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miércoles, 7 de noviembre de 2012

+ El infinito valor de la Santa Misa +

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El Beato Juan Pablo II, en su encíclica Ecclesia de Eucharistia, nos recuerda que la Santa Misa: "es el Sacrificio de Cruz que se perpetúa por los siglos."
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La Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, es sin duda el hecho más trascendente de la Historia. Este es el Misterium Fidei, por el que fuimos redimidos. El mismo Hijo de Dios, se entrega a la muerte por la salvación de la humanidad. La Santa Misa, es la renovación "incruenta" de este divino sacrificio. De esto podemos concluir, que la Santa Misa tiene un valor infinito, pues eterno es Aquel que se inmola en el altar.
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Sin embargo, hay otro aspecto de la muerte de Cristo en la Cruz, que la Misa renueva. Es el acto de obediencia a la voluntad del Padre Celestial, que hace Jesús. En la Transfiguración del Señor, Dios Padre deja oír su voz: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias". Estas palabras vuelven a repetirse cada vez que la hostia y el cáliz, recién consagrados, se elevan sobre el altar. Es el mismo Redentor, que se ofrece en obediente sacrificio, a Dios Padre. Es el mismo Jesucristo que con su cuerpo inmolado y su sangre derramada, intercede ante al Padre por nosotros. En consecuencia, no hay nada que no pueda ser alcanzado por medio de la Santa Misa, pues el mismo Hijo de Dios es quien presenta nuestros anhelos al Padre Celestial. El es quien ruega por su Esposa, la Iglesia.
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El 17 de septiembre de 1562, el Concilio de Trento, afirmó: "Tenemos obligación de reconocer que los cristianos no pueden hacer nada más santo ni más divino que estos divinos misterios, en los cuales la Víctima vivificante, es inmolada todos los días por el sacerdote en el altar." Que bondad infinita la de Nuestro Señor, que quiso que todos los días y a toda hora, se esté renovando su augusto sacrificio. Ha querido, que cada cristiano pueda unirse a su Pasión, y uniéndose a ella, pueda no solo alcanzar la remisión de sus pecados, sino rogar por sus necesidades.
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En el prefacio del Misal, la Iglesia exhorta al sacerdote "a tener una alta idea de la excelencia de la Santa Misa y a convencerse de que por una sola oblación se rinde a Dios Todopoderoso un homenaje más insigne, que si se practicase toda clase de virtudes y se sufriesen todas las penas." Puede decirse, que una sola Misa, rezada en el oratorio más apartado, tiene el mismo infinito valor que el Santo Sacrificio de la Cruz, pues son el mismo sacrificio.
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El padre Antonio Molina, cartujo español, en su Tratado sobre la dignidad del sacerdocio, nos ha dejado pensamientos y sentimientos capaces de inflamar el corazón en el amor más ardiente a la Santa Misa: "No hay nada más ventajoso para el hombre, ni más útil para las almas del Purgatorio, que el Sacrificio de la Misa. Su excelencia es tal, que todas las otras buenas obras unidas a la práctica de las virtudes más altas, no valen nada en comparación de ella.
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Siendo así, cristianos, en la Santa Misa tenemos el mejor medio para dar gracias a Dios por sus beneficios, el mejor medio para pedir perdón por nuestras faltas, el mejor medio para rogar a Dios por los vivos y los muertos y el mejor medio para pedir por nuestras necesidades. En todo ello, debemos tener la plena certeza de que seremos escuchados: no somos nosotros los que rezamos, sino el mismo Jesucristo, la segunda persona de a Trinidad Beatísima, el que intercede por nosotros ante al Padre Celestial.
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Escribe San Josemaría Escrivá en Forja: "Mientras asistes a la Santa Misa, piensa (¡es así!) que estás participando en un Sacrifico divino: sobre el altar, Cristo se vuelve a ofrecer por ti."
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Sirvan estas consideraciones, para que amemos más la Santa Misa, y renovemos nuestra confianza en su infinito valor.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

4 comentarios:

  1. Nichán‼ que alegría volver a leer por juventutem post tuyos‼

    La verdad que extraño muchísimo poder ir a una Santa Misa Tridentina. Aunque la Santa Misa Armenia, a la que voy muchas veces, es hermosa, tiene un coro fantástico.

    En ese aspecto, creo que es fascinante conocer cuanta variedad litúrgica que tiene la Iglesia para enamorar, hablando místicamente, a Su Esposo Jesucristo, es como que siempre tiene una joya escondida (por su puesto, fruto de la gracia y la generosidad divina) para sacar a relucir y eso la hace fascinante frente a Dios y los hombres.

    En Cristo y María Santísima.

    + Clara de Asís +

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  2. Deo Gracias que pudiste sortear los avatares tecnológicos para poder postear!!!

    AMDG +

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  3. exceletne! felicitaciones, como siempre, nos tenes acostumbrados a un alto nivel en tus post!


    +laudate Deum in organo et chorus+

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  4. Gracias queridos amigos!
    es un gusto volver a estar entre ustedes!

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