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jueves, 22 de noviembre de 2012

+ La Santa Misa, sacrificio de reconciliación y expiación+



La razón nos muestra que la naturaleza humana, tan inclinada a pecar a causa de su malicia, tiene obligación de ofrecer sacrificios expiatorios. Los patriarcas reconocieron esta verdad, mucho tiempo antes de la ley de Moisés. Vemos en la Biblia, que todas las semanas Job llamaba a sí a sus diez hijos y los purificaba, ofreciendo holocaustos por ellos.¨Quien sabe, decía si mis hijos habrán cometido alguna falta, o dentro de su corazón habrán ofendido a Dios?¨ Lo que era una costumbre de los antiguos patriarcas, se convirtió en una ley para Moisés:¨Si alguno ha pecado, que ofrezca una oveja o una cabra, y que el sacerdote ore por él y por su pecado. Si no tiene medios para ofrecer una oveja o una cabra, ofrecerá al Señor dos tortolillas o dos pichoncitos, uno por el pecado, otro en holocausto...El sacerdote rogará por este hombre y por su pecado, y éste le será perdonado.¨ Así lo había ordenado el Señor.


Si el Antiguo Testamento, que no era más que la sombra del Nuevo, tenía semejante sacrificio, con más justa razón la Iglesia poseerá el suyo superior al de Israel, así como el Cristianismo es la superación del Judaísmo. El sacrificio sangriento de la Cruz tiene un infinito poder de expiación. Es como una fuente de perdón que brota en medio del mundo hasta el fin de los tiempos; y para que cada uno saque de ella, o mejor dicho, para que cada uno la posea como en propiedad , el Señor estableció un nuevo sacrificio, como lo enseña expresamente el santo Concilio de Trento: ¨Aunque en el altar de la Cruz Jesucristo se ofreció a Dios su Padre, para operar por la muerte que padeció la redención de todos los siglos (puesto que con esta muerte no acababa su sacerdocio)¨ en la última Cena y la misma noche que fue entregado, queriendo dejar a su Esposa la Santa Iglesia un sacrificio visible que representase el sacrificio que iba a ofrecer una vez en la Cruz, perpetuó el recuerdo hasta el fin de los tiempos, y aplicó la virtud saludable por remisión de los pecados que diariamente cometemos, declarando que se constituía sacerdote según el orden de Melquisedec, para toda la eternidad; ofreció a Dios su Padre, bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre; bajo la forma de estos mismos alimentos se dio a sus Apóstoles, a quienes se estableció entonces sacerdotes de la Nueva Alianza, y les ordenó a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio, que hicieran la misma oblación con ésta palabras:¨Haced esto en memoria mía¨, así como lo ha hecho siempre la Iglesia Católica.¨ El santo Concilio expresa las razones que tuvo Nuestro Señor; que fue dejar a la Iglesia, su Esposa, un sacrificio visible, por el cuál ella pudiese continuar la oblación de la Cruz, y por cuyo medio el hombre obtiene el perdón de sus faltas cotidianas.


Las oraciones y ceremonias de la Misa prueban su carácter de expiación. Al principio reza el sacerdote el Confiteor, dándose tres golpes de pecho; después el ayudante, que representa al pueblo, dice y hace lo mismo. en seguida el celebrante dice a los asistentes:¨Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, perdone vuestros pecados y os conduzca a la vida eterna.¨ Acto contínuo, hace sobre sí la señal de la Cruz y dice: ¨Que Dios Todopoderoso y mesericordioso nos conceda el perdón, la absolución y la remisión de todos los pecados.¨ Por segunda vez implora la misericordia divina cuando dice Kyrie eleison. También cuando dice el Agnus Dei, pide al Dios justo y misericordioso perdone nuestros pecados. No es posible demostrar con más evidencia que la Santa Misa es un sacrificio de conciliación.


Habiendo tomado sobre sí Nuestro Señor Jesucristo los pecados del mundo entero, ¨nosotros colocamos sobre él, según las hermosas palabras de Marchant, como sobre un víctima conducida a la inmolación, el peso de nuestras faltas, para que se digne expiarlas en lugar nuestro.¨ Por esta razón al principio de la misa el sacerdote se presenta al Eterno Padre con la humilde actitud de quien va a responder de todas las deudas de los hombres. Profundamente inclinado el pie del altar, figura a Jesucristo oprimido bajo el peso de nuestras iniquidades en el Jardín de los Olivos, prosternado con el rostro sobre el suelo, bañado en sudor de sangre e implorando nuestro perdón. Así intercede el sacerdote en lugar de Cristo, con la diferencia, que al pedir perdón, implora también para sí mismo la remisión de sus faltas.


Medita estas palabras, oh pecador, particularmente en la Misa, en donde ves tus culpas expiadas con la sangre de tu Dios.


Un alma que suspira por libertarse de sus cadenas, obtendrá por la Misa su perfecta enmienda, pues la Iglesia enseña que: Si asistimos con sentimientos o deseos de contrición, Dios se reconciliará con nosotros, nos concederá la gracia de la penitencia y nos perdonará nuestros crímenes por grandes que fueren.


Asistid a la Misa, oh pecadores, y decid a Dios: ¨Señor, por este augusto Sacrificio, dejáos apaciguar y atraed hacia Vos mi voluntad rebelde.¨ Dios escuchará vuestra súplica, y por amor a su Hijo inmolado sobre el altar, inundará vuestra alma de una lluvia de gracias.


Vosotros me replicaréis con la Escritura Santa: ¨La oración de aquel que cierra sus oídos a la ley, es execrable a los ojos de Dios.¨ A esto, Santo Tomás de Aquino nos responde: ¨Por más que la Santa Escritura nos advierta en varios lugares que la oración de una persona en estado de pecado mortal no es a Dios grata, Dios no rechaza, sin embargo la que se eleva de un corazón sincero.¨


Tomado del libro Explicación de la Santa Misa, del R. P. Martin de Cochem


juventutem.argentina@hotmail.com

3 comentarios:

  1. Estimados: Quisiera saber dónde puedo conseguir un misal para fieles en formato digital. Muchas gracias.

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  2. Estimado:
    Envíeme un mail a nichaneguiridlian@gmail.com.ar y le reenvío el texto del misal.
    Cordiales saludos,
    Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

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  3. No he podido escribirle. Me rebotan los mensajes. Mi dirección es diegofcrodriguez [arroba] gmail [punto]com.
    Le agradezco su ayuda.

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