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domingo, 27 de enero de 2008

+ Segundo Escalón: del desapego +

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del Desapego
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1. Aquel que en verdad ama al Señor, que en verdad desea gozar del Reino de los cielos, que en verdad se duele de sus pecados, que en verdad está herido con la memoria de las penas del infierno y del juicio eterno, que en verdad está animado por el temor de su propia muerte, a ninguna cosa de este mundo amará desordenadamente: no se fatigará con los cuidados del dinero ni la hacienda, ni de los padres, ni de los hermanos, ni de cosa alguna mortal y terrena. Mas, habiendo rechazado toda atadura y aborrecido todos los cuidados concernientes a esas cosas, y más todavía a su propia carne, desnudo y ligero seguirá a Cristo elevando siempre sus ojos al cielo en espera del socorro según las palabras del Profeta: “Yo no me turbé siguiéndote a ti, pastor mío; nunca deseé el día ni el reposo del hombre.”
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2. Grandísima confusión es, por cierto, la de aquellos que después de haber sido llamados, no por hombres sino por Dios, después de haber abandonado todo lo que antes enumeré, se preocupan por alguna otra cosa que tampoco les será de utilidad en la hora de la necesidad, es decir en el momento de la muerte. A esto llamó el Señor: “mirar atrás y no ser digno del Reino de los Cielos” (Lc. 9:62).
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3. El Señor conocía muy bien nuestra fragilidad en los comienzos, y cuan fácilmente nos volvemos al siglo cuando tenemos conversación familiar con personas del siglo. Por tal motivo, al que le pidió: “Señor, dame licencia para ir a enterrar a mi padre,” Él le respondió: “Deja a los muertos enterrar a sus muertos” (Mt. 8:22).
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4. Suelen los demonios, después que hemos dejado el mundo, incitarnos a felicitar a algunos seculares misericordiosos y compasivos, haciéndonos creer que ellos son bienaventurados y nosotros miserables, por carecer de las virtudes que aquellos tienen. Esto lo hacen los demonios a fin de que esta adúltera y falsa humildad nos vuelva al mundo, y si permanecemos en la religión, para que vivamos desconsolados y desconfiando.
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5. Hay quienes desprecian a los hombres que viven en el mundo por soberbia y presunción. Hay otros que, no por soberbia, sino a fin de escapar de este abismo de desconsuelo y desconfianza, a fin de concebir una esperanza y alegrarse por haber sido apartados del mundo, tienen en poco las costumbres de los que viven en él.
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6. Quienes deseamos correr rápida y alegremente por este camino, estimándolo en lo que merece, miremos con atención la condena que el Señor pronunció contra todos aquellos que viven en el mundo, y que estando vivos están muertos, al decir: “Deja a los que están en el mundo, y están muertos, sepultar a los que están muertos corporalmente” (cf. Mt. 8:22).
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7. Y oigamos lo que el Señor dijo al joven que había guardado casi todos los mandamientos: “Una cosa te falta: ve y vende todos tus bienes, y dalos a los pobres, y hazte, por amor de Dios, pobre y necesitado de la ajena misericordia.”
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8. No fueron las riquezas la causa de que aquel joven dejase de recibir el bautismo; se engañan quienes suponen que por tal motivo le mandaba el Señor que vendiera su hacienda. No era esta la causa, sino querer elevarlo a la altura del estado de nuestra profesión.
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9. Para conocer su gloria debería bastarnos este argumento: quienes viviendo en el mundo se ejercitan en ayunos, vigilias, trabajos y aflicciones semejantes, cuando vienen a la vida monástica como a una escuela de virtud, tienen en menos aquellos primeros ejercicios suponiéndolos como falsos y fingidos.
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10. Yo he visto que muchas y diversas plantas de virtud sembradas por aquellos que viven el mundo -las cuales eran regadas con el agua cenagosa de la vanagloria, escardadas por la ostentación y abonadas con el estiércol de las alabanzas humanas — al ser trasplantadas en tierra desierta y apartada de la vista y de la compañía de los hombres, se secaban por carecer del agua maloliente de la vanidad. Ya que las plantas que aman esa humedad no pueden producir frutos en el suelo seco y árido de los ejercicios.
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11. Aquel que haya logrado aborrecer al mundo, ése estará libre de la tristeza del mundo. Pero aquel que tiene todavía afición por las cosas del mundo, no estará del todo libre de esta pasión, ya que ¿cómo dejaría de entristecerse cuando se viera privado de lo que ama?
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12. Para con todas las cosas tenemos necesidad de gran templanza y vigilancia. Más, por encima de todas ellas, debemos esforzarnos por alcanzar esta libertad y la pureza de corazón. Pues he conocido algunos hombres, los cuales viviendo en el mundo con muchos cuidados y ocupaciones, con muchas congojas y mucha vigilia, escaparon de los movimientos y ardores de la propia carne. Pero estos mismos, al entrar en los monasterios, al vivir libres de esos cuidados, se dejaron corromper, torpe y miserablemente, por el ardor del cuerpo.
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13. Velemos sobre nosotros mismos, no nos suceda que royendo caminar por el camino estrecho y dificultoso, lo estemos haciendo por el camino largo y espacioso y así vivamos engañados. Camino estrecho es la aflicción del bien, la perseverancia en las vigilias, el agua con medida y el Pan con parsimonia, absorber la purificante poción de las humillaciones, soportar la mortificación de nuestra voluntad, el sufrimiento de las ofensas, el menosprecio de nosotros mismos, la paciencia sin murmuración, el tolerar las injurias, el no indignarse contra los que nos infaman, el no quejarse de los que nos desprecian, el no replicar cuando nos condenan. Bienaventurados los que caminan por esta senda, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
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14. Ninguno entrará a la celeste cámara nupcial para recibir la corona que recibieron los grandes santos, a no ser aquel que hubiera cumplido con la primera, con la segunda y con la tercera renunciación, a saber: en la primera ha de renunciar a todas las cosas que están fuera de él, como son los padres, los parientes, los amigos y todo lo demás; en la segunda ha de renunciar a su propia voluntad; en la tercera, por fin, ha de renunciar a la vanagloria que algunas veces suele acompañar a la obediencia, porque a este vicio están más sujetos los que viven en compañía que los que moran en soledad.

