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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Benedicto XVI sobre el salmo 119 (118)




BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles 9 de noviembre de 2011


Salmo 119 (118)


Queridos hermanos y hermanas

Hoy nos centramos en el Salmo 118, el más largo, construido de manera acróstica, comenzando cada estrofa con una de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Está centrado en la Ley de Dios, la Torá, que es don de gracia, orientación de vida, enseñanza, de la cual el salmista da gracias a Dios y sobre la cual medita con gozo.

Quien camina sobre sus preceptos es llamado «beato». Así es llamada la Virgen María en el Evangelio, por haber creído y seguido la voluntad de Señor (cf. Lc1,45), y también todos los que observan la ley divina (Lc 11,28). El Salmo despliega todo un vocabulario del bien que representa para el hombre la Ley de Dios, hasta el punto de declarar que ella es «la parte», la única heredad para el fiel, más que tierras u otras propiedades. Así se interpretó para la tribu del Levi, y así también en el nuevo Pueblo de Dios para quien se entrega incondicionalmente a Cristo y se abandona enteramente a Él. De este modo, el escuchar, meditar, acoger y cumplir la ley del Señor, es la seguridad y el gozo de vivir nuestra existencia terrena. Como dice el Salmo, de verdad «lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (v. 105).

* * *

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de peregrinos de Segovia, con su Obispo, Monseñor Ángel Rubio Castro, así como los demás grupos venidos de España, Argentina, México y otros países latinoamericanos. En Ecuador comienza hoy el Congreso Nacional de las Familias. Saludo desde aquí a los participantes y pido a todos una oración para que también las familias escuchen al Señor y cumplan su designio salvador. Muchas gracias.

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