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domingo, 23 de diciembre de 2007

Venite adoremus

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Lux fulgévit hódie super nos:
quia natus est nobis Dominus
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Hoy resplandecerá la luz sobre nosotros: porque ha nacido para nosotros el Señor. Una vez más recordamos el nacimiento del Salvador. La liturgia de la Iglesia celebra hoy una de las fiestas más solemnes. La primera en importancia, luego del Domingo de Pascua.
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La sociedad civil, participa de esta fiesta eminentemente cristiana.Representaciones del Pesebre, árboles de Navidad, luces, regalos, peladillas y tarjetas abundan en los escaparates y vidrieras. Saludos y felicitaciones nos brindamos mutuamente, y hasta algún viejo rencor damos por olvidado haciendo las paces con aquel que estábamos distanciados.
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Pero la Navidad es algo más que eso. Es el principio de nuestra Redención. Es la memoria de un magnífico Misterio: Dios omnipotente y eterno, tomando carne mortal, viene a sumergirse en la Historia de la Humanidad. Sin embargo no lo hace de un modo espectacular. El quiere "pasar por uno de tantos" como dirá San Pablo. Viene pues al mundo como todos los hombres: naciendo de una Mujer.
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Acerquémonos al Pesebre. Allí están María y José, y unos pocos animales. En este establo, no hay comodidad alguna. Hace frío. María está cansada. San José junta un poco de heno y sobre él tiende un manto, para que se recueste su esposa. El silencio reina en las afueras de Belén donde está el Pesebre, y Santa María se queda dormida. José se sienta a unos pocos metros de la Virgen, junto al portal, custodiando la entrada. Finalmente a él también lo vence el cansancio y se duerme.
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Es así que en medio de la noche, Santa María, da a luz al Salvador del mundo. Este es el acontecimiento central de la Historia. Sin embargo, ha sucedido en lo más oculto. El misterio ha envuelto el alumbramiento. El Hijo de Dios viene a la tierra, sin menoscabar la gloriosa Virginidad de su Madre.
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El llanto del Niño despierta súbitamente a San José. Contempla a la Virgen con el Niño en brazos. Es el primero en ver al mismo Dios hecho hombre. Se acerca, he inclinándose profundamente besa los pies de Jesús. Eleva los ojos como queriendo encontrar el rostro de su esposa. Con una tierna mirada, la Virgen le tiende su mano y San José, tomándola entre las suyas, la besa con fervor. Los jóvenes esposos están llenos de Santa Alegría: el Mesías esperado ha nacido. La Obra admirable de la Redención, que culminará con la Muerte y Resurrección de Cristo, ha comenzado.
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Lo que aconteció una vez visiblemente, se renueva todos los días sobre el altar, donde el Hijo único de Dios nace de la palabra del sacerdote, y otra vez se hace hombre. Dice San Jerónimo: "Los sacerdotes llaman a Cristo a la vida por medio de sus labios consagrados". Al igual que en el Pesebre, el Redentor nace de una manera mística en cada Misa.
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Dice el P. Martín de Cochem: "Cualquiera que reflexione en el nacimiento místico del Salvador, encuentra allí una humillación aun más grande todavía. Porque si en Belén era semejante a los otros niños, digamos mejor, si tenía la forma del más hermoso niño, en el altar se anonada bajo la apariencia de pan."
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Como los pastores, vayamos pues a nuestro "Belén", que es el altar donde se ofrece la Santa Misa. Allí, como los pastores, encontraremos a Jesucristo, que viene a la tierra a darnos el Cielo.
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¡Feliz y Santa Navidad!
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Nichán duardo Guiridlian Guarino

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