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15. “Salid, dice el Señor por medio de Isaías (Is. 52:11), salid de allí, no toquéis nada inmundo.” Porque, ¿cuál de los hombres del mundo ha hecho jamás milagros? ¿quién resucitó a los muertos y arrojó a los demonios? ¡Atended! Estas son las insignias de los verdaderos monjes, las cuales el mundo no merece recibir. Porque si él las mereciese, superfluos serían nuestros trabajos y la soledad de nuestro apartamiento.
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16. Cuando después de nuestra renunciación los demonios encienden nuestro corazón con el recuerdo de nuestros padres y hermanos, entonces, principalmente, debemos tomar contra ellos las armas de la oración, y a nuestro turno encender nuestro corazón con el recuerdo del fuego eterno para apagar con su fuego la llama dañosa de aquel otro fuego.
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17. Si alguien, creyéndose libre de ataduras se entristece en su corazón al verse privado de algún objeto, él está por completo en manos de la ilusión.

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18. Cuando los jóvenes, después de haberse entregado a los deleites y vicios de la carne quieren entrar en la religión, procuren ejercitarse con toda atención y vigilancia en estos trabajos, para que no venga a ser peor su fin que su comienzo (cf. Mt. 12:45). Muchas veces el puerto, que suele ser la causa de la salud, lo es también de peligros. Esto lo saben muy bien aquellos que navegan por este mar espiritual. Y es cosa miserable ver perderse los navíos en el puerto, cuando estuvieron salvos en medio de la mar.

Material extraído del segundo escalón de “La Filocalia” de San Juan Clímaco
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Pax et Bonum,
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+ Clara de Asís +
felisa@juventutem.com.ar

1 comentario:

  1. http://cruz-y-fierro.blogspot.com/
    jueves, enero 24, 2008
    El “anillo” tolkienano y la Cruz de Cristo


    El símbolo cristiano más fundamental es la Cruz. Ésta es también el perfecto opuesto al Anillo. La Cruz da la vida; el Anillo la toma. La Cruz te ofrece la muerte, no el poder; el Anillo te ofrece el poder incluso sobre la muerte. El Anillo contrae todo hacia su vacío interior; la Cruz se expande en las cuatro direcciones, se ofrece a sí mismo al vacío, llenándolo con su sangre, su vida. El Anillo es el colmillo de Drácula. La Cruz es la espada de Dios, erguida en alto por la mano del Cielo y clavada en el mundo no para sorber nuestra sangre sino para darnos la Suya. La Cruz es la hipodérmica de Cristo; el Anillo es la mordida de Drácula. La Cruz salva otras voluntades; el Anillo domina otras voluntades. La Cruz libera; el Anillo esclaviza.

