, no hay manifestación que sirva para nada, sobre todo si no reúne una masa crítica de personas. Las manifestaciones, como la autoridad, deben ser temidas… si nadie les teme, no sirven para nada. Aprendan de los piqueteros, muchachos.

 -Si hay tumulto salimos en los diarios como provocadores.

 Yo digo, si no hay tumulto, ni número, ni consignas, ni nada… no salimos en ningún lado. Se ríen de nosotros…

 Realmente debo confesar que he aconsejado a quienes me lo han preguntado, no volver a participar de estas manifestaciones, ni yo pienso volver a promocionarlas. Lo digo con dolor, porque ya viví esta historia muchas veces y particularmente viví el penoso desperdicio de oportunidades con ocasión de la ley de “matrimonio” de homosexuales. Por no ir contra los esfuerzos realizados por una buena causa, uno termina apoyando cualquier cosa.

 Pues bien, apoyando cualquier cosa no llegamos a nada. Me quedo en casa rezando el rosario u organizo el rezo del rosario en alguna iglesia (si no me echan) con un grupo de amigos.

 Honestamente, para hacer lo que se hizo ayer [NOTA: Por el martes primero de noviembre], convoquen al rezo del Rosario. Nos va a ir mejor. Y si es posible, hagamos las dos cosas, recemos el Rosario y pongámosle un dedo en la cara al enemigo.


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No podemos seguir negando a Cristo. Él es Rey y debe reinar. 

¿Cómo es esto? NO nos damos cuenta -o no queremos darnos cuenta- de que no estamos luchando contra fuerzas humanas: en la sociedad hay actuando fuerzas demoníacas muy fuertes. Y contra el demonio NO PODEMOS. Es así de fácil. Somos humanos, de naturaleza inferior, somos inferiores en fuerzas, inteligencia, etc. NO podemos contra el demonio.

Como dice el libro de Job sobre el Leviatán: "Non est potestas super terram quae comparetur ei." (Job. 41, 24) "No hay poder sobre la tierra que se le compare".  

¡Y nosotros pretendemos compararnos, y encima hacerle frente al demonio con nuestras solas fuerzas humanas! Eso o es soberbia o es estupidez. Estamos dejándonos enganar por el demonio, entrando en el juego de él, que nos hace creer que somos capaces de vencerle sin la gracia, sin seguir a la Virgen como Generala Nuestra.

Si Dios está en contra del aborto -lo sabemos por la fe- ¿POR QUÉ NO BUSCAMOS "GANÁRNOSLO" PARA QUE LUCHE A NUESTRO LADO? ¿POR QUÉ NOSOTROS MISMOS LO ECHAMOS NEGÁNDOLO? Si somos así, ¡más vale que vamos a perder! ¡Y bien merecido lo tenemos! Ya que por tanta soberbia de parte de los mismos católicos nos corresponde ser humillados por los malvados. 

CONFÍEMOS en Dios. ¡¡Si la gracia es omnipotente!! El poder de la gracia es infinitamente más fuerte que nuestra debilidad y que el poder del demonio. 

¿Creen que Nuestra Señora va a permitir que se diga que un pueblo la invocó humilde y confiadamente y no fue escuchado y socorrido?

¡Por supuesto que no! ¡Miremos Lepanto! Y tantos otros momentos donde los cristianos estuvieron en peligro, pero invocaron confiadamente a Nuestra Señora, SIN VERGÜENZA, SIN MIEDO, SABIENDO QUE ERA EL CAMINO CORRECTO, y vencieron con la fuerza de Dios. ¿Acaso los españoles tenían vergüenza de su fe cuando luchaban contra los moros infieles? ¿Tenían vergüenza de Cristo y de Su Santísima Madre? ¡NO! ELLOS LUCHABAN EN NOMBRE DE CRISTO Y DE SU MADRE.

¿QUÉ NOS PASA ENTONCES A NOSOTROS? ¿POR QUÉ NEGAMOS A CRISTO? ¿ESTAMOS A CASO LOCOS, NEGANDO Y ECHANDO AL ÚNICO QUE NOS PUEDE HACER VENCER? Pobre pueblo este, que no cree verdaderamente en Dios, y que MERECE ser humillado por los enemigos de Dios, de la Iglesia y de la Patria.

Si tenemos vergüenza de Ella, de su realeza, y de la realeza de Su Bendito Hijo... ¡BIEN MERECIDO TENEMOS SE APLASTADOS COMO GUSANOS DE LA TIERRA!


Acá un Salmo que creo que expresa bien todo esto, en especial la primera parte:


Salmo 44 (43)
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO DESPUÉS DE UN DESASTRE NACIONAL


1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema. 


Evocación de la obra de Dios


2 Señor, nuestros padres nos contaron,
y por eso llegó a nuestros oídos,
la obra que hiciste antiguamente,
3 con tu propia mano, cuando ellos vivían.
Tú expulsaste a las naciones
para plantarlos a ellos;
y para hacerlos crecer,
destruiste a los pueblos.

4 No ocuparon la tierra con su espada
ni su brazo les obtuvo la victoria:
fue tu mano derecha y tu brazo,
fue la luz de tu rostro, porque los amabas.

5 Eras tú, mi Rey y mi Dios,
el que decidía las victorias de Jacob:
6 con tu auxilio embestimos al enemigo
y en tu Nombre aplastamos al agresor.

7 Porque yo no confiaba en mi arco
ni mi espada me dio la victoria:
8 tú nos salvaste de nuestros enemigos
y confundiste a nuestros adversarios.

9 El Señor ha sido siempre nuestro orgullo:
damos gracias a tu Nombre eternamente.

Queja por la actitud desconcertante de Dios

10 Pero ahora nos rechazaste y humillaste:
dejaste de salir con nuestro ejército,
11 nos hiciste retroceder ante el enemigo
y nuestros adversarios nos saquearon.

12 Nos entregaste como ovejas al matadero
y nos dispersaste entre las naciones;
13 vendiste a tu pueblo por nada,
no sacaste gran provecho de su venta.

14 Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos,
a la risa y al escarnio de los que nos rodean;
15 hiciste proverbial nuestra desgracia
y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo.

16 Mi oprobio está siempre ante mí
y mi rostro se cubre de vergüenza,
17 por los gritos de desprecio y los insultos,
por el enemigo sediento de venganza. 



Confesión de inocencia


18 ¡Y todo esto nos ha sobrevenido
sin que nos hayamos olvidado de ti,
sin que hayamos traicionado tu alianza!

19 Nuestro corazón no se volvió atrás
ni nuestros pasos se desviaron de tu senda,
20 como para que nos aplastaras
en un lugar desierto
y nos cubrieras de tinieblas.

21 Si hubiéramos olvidado el nombre
de nuestro Dios
y recurrido a un dios extraño,
22 el Señor lo habría advertido,
porque él conoce los secretos más profundos.



Súplica por la restauración del Pueblo


23 Por tu causa nos dan muerte sin cesar
y nos tratan como a ovejas que van al matadero.

24 ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Levántate, no nos rechaces para siempre!

25 ¿Por qué ocultas tu rostro
y te olvidas de nuestra desgracia y opresión?

26 Estamos hundidos en el polvo,
nuestro cuerpo está pegado a la tierra.

27 ¡Levántate, ven a socorrernos;
líbranos por tu misericordia!

¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA MARÍA REINA! ¡VIVA EL PAPA! ¡VIVA LA PATRIA!



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