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sábado, 24 de noviembre de 2007

Reinado Social de Cristo

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¡Ven Cristo y reina!
Tuyo es el cielo, tuya la tierra.
Hoy te aclamamos:
Rey de los hombres.
¡Gloria al Señor!
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En la primera encíclica de su pontificado, Pío XI analizaba las causas de los males que abrumaban angustiosamente la sociedad de su tiempo. Poco después, el 11 de diciembre de 1925, publicaba la encíclica “Quas Primas”, proponiendo como único remedio para la salvación de los pueblos y las naciones la aceptación de la realeza de Cristo.
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El Papa comienza la encíclica diciendo:" El mundo ha sufrido y sufre este diluvio de males porque la inmensa mayoría de la humanidad ha rechazado a Jesucristo y su santísima ley en la vida privada, en la vida de familia y en la vida pública del Estado; y es imposible toda esperanza segura de una paz internacional verdadera mientras los individuos y los Estados nieguen obstinadamente el reinado de nuestro Salvador. Por esto, advertimos entonces que la paz de Cristo hay que buscarla en el reino de Cristo” (Quas Primas, nº 2).
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La Realeza Social de Jesucristo, ha sido muy olvidada. Pío IX, en los primeros años del siglo XX, ya se lamentaba de ello. Tristemente, pasados más de 80 años desde la encíclica "Quas primas", las advertencias de aquel Papa siguen vigentes.
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En los últimos tiempos, este rechazo al reinado de Jesús, no solo se ha profundizado en la sociedad civil, sino que ha logrado penetrar en el seno de la Santa Iglesia. Ya sea por la omisión de muchos pastores, o por la oposición de otros, la imagen de Cristo Rey, ha ido oscureciéndose y silenciándose a lo largo de los años.
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Merced a este descuido del clero, los cristianos ignoran el significado de la Realeza Social de Nuestro Señor. En consecuencia, los enemigos de la Iglesia, han podido poco a poco, ir relegando a Jesucristo de la vida civil. Naciones católicas, han suprimido la "Religión de Estado", han quitado crucifijos de las oficinas públicas, han suprimido de sus calendarios días festivos, han reformado sus leyes en pos de poner en un plano de igualdad a la Verdadera Religión con el resto de los cultos. Esto no es ni más ni menos que una "apostasía de las naciones", ante la cuál, muchos obispos han permanecido en silencio.
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Y así, la sociedad ha ido paganizándose. En el lugar del trono de Nuestro Señor, ahora tenemos ideologías políticas acatólicas. El hombre nuevamente, quiere ocupar el lugar de Dios. Pretende construir "su" mundo a espaldas del Creador.
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Pensemos en el comunismo y el liberalismo, dos filosofías políticas contrarias a la Doctrina de Cristo. Las dos por igual excluyen a Nuestro Señor de la vida social y desprecian los valores del Evangelio. Las dos convierten al ser humano en un elemento más al servicio de un sistema perverso. En ambas, los hombres someten a sus hermanos más débiles. En estos sistemas, la Santa Iglesia portadora del Mensaje de Jesús, queda al margen. Resulta absolutamente necesario silenciar su doctrina. Los gobiernos, limitarán el accionar de la Iglesia, manipulando las leyes.
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Los Estados, al no reconocer más un deber especial respecto a la verdadera Religión del verdadero Dios, el bien común de la sociedad civil ya no está ordenado a la ciudad celestial de los bienaventurados, y la Ciudad de Dios sobre la tierra, es decir la Iglesia, se encuentra privada de su influencia benéfica y única sobre toda la vida pública. Quiérase o no, la vida social se organiza fuera de la verdad y de la ley divina. La sociedad se hace atea. Es la muerte del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.
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A pesar de todo, recordemos que a lo largo de los siglos, han desaparecido Estados, han caído poderosos gobernantes, grandes Imperios han sido desmembrados, ejércitos invencibles han sido literalmente aniquilados, han sido depuestos dictadores y han caducado formas de gobierno. Frente a ello, la Iglesia, gobernada por Cristo, su pastor y rey, ha prevalecido.
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Puesta nuestra fe en Jesucristo, pongamos pues los medios para restaurar su reinado social, para que la Cruz de Cristo, esté en medio de todas las actividades humanas. Solo así se alcanzará la paz: paz en los corazones, paz en la familias, paz entre las naciones, paz en el mundo y paz en la Iglesia.
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¡Reine para siempre el Corazón Sagrado de Jesús!
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

1 comentario:

  1. Muy buen trabajo Nichán me gusto mucho.

    En Cristo y María Santísima.
    + Clara de Asís +

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