    -- Peter Kreeft (el original en inglés en el excelente blog Vexilla Regis)


    Me recordó un par de textos de Chesterton:

    Así como hemos concebido al círculo como el símbolo de la razón y la locura, podemos también concebir a la cruz como el símbolo al mismo tiempo del misterio y la salud. El budismo es centrípeto, pero el cristianismo es centrífugo: se expande. Dado que el círculo es perfecto e infinito en su naturaleza; pero está fijo para siempre en su tamaño; no puede nunca ser mayor ni menor. Pero la cruz, aunque tenga en su corazón una colisión y una contradicción, puede extenderse por sus cuatro brazos para siempre sin alterar su forma. Porque tiene una paradoja en su centro, puede crecer sin cambiar. El círculo retorna hacia sí mismo y está atrapado. La cruz abre sus brazos a los cuatro vientos; es una señal en el camino para viajeros libres.

    -- Ortodoxia.


    Durante los últimos diez minutos habían estado cayendo entre las grandes quebradas y cavernas de nubes. Ahora, a través de una especie de niebla púrpura, podía verse comparativamente cerca lo que parecía ser la parte superior de un orbe o esfera grande y oscura, aislada en medio de un mar de nubes. Los ojos del profesor relampaguearon como los de un maníaco.

    “Es un nuevo mundo”, gritó con una risa terrorífica. “Es un nuevo planeta y debería portar ni nombre. Esta estrella y no esa otra vulgar debería ser ‘Lucifer, sol de la mañana’. Aquí no tendremos locuras certificadas, aquí no tendremos dioses. Aquí el hombre será tan inocente como las margaritas, tan inocente y tan cruel--he aquí el intelecto—“

    “Parece”, dijo Miguel tímidamente, “haber algo pegado en el medio de eso”.

    “Así que hay”, dijo el profesor inclinándose sobre el costado de la nave, sus anteojos brillando de excitación intelectual. “¿Qué puede ser eso? Puede ser que meramente sea…”

    Entonces de repente dejó escapar un chillido indescriptible, y sus brazos flotaron como los de un espíritu perdido. El monje tomó el timón sin ganas, no parecía demasiado sorprendido dado que provenía de una parte ignorante del mundo en la cual es común que los espíritus perdidos chillen cuando ven esa forma curiosa que el profesor había recién visto en el tope de la esfera misteriosa, pero agarró el timón justo a tiempo, y moviéndolo rápido hacia la izquierda previno que la nave voladora chocara contra la Catedral de San Pablo.

    […]

    “…Puedo decirte ahora, Miguel, que puedo probar la mayor parte de mi defensa del racionalismo y del engaño cristiano con cualquier signo que me quieras dar, en cualquier oportunidad con la que me lo cruce. He aquí una oportunidad mayúscula. ¿Qué podría expresar mejor tu filosofía y mi filosofía que la forma de esa cruz y la forma de esta esfera? Este globo es razonable; esa cruz es irracional. Es un animal de cuatro patas, con una pata más larga que las otras. El globo es inevitable. Las cruz es arbitraria. Sobre todo, el globo está en unidad con sigo misma; la cruz principalmente y sobre todas las cosas está en enemistad con sigo misma. La cruz es el conflicto de dos líneas hostiles, de direcciones irreconciliables. Esa cosa silenciosa allí arriba es esencialmente una colisión, un choque, una lucha en piedra. ¡Puaj! Ese símbolo sacro tuyo en realidad ha dado su nombre a la descripción de la desesperación y la confusión. Cuando hablamos de hombres a la vez ignorantes uno del otro y frustrados uno por el otro, decimos que están cruzados. ¡Librémonos de esa cosa! Su misma forma es una contradicción en los términos.”

