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miércoles, 10 de septiembre de 2008

+ Unam Sanctam +

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Roma, Septiembre 9, 2008 (Zenit) – Respuestas a cargo del Padre Edward McNamara, Legionario de Cristo, profesor de liturgia en la Universidad Regina Apostolorum.
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Pregunta: Soy párroco de una Parroquia que celebra según las dos Formas, y actualmente hay algunas complicaciones inevitables. He hecho retornar el Tabernáculo al centro, y he corrido la sede del presidente a un lado. El Altar independiente (separado de la pared) se utiliza para ambas formas, ubicando las sacras y las velas para la Forma tradicional, y luego reorganizando el Altar para la celebración según la Forma ordinaria. He hecho retornar el comulgatorio en dos lugares, y puesto cojines para arrodillarse para la recepción de la Comunión. Parte del “experimento” del Papa Benedicto XVI se apoya en la “realización” de ambas Formas, donde el fervor y la auténtica piedad del Rito Romano puedan ser recuperados, nutridos y renovados. Es una enorme tarea pastoral preparar una homilía decente con dos “ordos” diferentes. Se pone realmente interesante cuando las Fiestas no coinciden (Bautismo del Señor y Sagrada Familia), o cuando hay un conflicto entre los Tiempos (Septuagésima o Tiempo Ordinario); hay más trabajo para el párroco. El inglés bastante rebuscado del “Douay-Rheims” también presenta algunos desafíos, pero así y todo es a menudo preferible a la Nueva Biblia Americana Revisada. En medio del caos, parece no haber instrucciones sobre cómo habría de celebrarse una Misa Solemne cuando ya no existe el orden del subdiaconado. Uno podría arrancar y usar un acólito instituido, pero eso requiere entrenamiento. Recurrir a un diácono (de transición o permanente) requiere incluso más práctica. La sugerencia de usar sacerdotes en las funciones, como solía hacerse, presupone una fluidez litúrgica que simplemente no existe en el presente. Además, la celebración del Triduo Pascual en la Forma extraordinaria, es tan ornamentada que parece requerir la presencia de un maestro de ceremonias. Sumándole el interrogante de que la actual disciplina de la Iglesia para celebrar la vigilia, presenta un claro conflicto para los lugares donde dos comunidades celebran las dos Formas bajo un mismo párroco en una misma parroquia. ¿Existe alguna instrucción de Roma para la adaptación local? – W.S., Pennsylvania.
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Respuesta: Cuando Benedicto XVI tomó la iniciativa de permitir la celebración universal del Misal de Juan XXIII, previó que surgirían algunos problemas en la práctica. Por esta razón, incrementó la autoridad de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, precisamente para tratar estos asuntos. Las consultas pueden ser hechas a la Comisión en el Vaticano.
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Esta Comisión, junto con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, está trabajando sobre una instrucción que ayudará a aclarar algunas de las dificultades que surgen de la existencia, al mismo tiempo, de dos Formas del Rito Romano. Preguntas por el estilo llegan constantemente al escritorio del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente de la Comisión.
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De hecho, en una entrevista reciente, el Cardenal dijo que tenía más trabajo ahora que cuando era Prefecto de la Congregación para el Clero.
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Más cerca de casa, un sacerdote que desea celebrar la Forma extraordinaria puede también consultar con los institutos dedicados a su celebración. Ellos tienen ya larga experiencia en este campo. También pueden proveer recursos útiles para el entrenamiento de sacerdotes y ministros.
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En cuanto a algunas de las preguntas, es una cuestión abierta si un acólito instituido puede realizar las tareas reservadas formalmente a los subdiáconos. Por un lado, la Forma extraordinaria considera al subdiácono como miembro del clero, mientras que el acólito instituido es, por cierto, un ministro laico. Por otro lado, muchas de las tareas litúrgicas del subdiácono fueron transferidas al ministerio del acolitado. El editor de la nueva edición del clásico manual litúrgico “Trimelloni”, opina que es posible utilizar acólitos instituidos para este propósito.
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El orden del subdiaconado aún existe en aquellos institutos específicamente dedicados a la Forma extraordinaria. No es imposible suponer que podría ser eventualmente restaurado para todos los seminarios que deseen celebrar en ambas formas del Rito. Además, no veo particular dificultad en que los diáconos o un sacerdote desempeñen estas funciones, ya que esta posibilidad es prevista en las rúbricas de la Forma extraordinaria.
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En cuanto a las lecturas, el Santo Padre dio permiso para que las lecturas se hicieran en lengua vernácula, siempre que se use una traducción aprobada. Yo interpretaría esto como una traducción específicamente aprobada para el uso litúrgico, y no sólo con un “imprimatur”.
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Es probable que esté permitido el uso de traducciones aprobadas para el uso previo a la reforma, cuando era una práctica bastante común el proclamar el Evangelio primero en latín, y luego leer una versión vernácula. También debería ser posible utilizar las versiones vernáculas que se encuentran en los misales bilingües que utilizaban los fieles.
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Esto tiene la ventaja adicional de corresponder exactamente con el texto oficial que se encuentra en el Misal en latín, ya que algunos textos no se encuentran en el nuevo Leccionario en vernáculo de la misma manera en que estaban en el latino.
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Mientras que el Triduo Pascual puede ser celebrado en una parroquia dedicada exclusivamente a la Forma extraordinaria, yo diría que en una parroquia que celebra en las dos Formas es probablemente mejor optar por la Forma ordinaria, a no ser que la mayoría de los parroquianos prefirieran la Forma extraordinaria. Esto porque, en la medida de lo posible, la celebración del Triduo debiera darse con la comunidad entera.
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Finalmente, la pregunta sobre el calendario es quizás las más difícil de resolver, y probablemente requerirá mucho estudio y paciencia. El calendario ha sido, históricamente, la parte más flexible del Misal, y muchos papas lo han reformado a lo largo de los siglos.
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Puede que la Santa Sede termine publicando una edición completamente nueva del Misal según la Forma extraordinaria, el “Misal de Benedicto XVI”, quizás. Tal Misal dejaría fundamentalmente intacto el texto del de Juan XXIII, pero agregaría las celebraciones de los nuevos Santos, clasificados según el modo tradicional. Probablemente las rúbricas necesitarían ser ajustadas para tomar en cuenta las Fiestas más importantes que han sido trasladadas, de forma que todos, por ejemplo, celebren Corpus Christi en el mismo día.
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También, como el Santo Padre ha sugerido en su carta “motu proprio” (“de propia iniciativa”), podrían ser agregados algunos prefacios y fórmulas para la Misa (especialmente aquellos que vienen de antiguas fuentes romanas). Estos cambios ayudarían a allanar algunas de las dificultades en el calendario mencionadas por nuestro lector, permaneciendo fieles al desarrollo orgánico del Rito tradicional, tal y como fue llevado a cabo por papas tales como San Pío X, Pío XI, Pío XII y Juan XXIII.
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Fuente: La buhardilla de Jerónimo y Secretum Meum Mihi

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