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miércoles, 8 de julio de 2009

+ Año Sacerdotal +


El Santo Padre Benedicto XVI, ha convocado este Año Sacerdotal en ocasión de los 150 años del ¨dies natalis¨ del Santo Cura de Ars. Este llamado tiene como fin a la vez exaltar la figura del sacerdote y promover entre los fieles la oración por el clero. Sin dudas que San Juan María Vianney, un sacerdote carente de dotes intelectuales, pero lleno de amor a Jesucristo y entregado por completo a su grey, resulta un ejemplo formidable a imitar.

A ningún católico escapan los problemas que en estos tiempos afectan a la Iglesia en general, y al clero en particular. La disminución del número de seminaristas, el secularismo y el modernismo imperante entre gran parte del clero, la desobediencia a la jerarquía o los escándalos, fruto de la vida poco santa de algunos sacerdotes, por citar solo unos pocos.

El Papa ha comprendido que Satanás parece haberse propuesto atacar a los pastores, aprovechándose de sus debilidades humanas. Hoy como nunca, podemos ver en los medios de comunicación como se pone en duda el celibato y el mismísimo Orden Sagrado. Se proponen una y otra vez como modelo aquellos que renegando de su ministerio, pretenden vivir como seglares.


Hace poco, en la inauguración de este Año Sacerdotal, nos decía el Santo Padre: ¨Incluso nuestras carencias, nuestros límites y debilidades deben volvernos a conducir al Corazón de Jesús. Si es verdad que los pecadores, al contemplarlo, deben sentirse impulsados por él al necesario "dolor de los pecados" que los vuelva a conducir al Padre, esto vale aún más para los ministros sagrados. A este respecto, ¿cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en "ladrones de las ovejas" (cf. Jn 10, 1 ss), ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con lazos de pecado y de muerte? También se dirige a nosotros, queridos sacerdotes, el llamamiento a la conversión y a recurrir a la Misericordia divina; asimismo, debemos dirigir con humildad una súplica apremiante e incesante al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible peligro de dañar a aquellos a quienes debemos salvar. ¨


Ante esta cruda realidad, que oprime las almas de tantos católicos, el Santo Padre nos llama a la oración. ¿Cómo unirnos a esta invitación del Papa? Entre los fieles resurgió en estos días, la bonita costumbre de ¨adoptar un sacerdote¨. Consiste simplemente en elegir uno conocido, y rezar y hacer penitencia, por él en particular durante todo este año. Sin dudas que es una excelente idea. Desde aquí, nos atrevemos a sugerir a nuestros lectores, esta práctica, pero con alguna pequeña mortificación. En vez de aplicar nuestro criterio en elección del sacerdote: ¿porqué no dejar tal circunstancia en las manos de Dios?


Pueden pensarse muchos modos de hacerlo. Aquí van algunos: rezar por aquel sacerdote que esté más alejado de Dios, por aquel más pecador o que esté más atribulado. Por el que sufra más tentaciones, por el que sea más tibio, por el que esté más enfermo o desanimado. Por aquel que esté más solo, por el que esté más próximo a abandonar el sacerdocio o por aquel que nadie reza. Otra opción, es elegir un sacerdote o varios al día: rezar por aquellos que vayan a morir o vayan a sufrir alguna tentación meridiana en el transcurso de la jornada.


Sería bueno no olvidar a aquellos que han dejado su vida sacerdotal, deshonrando sus votos, para que regresen. Y finalmente: ¿ porqué no adoptar a los sacerdotes fallecidos que estén en el Purgatorio? Este debe ser un Año Sacerdotal no sólo para la Iglesia militante, sino también para la Iglesia Purgante.

Terminamos con las palabras del Siervo de Dios, Juan Pablo II en su libro ¨Don y Misterio¨Que Dios mantenga en los sacerdotes una conciencia agradecida y coherente del don recibido, y suscite en muchos jóvenes una respuesta pronta y generosa a su llamada a entregarse sin reservas por la causa del Evangelio. De ello se beneficiarán los hombres y mujeres de nuestro tiempo, tan necesitados de sentido y esperanza. De ello se alegrará la comunidad cristiana, que podrá afrontar con confianza las incógnitas y desafíos del tercer Milenio¨.


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
contacto@juventutem.com.ar

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