    “Lo que dices es perfectamente cierto”, dijo Miguel con serenidad. “Pero nos gustan las contradicciones en los términos. El hombre es una contradicción en los términos; es una bestia cuya superioridad respecto a otras bestias consiste en haber caído. Esa cruz es, como has dicho, una colisión eterna; lo mismo yo. Esa es una lucha en piedra. Toda forma de vida es una lucha encarnada. La forma de la cruz es irracional, del mismo modo que la forma del animal humano es irracional. Dices que la cruz es un cuadrúpedo con una extremidad más larga que el resto. Yo digo que el hombre es un cuadrúpedo que sólo usa dos de sus piernas.”

    El profesor frunció el seño pensando por un instante, y dijo: “Por supuesto que todo es relativo, y no negaría que el elemento de lucha y autodestrucción, representado por la cruz, tiene un lugar necesario en una cierta etapa evolutiva. Pero con seguridad la cruz es el desarrollo menor y la esfera el mayor. Después de todo, es fácil ver qué es lo que está verdaderamente mal con la disposición arquitectónica de Wren.”

    “¿Y cuál es, por favor?” Inquirió Miguel gentilmente.

    “La cruz está en cima de la esfera”, dijo el Profesor Lucifer simplemente. “Eso está con seguridad mal. La esfera debe estar sobre la cruz. La cruz es un mero soporte bárbaro; la esfera es la perfección. La cruz es como mucho el árbol amargo de la historia del hombre; la esfera es la fruta redonda, madura y final. Y la fruta debe estar en lo alto del árbol, no abajo de él.”

    “¡Oh!” dijo el monje arrugando la frente, “¿entonces piensas que en un esquema racionalista del simbolismo la esfera debería estar sobre la cruz?”

    “Resume toda mi alegoría”, dijo el profesor.

    “Bueno, eso es verdaderamente muy interesante”, retomó lentamente Miguel su discurso, “porque pienso que en ese caso verías un efecto singularísimo, un efecto que ha sido logrado generalmente por todos aquellos sistemas capaces y poderosos producidos por el racionalismo, o la religión de la esfera, para guiar o enseñar a la humanidad. Verás, pienso, eso que sucede que es siempre la corporización y resultado lógico final de tu esquema lógico.”

    “¿De qué estás hablando?” preguntó Lucifer. “¿Qué sucedería?”

    “Digo que se caería”, dijo el monje mirando al vacío con melancolía.

    […]

    “Ustedes [los racionalistas] comienzan rompiendo la Cruz; pero terminan destruyendo el mundo habitable…”



    -- La esfera y la cruz.








    "Ella abrió Sus manos una vez más, como lo había hecho los dos meses anteriores. Los rayos [de luz] parecían penetrar la tierra y vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto. ( debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que así me escuchó). Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes igual que carbones encendidos. Esa visión duró sólo un momento, gracias a nuestra bondadosa Madre Celestial, Quien en la primera aparición había prometido llevarnos al Cielo. Sin esto, creo que hubiéramos muerto de terror y miedo."

    La Hermana Lucía de Fatíma Decribe la Visión del Infierno

    http://www.fatima.org/span/essentials/facts/shell.asp



    TOMADO DE INTERNET



    Un ouvrage de Jean-Louis Questin (diffusé par la librairie ésotérique Dix de Cœur) présente l’œuvre de Tolkien comme ésotérique et en donne les clés de lecture :



    « Le monde légendaire de Tolkien, Marc-Louis Questin
    Voyage au cœur du fantastique.

    C'est l'un des plus grands romans initiatiques du XXème siècle, un classique de la littérature ésotérique. Dès sa parution, cette majestueuse épopée eut ses adeptes qui surent en percer, derrière l'inventivité et le talent du conteur, les messages symboliques cachés. Il faut savoir que J. R. R. Tolkien (1892-1973) était un éminent professeur d'Oxford, spécialiste de la littérature médiévale, anglo-saxonne et nordique. Il mit dix-huit ans à rédiger son chef d'œuvre, Le Seigneur des Anneaux, paru en 1954. Le livre se révéla rapidement au grand public et sortit du cercle d'initiés qui en avaient fait leur ouvrage de référence. Le succès suivit et le roman, traduit en dix langues, fut vendu à des millions d'exemplaires. Le Seigneur des Anneaux devint véritablement un livre culte. Déjà sujet d'un dessin animé, il fait aujourd'hui l'objet d'un film.

