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martes, 2 de agosto de 2011

SOY ERMITAÑO

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  "Vivo solo y oculto en medio de la multitud.

            He descubierto la soledad en un mundo donde todo parece desfallecer. Me sé solo y estoy solo.

            Las ilusiones de ayer quedaron atadas en un árbol del camino, entregadas todas ellas al Señor. Mi vida es El y sólo Él. Mi misión, seguirle, pequeño y muy pequeño, por el huerto, en su Soledad, en su Noche. ¿Cuánto tiempo? ¿Una hora? Solamente El lo sabe y yo estoy en El y con El. ¡Misión escondida! Es la que El me da, para velar con El el tiempo que El quiera.

            Sí, es indudable, es éste mi lugar. Porque es el Suyo. Nada hay de trágico en todo esto. Al contrario, me hallo todo nuevo en ese pesebre de Belén, en el desamparo, en el silencio orante de María, de José. Por allí fuera resuenan los peores estampidos. En mi corazón (que está en el Suyo) sólo hay silencio y paz.

            Soy ermitaño de Getsemaní, de Belén, del Misterio del Sábado Santo... Es ahora, en esta desolación, cuando me levanta el Señor en la Esperanza. Y sé que no seré defraudado.

            He descubierto de nuevo la oración más simple y directa. No es cuestión de insistir más. La Luz brilla en esta noche y el júbilo y la alegría: en la agonía que parece no tener fin"...

            (Escrito anónimo, hallado en un ascensor de una torre de oficinas, de la gran ciudad.)

 

Tomado de: Fr. Alberto E. Justo O.P., ¿Quién como Dios? Meditaciones en el desierto, pp. 79-80, Ed. Desierto Interior, Buenos Aires, 2007.

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