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domingo, 27 de noviembre de 2011

Don Gabriele Amorth, famoso exorcista, denunció que algunas prácticas orientales, aparentemente inofensivas, en realidad son peligrosas. También acusa la saga del “maguito” Potter

 

Yoga en Nueva York

GIACOMO GALEAZZI
ROMA

 

El diablo habla “new age”. «El yoga es obra del diablo», sostiene el sacerdote paulino don Gabriele Amorth, fundador y presidente honorífico de la asociación mundial de los exorcistas. Harry Potter, el ídolo literatio y cinematográfico de tantos niños y grandes, es «testimonio» de la magia. La ciencia, en cambio, «no es capaz de inventar ni un pepino». En la séptima edición del festival de cine de Umbria “Pueblos y Religiones”, don Amorth denunció que «incluso las prácticas orientales, aparentemente inofensivas, como el yoga son peligrosas».

De hecho, «piensas que lo haces para relajarte, pero lleva al “hinduismo”, puesto que todas las falsas religiones orientales se basan en la falsa creencia de la reencarnación». También corren este riesgo los lectores de la saga de “Harry Potter”: libros, indica el jefe de los exorcistas, «que también se venden en las librerías católicas», a pesar de que «promuevan la magia». Y añade: «Se piensa que es un inofensivo texto para chicos, pero lleva a la magia, por lo tanto, lleva al mal», porque, «también en Harry Potter el demonio ha actuado de forma oculta y lista, bajo forma de poderes extraordinarios, magias, maldiciones». Además, «Satanás siempre está escondido y lo que más desea es que no se crea en su existencia». Así que: “vade retro, yoga”. Y lo mismo, según el religioso, para el “maguito” más famoso del planeta. Amorth es autor de muchos libros traducidos a 28 lenguas y ha llevado a cabo alrededor de 70 mil exorcismos desde que, en 1986, se le nombró como exorcista de la diócesis de Roma. El Maligno «estudia a cada uno de nosotros y nuestras tendencias al bien y al mal, y luego suscita tentaciones».

La ciencia, en cambio, «no es capaz de inventar ni un pepino, porque el científico es solo el descubridor de algo que Dios creó». Los jóvenes, por otra parte, corren muchísimo peligro: «Cuidado con las discotecas, en las que, en la mayor parte de los casos, el recorrido es casi obligatorio: el alcohol, el sexo, la droga, la secta satánica». La réplica de los directamente acusados fue inmediata. «¿Secta satánica el yoga? Es una acusación que, hay que decirlo, no tiene ni pies ni cabeza...», reponde a las teorías del exorcista de la diócesis de Roma la fundadora de la Federación Mediterránea de Yoga, Vanda Vanni, y directora de esta asociación que cuenta con escuelas de yoga en 40 ciudades de Italia.

«Una teoría, si se pretende llamarla así, que  carece completamente de fundamento. Diría, más bien, que habría que definirla como una gigantesca tontería. El yoga –recuerda Vanni– no es una religión ni una práctica espiritual». El yoga, subraya, «enseña y se basa en la libertad, es una búsqueda interior, un recorrido de conocimiento que no toca el ámbito de lo metafísico ni de las sensibilidades religiosas o espirituales; como tal, como libertad absoluta, el yoga no puede tener nada que ver con las prácticas o las sectas satánicas, ni hacer que quien lo practica se acerque a ellas».

También Giorgio Furlan, que fundó hace más de 40 años la Academia de Yoga de Roma, con sedes en Boloña y Florencia, responde: «Hay diferentes senderos en el yoga, alguno de ellos puede conducir a las teorías del hinduismo; otros de ellos son más filosóficos o conceptuales; pero no hay ningún vínculo directo ni con la religión ni con la antireligión, mucho menos con el satanismo».

Según Furlan, «quien afirme estas cosas tan solo demuestra una cosa: que no conoce el yoga y que ofrece juicios completamente superficiales. Es más –confiesa Furlan– la práctica del yoga, el control de las pulsiones violentas del sistema nervioso y del inconsciente, tuvo el efecto de acercarme de nuevo al cristianismo y, en particular, al catolicismo, del que me había alejado en mi juventud». Y confirma Franca Sacchi, fundadora de la Escuela de Yoga de Milán, con sede también en Turín: «La nuestra no es una religión, sino una ciencia, que se basa en seis mil años de experimentación en diferentes niveles, obviamente. La conexión con el hinduismo puede ser posible, pero no obligatoria; basta pensar que incluso los benedictinos tienen escuelas de yoga, tanto en Italia como en India... Al no creer en la existencia de Satanás, no sé cómo podríamos contribuir a la difusión del satanismo».

 

Fuente: Vatican Insider

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