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lunes, 14 de noviembre de 2011

Abrir el corazón a su amor

 


“Hemos contemplado su gloria” (Jn 1,14)


La gloria de Jesús es su amor gratuito y cercano. ¡Quién más amigo de dar si tuviese a quién! Contemplar a Jesús es abrir el corazón y acoger su amor. Ponte hoy ante el sagrario y “mira que te mira” el Amor.
Te hablaré de lo mío,
Me hablarás de lo tuyo.
Tus cosas serán las mías.
Sé que tú cuidarás de las mías.
Lo sé, Señor.


Jn 1,1-18: La Palabra de Dios se hizo Hombre


Con la experiencia de haber estado en intimidad con Jesús, Juan comienza su evangelio abordando en forma clara y decisiva el tema fundamental de nuestra existencia como seres humanos y como cristianos: somos “hijos de Dios”; hijos del Creador de todo lo que existe, de lo conocido y por conocer, lo que nos pone por encima de toda otra realidad creada. Esta verdad nos tiene que mover al agradecimiento para corresponderle a Dios Padre, con igual amor, ese amor que nos manifestó a tal punto que nos envió a su Unigénito para que todo aquél que crea en él tenga vida eterna.
Esta realidad fundamenta nuestra dignidad: somos hijos de Dios. De ahí que si negamos a Dios nos estamos “autoeliminando” al prescindir del fundamento de nuestro valor. Sucede lo mismo cuando no reconocemos en los demás a un hijo de Dios, porque toda persona tiene en sí el derecho a ser reconocida como tal. ¿Estamos conscientes de esta realidad? ¿Actuamos de acuerdo a tan maravillosa verdad?
Otra enseñanza fundamental que nos deja el evangelio de hoy es que Cristo es realmente el Hombre-Dios. El Salvador anunciado por los profetas y por Juan el Bautista es precisamente Jesucristo, y llegó para anunciarnos que todos somos hermanos.

 

Autor: Padre Felipe Santos Campaña SDB

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