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sábado, 8 de marzo de 2008

+ Sexto domingo en honor de San José +

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Por la Señal de la Santa Cruz...
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Sexto dolor y gozo: Mt 2, 1923
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"Habiendo muerto Herodes, he aquí que un ángel del Señor se aparece en sueños a José en Egipto, y le dice: Levántate, y toma al niño y a su madre, y marcha a la tierra de Israel, porque han muerto ya los que atentaban contra la vida del niño. El, levantándose, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel. Mas habiendo oído que reinaba Arquelao en Judea en lugar de Herodes, su padre, temió ir allá; pero avisado por Dios en sueños, se retiró a la región de Galilea; y llegado allá, se estableció en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliese lo dicho por los profetas, que se llamaría Nazareno"
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Glorioso San José, que viste sujeto a tus ordenes al Rey de los Cileos. Si tu alegría al regresar de Egipto se vio turbada por el miedo a Arquelao, después, al ser tranquilizado por el Angel, viviste contento en Nazaret con Jesús y María.
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Por este dolor y gozo, alcánzanos la gracia de vernos libres de temores, y gozando de paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir en su compañía.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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V. Ruega por nosotros San José
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R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo

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Oración: Señor Dios, que por tu inefable providencia te dignaste elegir a San José, por esposo de tu Santísima Madre, te suplicamos nos concedas tener en el cielo como intercesor al que veneramos en la tierra como protector. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Un ejemplo de la intercesión de San José: Un joven hacía sus estudios en la casa del cura de su pueblo, como aspirante al sacerdocio. Deseaba consagrar su vida al servicio de Dios y a la salvación de las almas. Desgraciadamente, tenía tantas dificultades con la lengua latina, que su generoso maestro perdió la paciencia y temió de momento por su éxito. Las lágrimas del estudiante, su aplicación y su piedad contribuyeron sin embargo, a prolongar la prueba. “Mi querido hijo, dijo el venerable pastor, yo no veo más que un medio para salir de esta situación: es ponerte bajo la protección de San José, rogarle y suplicarle ardientemente que te conceda los talentos que no tienes; de otra manera nos quedaremos en el camino. Vamos, anímate, yo uniré mis oraciones a las tuyas y tengo la firme confianza de que seremos escuchados, porque todo lo consigue la oración perseverante.”
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El estudiante se arrojó en los brazos de San José y rogó con tanto fervor, que el buen Patriarca lo tomó bajo su amparo de una manera maravillosa. La inteligencia del joven se abrió poco a poco, sus talentos se desarrollaron y terminó sus clases con éxito. Cuando entró en el seminario mayor, se distinguió por sus luces tanto como por sus virtudes y recibió el sacerdocio con honor. Nombrado sucesivamente profesor de teología dogmática y de teología moral, superior y finalmente vicario general, fue durante muchos años la luz y el consejo de la mayoría de los sacerdotes que dirigió a su vez. Lo que se notaba por encima de todo en este hombre de Dios, era su confianza y su reconocimiento hacia San José, su generoso bienhechor. Aprendamos de esto cuán poderosa es ante el corazón de Dios la oración humilde y perseverante que se le dirige por intercesión del Santo Esposo de María.
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Tomado del libro "Id a José" - Editorial Tradition Monastiques, Abadía de San José de Claraval.
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San José, nuestro Padre y Señor: bendice a todos tus hijos de la Santa Iglesia de Dios.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
contacto@juventutem.com.ar

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