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sábado, 16 de febrero de 2008

+ Tercer Domingo en honor de San José +

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Por la Señal de la Santa Cruz...
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Primer dolor y gozo: Lc 2, 21
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"Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno. "
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Glorioso San José, ejecutor obediente de la Ley de Dios. La Sangre preciosa que en la circuncisión derramó el divino Redentor, te traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús, que le se le impuso, te llenó de consuelo.
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Por este dolor y gozo, te roganos nos alcances la gracia de vivir luchando contra la esclavitud de los vicios, para tener la dicha de morir con el nombre de Jesús en los labios y en el corazón.
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Padrenuestro, Avemaría y Gloria
V. Ruega por nosotros San José
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

.Oración: Señor Dios, que por tu inefable providencia te dignaste elegir a San José, por esposo de tu Santísima Madre, te suplicamos nos concedas tener en el cielo como intercesor al que veneramos en la tierra como protector. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Un ejemplo de la intercesión de San José: Un obispo misionero irlandés, Mons. O. Hair, estuvo ejerciendo el apostolado durante muchos años en Sudáfrica, en un territorio tan extenso como Inglaterra.
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En una de sus caminatas, se pierde. No sabiendo qué hacer, invoca a su ángel de la guarda, a San José y a Nuestra Señora del Buen Consejo y sigue su camino completamente desorientado. Al fin, llega a un grupo de casas. Precisamente, un campesino está en ese momento trabajando cerca de su morada. “Usted llega en buen momento, le dice al recién llegado, en la casa vecina un hombre se está muriendo”.
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El obispo se presenta en casa del moribundo. A su vista, éste se pone a llorar de alegría y exclama: ¡Oh San José! ¡Yo sabía que antes de morir me enviarías un sacerdote! - ¿Cómo es esto? Le pregunta el misionero. Entonces, el enfermo le cuenta: “Yo soy irlandés. Cuando era niño, mi madre me enseñó a rezar a San José: “Oh San José, obtenedme la gracia de una santa muerte”: He rezado esta plegaria durante todos los días de mi vida. A los 21 años, después de haber participado en la guerra contra los Cafres, me quedé en África. Cuando caí enfermo, le recé a San José con más fervor aún y ahora me manda un padre de forma inesperada”.
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Al día siguiente, el enfermo murió en la paz del Señor. Tomado del libro "Id a José"Editorial Tradition Monastiques, Abadía de San José de Calirval.

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San José, nuestro Padre y Señor: bendice a todos tus hijos de la Santa Iglesia de Dios.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
contacto@juventutem.com.ar

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