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sábado, 12 de junio de 2010

+ Uniones homosexuales: la gran mentira +

Párrafos tomados del artículo del Padre Dr. Amadeo Tonello, publicado en Cristo Hoy.





Estamos asistiendo en Argentina a un intento de legalización de las uniones homosexuales, con la pretensión de su equiparación al matrimonio civil. Bajo el argumento de la “no discriminación”, se intenta modificar el concepto de matrimonio, de tal modo que sea indiferente el hecho de que sea contraído por personas del mismo o de distinto sexo. Con ello se alcanzaría la superación de antiguos prejuicios que pesarían sobre la sexualidad y el matrimonio; y se daría a las personas homosexuales la igualdad de trato que se merecen, eliminando cualquier tipo de injusta separación.

Muchas personas piensan que se trata de reconocer ciertos derechos a otros, y por eso todos deberían estar de acuerdo con esta iniciativa, sobre todo porque piensan: “ A mí no me afecta”. Sin embargo, nos hallamos ante un hecho de gravísimas consecuencias. Pues la pretendida redefinición del matrimonio implica un ataque de suma violencia contra la familia, ya tan degradada en nuestro tiempo, y sin duda la aprobación de una ley de esas características produciría un grave daño a la sociedad argentina.

Aparece como telón de fondo la idea de que la homosexualidad es algo muy difundido, un fenómeno que hasta ahora ha sido reprimido y que sale a la luz con una fuerza nueva como algo normal o al menos libre. En realidad, hay poderosos grupos de presión que pretenden instalar el tema como una cuestión prioritaria, siendo así que se encuentra bastante lejos de las necesidades y preocupaciones básicas de la gran mayoría de los argentinos.

Igualmente, se pretende afirmar que quienes se oponen a la legalización de las uniones homosexuales se basan en prejuicios de orden religioso, los cuales no podrían ser impuestos a las personas que no comparten esas creencias. Este es el engaño de base de la argumentación de los grupos de presión gay.

La Cámara de Diputados de la nación acaba de aprobar un proyecto de ley por el que se equiparan las uniones homosexuales al matrimonio civil. Esto es, se redefine el matrimonio de tal manera que resulta indiferente el que sea llevado a cabo entre personas del mismo o de distinto sexo. Tal decisión es profundamente contraria a la dignidad de la persona humana. En efecto, los seres humanos gozamos de una dignidad que se manifiesta, entre otras cosas, en la realización de ciertos bienes específicos. Entre ellos, uno de los más importantes es el que se lleva a cabo en la unión del varón y la mujer a través de la institución del matrimonio. Por esta unión, el varón y la mujer realizan uno de los ideales interpersonales más altos, es decir, la plena complementariedad a nivel físico, psicológico y espiritual, a la vez que la procreación introducen de modo digno en el mundo a los hijos. Constituidos en unidad por el vínculo matrimonial, no sólo aportan a la sociedad la multiplicación material de sus miembros, sino que están llamados a ser, en la complementariedad de su unión, la verdadera y decisiva fuerza educativa de la prole. En definitiva, la unión familiar establecida a través del legítimo matrimonio entre varón y mujer resulta ser el fundamento mismo de la convivencia civil y la fuente de la vitalidad y salud social.

Ninguno de esos bienes y fines se realiza en la unión homosexual. Sin juzgar las causas y los motivos del comportamiento homosexual, resulta claro que no se da en dicho comportamiento ni la complementariedad, ni la apertura a la procreación de modo digno y humano, ni la capacidad educativa basada en la acción combinada de las potencialidades masculina y femenina. Por lo tanto, sancionar por ley una equiparación de la unión homosexual al matrimonio civil entre varón y mujer es claramente injusto y discriminatorio, dado que pretende la equiparación jurídica entre una opción que en sí misma no realiza ningún aporte a la sociedad y una institución socialmente justa y beneficiosa como el matrimonio.

Por otra parte, los derechos de las personas homosexuales, en tanto que personas individuales, quedan debidamente asegurados por las leyes, sin necesidad de generar un instituto legal como el que se pretende.

Finalmente, de todo lo expresado resulta claro que la oposición a la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio no se da por motivos partidistas o religiosos, sino por razones de índole antropológica, basadas en la dignidad de la persona humana, habida cuenta de todos sus constitutivos esenciales y su proyección hacia una plena realización individual e interpersonal.

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