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sábado, 29 de marzo de 2008

+ Don de lágrimas I +

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“ Laboravi in gemitu meo, lavabo per singulas noctes lectum meum,
lacrimis meis stratum meum rigabo.”
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Salmo 6, v.6
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Fray Francisco de Osuna
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Decimo Tratado

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Habla de las lágrimas del recogimiento y dice: las lágrimas sean tus armas por la gloria peleando.

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Capítulo III
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De los que lloran por el esposo
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De los que lloran por la ausencia del esposo se dice aquello de los Cánticos: tus ojos así como la paloma sobre los arroyos de las aguas, están lavadas con leche y sentadas cerca de las corrientes plenísimas. Los ojos de las palomas son de sí mismos llorosos, y ellas nunca cesan de gemir por el mucho amor que en sí tienen, porque no hay ave tan amorosa como la paloma; y porque el amor de aquestos es lleno de limpieza y no contaminado con las cosas terrenas, se comparan los ojos de ellos a los de las blancas palomas, que parecen estar lavadas con leche, por ser tan blancas como ellas. Donde así como las palomas blancas son más agradables y comunicables que las otras, así los que encendidos por amor lloran por haber la gracia del Señor, son a Él más agradables que todos los otros hombres y se les comunica; y los ojos de éstos se dicen estar sobre los arroyos de las lagrimas que derraman, porque no esperan ser en sólo llorar consolados, sino en el gozo espiritual que después Dios les infunde como cosa que sobrepuja y vale más que las lágrimas; y dijo el Sabio que estas palomas blancas estaban sentadas cerca de la corriente plenísima, denotando ser el asiento la voluntad que los tales tienen de permanecer llorando hasta el señor los visite, y en las corrientes plenísimas nos da a entender las muchas lágrimas que derraman.
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Según estas cosas, si tú, hermano, que te comienzas a dar recogimiento, quieres aprovechar en el almas el llorar, porque así como el mar de viento próspero, favorecido iras más derechamente y más presto a Dios, como aquellos que dice el profeta Jeremías: andando y llorando se darán prisa y buscaran a su Señor Dios; y aquí vendrás las caras de ellos y juntarse han al Señor con amistad sempiterna, que no se podrá olvidar. Sión quiere decir atalaya, y es la gracia del corazón que en su recogimiento se recibe, desde el cual podemos atalayar mucho conocimiento de Dios. A esta hemos de ir con los pies del deseo y llorando como aquéllos cuales se dice: yendo iban y lloraban.
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Los que van sólo con los pies corporales van con el cuerpo, no yendo con el corazón; mas los que van con el deseo yendo por su voluntad van también por obra; y porque estos pies del deseo son muy ligeros dice Jeremías que los que así van se darán prisa a buscar a Dios, y por tanto van llorando para buscarlo como la Magdalena, que llorando decía: tomaron a mi Señor y no sé donde lo pusieron.
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El camino más derecho para Sión, que es la gracia de que nuestra letra habla, es el recogimiento; por esto los nuevos en preguntan llorando; y a este negocio vienen las caras de ellos, que son los conocimientos, no entrometiéndose en las cosas mundanas ni buscándolas conocer; antes aman la soledad para mejor y más sosegadamente llorar y dicen a todas las cosas aquello del profeta Isaías: ”apartaos de mi y llorare amargamente; no cuidéis de consolarme.”
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El que busca la gracia celestial para su curar su ánima, que sin ella es Dios así como tierra sin agua, no ha de admitir cosa humana para que la consuele, porque no pierde por lo poco lo mucho; y por esto dice el profeta que se aparten de él y que no curen de consolidar; y dice más; que sus lágrimas serán amargas, porque éstas de los principios no se derraman sin trabajo, ni se derraman sin dolor de verse como hombre privado de lo que desea, que es juntarse al Señor en amistad del recogimiento supremo, el cual, si verdadero es, apenas lo puede olvidar él que una vez lo gustó, y si después se condenan, aún en el infierno tendrá gran lástima por haberlo perdido.
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De estas lágrimas que hemos hablado dice el Señor (Mateo IXc): No pueden los hijos del esposo llorar mientras estás con ellos el esposo. Aquí muestra el Señor que la presencia espiritual suya en el almas hace que cesen las lágrimas; y podíamos volver casi al revés esta sentencia y decir: no pueden los hijos del esposo dejar de llorar, mientras no esta el esposo con ellos; porque propiedad de los buenos hijos desear con lágrimas la venida de su padre, como lo deseaba José estando en Egipto, y el Señor enseño a sus hijos la oración que comienza con: “Padre nuestro que estas/ eres, etc.”, cuya segunda petición es: “venga, Señor, el tu reino”, que es su bendita presencia por gracia recibida en nuestros corazones la cual debemos con gran ansia desear y demandar cada día y cada hora.
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Pax et Bonum,
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+ Clara de Asís +
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