    Tolkien a écrit un « livre-enseignement » qui autorise différents types de lecture et s'adresse à différentes strates de lecteurs (de l'enfant à l'adulte). Il s'agit d'un enseignement spirituel et éthique. Les valeurs de la chevalerie médiévale y sont à l'honneur. De même que la symbolique de l'anneau, par nature féminine, ouvre la voie de la sagesse. Le côté intemporel de l'aventure débouche sur la vision d'un autre monde, proche parfois de celui de Lewis Caroll, imaginaire certes, mais rempli de réflexions sur la mort et l'immortalité. La vision écologique s'accompagne d'un retour constant à la lutte entre les forces du Bien et du Mal. Si les premières triomphent, les forces noires, quant à elles, demeurent toujours présentes dans l'arrière-scène.

    Avec cet ouvrage critique le lecteur pénètre dans l'univers de Tolkien et remonte aux sources qui ont inspiré l'écriture de son « ouvrage mythique ».

    Réf. DG 8777 - 301 pages - Broché - Éditeur : Trajectoire - Isbn 2.84197.198.8 – 2001 »[5]



    Y UN EXTRACTO TOMADO DE "SODALITIUM"

    « Sodalitium (et qui connut C.), Attilio Mordini (29). A la Fable et au Fantastique C. a dédié un grand nombre de ses écrits: il nous suf­fira de citer entre autres II flauto e il tappeto (1971) [La flûte et le tapis] et Fiaba e mistero (1962) [Fable et mystère] (maintenant inclus tous deux dans Les impardonnables). Au congrès de Florence sur C., un passionné de la question, l'évolien Gianfranco De Turris en a parlé dans Il senso della fiaba (pp. 108-115) [Le sens de la fable] s'inspirant de Tolkien (Et c'est Zolla qui a écrit l'introduction de l'édition italienne du Seigneur des anneaux, Rusconi, 1970), de Lévy-Strauss, Eliade, Guénon, Steiner, Evola, Shah (Les soufis). Selon De Turris "c'était là justement le sens de la fable, Cristina Campo en était parfaitement consciente: ses écrits sur la question ne laissent aucun doute sur la dimension spirituelle, sinon carrément initiatique qu'elle conférait non seulement à la fable traditionnelle, mais aussi aux fables d'auteur, comme les fables fran­çaises de la cour du Roi Soleil, justement parce que - guénonienne­ment - elles prennent leurs racines dans la plus authentique culture populaire...". C'est la fable considérée comme riche en "événements rituels (initiations, quêtes, rites de passage, et cetera) qui sont à rattacher au mythe traditionnel comme le pensait Mircea EIiade, ou même dans laquelle sont voilées intentionnellement des `vérités' cachées comme le pensait René Guénon". » pages 8-9, ABBÉ FRANCESCO RICOSSA - CRISTINA CAMPO OU L'AMBIGUÏTÉ DE LA TRADITION - R. PÈRE M.-L. GUÉRARD DES LAURIERS O.P. - Réponse à la "Lettre à un religieux" de Simone Weil

    « C'est l'ex-collabora­teur de Massoneria oggi, Alfredo Cattabiani qui a répliqué à l'article de Veneziani: "le projet culturel que je poursuivais avec des auteurs et des conseillers certainement pas irréligieux comme Augusto çiel Noce, Elémire Zolla, Rodolfo Quadrelli et Cristina Campo était de reproposer une série d'oeu­vres qui témoignent de la présence persistante encore au XXème siècle, d'une culture d'inspiration religieuse traditionnelle au-delà des divisions confessionnelles. Qui possède encore un catalogue de la maison d'édition de cette période, découvrira des auteurs comme Mircea Eliade, Marius Schneider [1903-1982], René Guénon, Hans Sedlmayr, Ananda K. Coomaraswamy, Titus Burckhardt, Seyyed Hossein Nase,, le rabbin Abraham Heschel, Simone Weil, Pavel Florenskji,J. R. R. Tolkien, l'auteur du Seigneur des anneaux (...) » pages 48-49, ABBÉ FRANCESCO RICOSSA - CRISTINA CAMPO OU L'AMBIGUÏTÉ DE LA TRADITION - R. PÈRE M.-L. GUÉRARD DES LAURIERS O.P. - Réponse à la "Lettre à un religieux" de Simone Weil

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