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viernes, 21 de octubre de 2011

Mons. Adriano Bernardini será nombrado Nuncio Apostólico de Italia

En breve, el anuncio del nombramiento del actual nuncio en Argentina como nuevo representante de la Santa Sede en Italia

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO5773_105495061198_703451198_2546804_6078410_n

 

Dentro de pocos días se dará a conocer el nombre del nuevo nuncio apostólico en Italia. La elección de Benedicto XVI fue el actual embajador de la Santa Sede en Argentina, el arzobispo Adriano Bernardini.

Nació hace 69 años en Pian di Meleto, en las Marcas italianas; fue ordenado sacerdote en 1968 y nombrado cardenal en la diócesis de Roma; desempeñó los cargos de nuncio en Bangladesh, de la dirección de las representaciones diplomáticas en Madagascar, Mauritius y Seyschelles, y de nuncio en Thailandia. En 2003 fue nombrado embajador vaticano en Argentina.

En febrero de este año, durante una misa que él mismo ofició durante la fiesta de la Catedral de Dan Pedro, Bernardini pronunció una homilía sobre los ataques en contra de Benedicto XVI que provenían del interior de la Iglesia y que fue traducida y publicada en diferentes sitios web.

«Asistimos hoy –dijo entonces– a un ensañamiento muy especial contra la Iglesia Católica en general y el Santo Padre en particular. ¿Por qué todo esto? ¿Cuál es el motivo principal? Lo podemos enunciar en pocas palabras: ¡Es la Verdad que nos da el Mensaje de Cristo! Cuando esta Verdad no se opone a las fuerzas del mal todo va bien. En cambio, cuanto presenta la mínima oposición, surge una lucha que se hace calumnia, odio e incluso persecución contra la Iglesia y más específicamente contra la persona del Santo Padre».

El nuncio había propuesto algunos ejemplos. «Los años inmediatamente subsiguientes al Vaticano II transcurren en una euforia general para la Iglesia y en consecuencia para el Papa. Pero es suficiente la publicación de la Humanae Vitae, con la que el Santo Padre confirma la doctrina tradicional, en base a la cual el acto conyugal y el aspecto procreativo no pueden ser lícitamente separados, que estallan las críticas mas feroces contra Pablo VI, que hasta aquel momento había agradado al mundo. Sus simpatías por Jacque Maritain y por el humanismo integral habían abierto las esperanzas de los ambientes modernistas internos a la Iglesia y al progresismo político y mundano». 

«Lo mismo –continuaba– se repite más veces en el largo pontificado de Juan Pablo II. Cuando es elegido, las élites culturales occidentales están fascinadas por la lectura marxista de la realidad. Juan Pablo II no se adapta a este embarazoso conformismo cultural y traba con el comunismo un duelo muy duro, que lo lleva sin más a ser un blanco físico de un oscuro proyecto homicida. Lo mismo le sucederá siempre a Juan Pablo II con respecto a la Bioética, sobre todo con la publicación de la Evangelium Vitae del 1995, un compendio sólido y sin detracciones sobre las principales cuestiones de la vida y de la muerte».

Ahora, según Bernardelli, «el blanco se ha vuelto sobre Benedicto XVI. Ya marcado con desprecio en los años precedentes como “guardián de la fe”, apenas elegido, acogido de inmediato por los comentaristas de todo el mundo con una mezcla de sentimientos, que iban de la rabia al miedo, al verdadero y propio temor».

«Una cosa es cierta –dijo el nuncio–: El Papa Benedicto imprimió a su pontificado el sello de continuidad con la tradición milenaria de la Iglesia y sobre todo de purificación. Sí, porque a la inseguridad de la fe siempre le sigue la ofuscación de la moral. En realidad, si queremos ser sinceros, debemos reconocer que año tras año ha aumentado, entre teólogos y religiosos, hermanas y obispos, el grupo de cuantos están convencidos que la pertenencia a la Iglesia no comporta el conocimiento y la adhesión a una doctrina objetiva. Se ha afirmado un catolicismo “á la carte”, en el cual cada uno elige la porción que prefiere y rechaza el plato que considera indigesto».

Prácticamente, según el análisis del diplomático de la Santa Sede, se trata de «un catolicismo dominado por la confusión de los roles, con sacerdotes que no se aplican con empeño a la celebración de la Misa y a las confesiones de los penitentes, prefiriendo hacer otra cosa. Y con laicos y mujeres que buscan sustraer un poco por vez, el lugar al sacerdote para ganarse un cuarto de hora de celebridad parroquial, leyendo la oración de los fieles o distribuyendo la comunión».

Para Bernardini, el Papa habría sido «abandonado por los opositores a la Verdad, pero sobre todo de ciertos sacerdotes y religiosos, no sólo Obispos, pero no de los fieles. Así el clero está atravesando una cierta crisis, en el episcopado prevalece un bajo perfil, no obstante los fieles de Cristo están aún con todo su entusiasmo».

Palabras que pueden dar a entender la postura del arzobispo cuando se trata de favorecer nombramientos de alto nivel y decididamente ratzingerianos en Italia. Al contrario de lo que se podría pensar, el nuncio apostólico en Italia siemre acaba teniendo un poder inferior al que ejercen los diplomáticos vaticanos en otros países. A pesar del gran prestigio del cargo, la cercanía a la Santa Sede y el papel de la Conferencia episcopal tienen un peso a menudo determinante en los procesos para designar a los nuevos obispos.

 

Bernardini, que llega a la sede italiana para coronar su carrera diplomática, es descrito como un hombre tranquilo y reservado. Se prevé que podría tomar posesión en la histórica sede de vía Po en Roma –fue donada al Vaticano por un hebreo como agrdecimiento por todo lo que la Santa Sede hizo para ayudar a los israelíes durante los años de la persecución nazi– después de que pase un mes del anuncio oficial del nombramiento. La concesión del acuerdo necesario por parte del gobierno italiano tendría que llegar en un muy breve periodo de tiempo.

Un primer nombramiento que involucraría al nuevo nuncio en Italia sería el del patriarca de Venecia, el sucesor del cardenal Angelo Scola, que fue transferido a Milán. A pesar de que en este caso parece estar en curso un proceso definido de antemano, que pretendería pasar por alto las normales consultas y discusiones en la plenaria de la Congregación de los obispos.

 

Fuente: Vatican Insider

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