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lunes, 26 de septiembre de 2011

Modestia en el vestir




El fin primario del vestido es guardar la modestia.
Cuando nuestros primeros padres tuvieron la inmensa desgracia de perder la hermosa vestidura de la inocencia original, llenos de vergüenza y confusión trataron de cubrirse con hojas de higuera.
Dios se compadeció de ellos; les hizo unas túnicas de pieles y los vistió.
En todos los países civilizados el vestido se considera como uno de los elementos de primera necesidad.
Ahora bien, si el fin primario del vestido es la modestia, la consecuencia lógica es, que lo primero que se debe tener en cuenta en el uso de los vestidos es la modestia; y todo lo que es contrario a la modestia debe ser desechado, aunque sea de moda.
La virtud de la modestia hace al que la guarda agradable a Dios, y también a los hombres de recto criterio.
Cuando la moda no induce a nada que sea contrario a la modestia, no hay inconveniente en seguirla.
Pero, muchas veces las modas son ridículas, antihigiénicas e inmorales.
Toda persona seria debe detestar tales modas.

Modas antihigiénicas
Cuando la moda no pasa de ridícula, ridiculez sólo será seguirla.
Pero rara vez las modas se limitan a la ridiculez, sino que a menudo son antihigiénicas.
Según afirman los médicos, las modas son causa de muchas enfermedades.
Pero, a más de antihigiénicas, son contrarias a la verdadera belleza; puesto que en vez de aumentar la hermosura natural del cuerpo, la destruyen con enfermedades y vejez prematura.

Modas inmorales
Por modas inmorales entendemos aquellas especialmente que tienden a despertar las bajas pasiones de los espectadores.
Una mujer inmodestamente vestida, es un poderoso auxiliar que tiene el demonio para conseguir la perdición de las almas.
El escándalo es un pecado horrendo.
N. S. Jesucristo dijo: ¡Ay de aquel por quien viene el escándalo! Mejor fuera que le colgasen a su cuello una piedra de molino y le anegasen en lo profundo del mar.
Señoras y Señoritas: imitad a la Santísima Virgen, que es el modelo más perfecto de toda mujer, sea cual fuere su estado.
Sed modestas en todas partes, especialmente en el Templo, que es la casa de Dios.
No hagáis caso del qué dirán, si no seguís la moda; pero sí haced mucho caso de lo que dirá Dios, que infaliblemente os ha de juzgar.
Recordad siempre que la verdadera hermosura la constituye la virtud, la cual os hará dichosas en el tiempo y en la eternidad.

Los adornos costosos

Algunas personas ricas llevan encima anillos, collares, etc., una inmensa fortuna, tal que sus intereses bastarían para mantener a muchas familias pobres.
¡Oh si tales personas vieran la miseria que reina en muchos hogares, y recordaran que todos los hombres somos hermanos!
¡Ay! ¡qué cuenta tan terrible tendrán que dar a Dios, los que tan mal gastan su dinero, para adornar el cuerpo que tan pronto ha de ser pasto de gusanos polvo y ceniza, y no se acuerdan de los pobres, a quienes tienen grande obligación de socorrer!
¿No vale más el alma que el cuerpo?
¿Por qué en vez de adornar vuestro cuerpo no adornáis vuestra alma, hermoseándola con actos de virtud, que son más preciosos que el oro, las perlas y los diamantes?

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