Archivos del blog

sábado, 22 de diciembre de 2007

Prope est iam Dominus

..
¡Cerca está el Señor! Faltando muy pocos días para la Fiesta de Navidad, les propongo reflexionar sobre este tiempo de espera gozosa, siguiendo el ejemplo de Santa María y San José.
.
Pensemos en éstos dos jóvenes esposos. José de unos treinta años. María no más de diecisiete. No son ricos, ni mucho menos. Después de sus desposorios, cuanto tiempo y esfuerzo habrán invertido para preparar su humilde casita de Nazaret, para el Hijo que va a nacer.Cuantas noches en vela. José trabajando de la carpintería para afrontar los nuevos gastos. María preparando el ajuar. El día no alcanza: es pues necesario sacrificar unas horas de sueño.
.
De por sí, la vida en Palestina no es nada fácil, sobre todo si se es pobre. El terreno es árido, el agua escasea, el día es muy caluroso y la noche muy fría. Y si a esto le sumamos que este es un país ocupado, en el que todos sus habitantes pagan tributo a un monarca extranjero, ya nos podemos imaginar lo difícil que resultaría vivir en la región. En medio de estas dificultades, al inoportuno Cesar, se le ocurre censar a los habitantes del Imperio. Este censo tendrá como fin principal reajustar los impuestos, sobre todo en los reinos sometidos.
.
Nos dice el Santo Evangelio: "Salió un edicto de Cesar Augusto para que fuese empadronado todo el imperio...Subió también José desde galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era`para la casa y familia de David, para empadronarse con su esposa María que estaba encinta." (Lc. 2, 1 y 4).
.
San José, hace los últimos arreglos en la carpintería y entrega los trabajos pendientes. María termina apresuradamente las labores que restan. Y los dos parten para Belén. ¡Que gran ejemplo de humildad! Son los padres del Cristo, rey de los Reyes, y sin embargo, cumplen con la ley de un gobernante ambicioso, sin quejarse. Cuanto esfuerzo extra les habrá implicado preparar el viaje. Pensemos en la Virgen que está en un estado tan avanzado del embarazo. Imaginemos la angustia de San José: ver a María, que lleva a Dios en su seno, y que a pesar de ello tiene que sufrir estas penurias, sin que él pueda hacer mucho por aliviarlas. Que dolor tan grande habrá habido en el alma de José. Es el dolor del que ama profundamente.
.
Y allí van los dos. José camina delante llevando el asno en el que va sentada Santa María, junto a unas pocas pertenencias. La Virgen no se queja: pero está incómoda. El viento que levanta la polvo del camino es muy molesto. Pero seguramente lo que más la angustia es saber que José está preocupado. Los dos saben al peligro que se están exponiendo transitando por la "Via Maris" rumbo a Belén. Los caminos no son nada seguros. Abundan los asaltantes.
.
Sin embargo, María y José siguen avanzando lentamente. A pesar de los sufrimientos, recuerdan el caminar del Pueblo de Israel por el desierto. Del mismo modo que con sus ancestros, es Dios quien los acompaña a ellos y los guía. María es el Arca de la Nueva Alianza, que lleva en su seno a Dios mismo. Tanto María como José conocen esta realidad.
.
Santa María y San José han comido poco. No podían llevar mucha comida tampoco: el viaje se haría muy pesado. Confían pues en poder saciar su hambre cuando lleguen a Belén, "Casa de Pan". Al igual que sus padres en el desierto, han de calmar su hambre con un "pan del cielo". Solo que ahora no será mera comida. Dios los va a saciar con el "Pan de Vida": el Niño Jesús. Por eso, a pesar de las penurias del viaje están llenos de santa alegría.
.
El Mesías esperado durante miles de años está con ellos. ¿Importa algo el sufrir? Pues, no. Como dirá Santa Teresa: "Sólo Dios basta". Este es el pensamiento que ocupa las mentes de María y José. Sufren mucho, es verdad. Pero confían en Dios. Son conscientes de que han sido elegidos por el mismo Dios. Están profundamente agradecidos.
.
En el largo camino a Belén cuantas veces habrán recordado las profecías de la Escritura. Al meditarlas, habrán venido a los labios de María nuevamente las frases del "Magnificat".
.
Santa María y San José nos dan el ejemplo de como tenemos que vivir estos días. Debemos prepararnos con la penitencia y la oración. La Santa Confesión será una buena oportunidad para acercarnos más a Dios. Debemos desprendernos de todo lo superfluo y vaciar nuestro corazón, para hacer lugar al Niño que ha de venir. La mejor forma de mortificación será aceptar la voluntad de Dios, cumpliendo con nuestros deberes de estado.
.
Caminemos pues en estos días, junto a estos Santos Esposos. Acompañémolos hacia Belén. Más bien, que ellos nos acompañen a nosotros con su intercesión y ejemplo.
.
Ven Señor Jesús!
.
Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

1 comentario:

  1. Muy buenas palabras Nichán, me parece muy apropiado reconocer la santa alegría con que sufrian todo, yo en este último tiempo estuve meditando mucho sobre esta santa alegría de Jesús, José y María, la considero una gracia sin igual por parecerme el único camino para vencer todo resentimiento, ella es el reflejo de un gran heroísmo de corazón y espíritu, porque es la renuncia total a uno mismo.

    Esa es la virtud que más me gustaría poder imitar de San Francisco y Santa Clara, pero claro que no es nada sencillo.

    Pax et Bonum
    + Clara de Asís +

    ResponderEliminar