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miércoles, 24 de octubre de 2007

+ Sic transit gloria mundi +

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San Ignacio de Loyola escribe esta carta a San Francisco de Borgia, Noble de España, Duque de Gandia, que acababa de entrar en la Compañía de Jesús. Ignacio se entera de que el emperador Charles V, desea que Francisco de Borgia sea elevado a la categoría de Cardenal. El Emperador ya ha informado al Papa, quien esta listo para acceder ante este deseo. Pero todos los que entran en la Compañía, renuncian a todo titulo honorífico dentro de la Santa Iglesia. Entonces ¿Habría que hacer una excepción para el duque de Gandia u oponerse a la voluntad del Emperador y del Papa ?
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En la carta dirigida a Francisco de Borgia, Ignacio, Superior General de la Compañía naciente, expone la manera en como él ha orado y reflexionado antes de tomar su decisión : la alternancia de sentimientos, la confrontación de movimientos (movimientos interiores) y razones, hasta la resolución del conflicto. Esta carta es un testimonio viviente de la manera de realizar el discernimiento de espiritus, algo muy apreciado para San Ignacio.
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Es de notar al final de la carta, San Ignacio acepta, al igual que la Santísima Virgen con su Hijo, que la Divina Providencia decida otro fin. Subordina su propia voluntad y obra, a una decisión de la Santa Iglesia (que en la figura del Emperador, delegaba ciertas funciones). En esto se ve claramente su profunda obediencia, que dio a las decisiones de la "Compañía de Jesús" la victoria en su lucha por la salvación de las almas del nuevo mundo.
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IHS
Roma, 5 de Junio de 1522
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La soberana gracia y el amor eterno de Cristo nuestro Señor, estén siempre a su favor y ayuda continua.
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En referencia al titulo de Cardenal, me pareció bien de exponerle, como lo haré por mi mismo, lo que pasó por mi mente, por la mas grande gloria de Dios. Desde que fui advertido de que ciertamente el emperador lo propuso y que el Papa estaba contento de nombrarlo cardenal, inmediatamente experimenté una inclinación que me movía a obstaculizar esta operación con todas mis fuerzas. Sin embargo, a pesar de todo, no me sentía seguro de la voluntad divina, de las numerosas razones que me ponían en contra y que me venían a la mente.
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Les solicité a los padres de la casa celebrar una misa y a todos mis hermanos de rezar durante tres días, con el fin de ser guiado en todo por la mas grande gloria de Dios. Durante este periodo de tres días, en ciertos momentos, reflexionando y regresando a este asunto en mi espíritu, sentí algunos temores: carecía de la libertad de espíritu para tomar una posición e impedir el suceso. Me decía a mi mismo: ¿Acaso sé lo que Dios nuestro Señor quiere hacer? Y no encontraba en mi una completa seguridad para oponerme. En otros momentos, cuando retomaba mi oración habitual, sentía que esos temores desaparecían. Continué mi petición en diferentes momentos, a veces con temor, a veces sintiendo lo contrario.
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En fin, al tercer día, durante mi oración habitual y desde entonces, sentí haber hecho un juicio tan decidido y una voluntad, tan suave y tan libre para oponerme tanto como yo pudiera delante del Papa y de los Cardenales, que si no lo hubiera hecho, y sigo estando seguro, no hubiera podido justificarme de una forma valida delante de Dios nuestro Señor, sino al contrario, mis razones hubiesen sido completamente malas.
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Por lo tanto, pensé y lo pienso aun ahora, que fue la voluntad de Dios la que me hizo adoptar esta posición y además un posición contraria, a concederle esta dignidad, sin que sienta la mas mínima contradicción. El mismo espíritu divino pudo moverme a esta conclusión por ciertas razones y mover a los demás al contrario, por otras tantas, para que al final el deseo del emperador se ejecute.
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Que Dios nuestro Señor actúe en todo para que siempre se realice su obra mas grande y su gloria mas grande. Será oportuno, pienso yo, que sobre esta cuestión, usted responda a la carta que le ha escrito de mi parte, el maestro Polanco. Declare en ella, la intención y la voluntad que Dios nuestro Señor le haya mostrado o le vaya a mostrar. Dejemos todo a Dios nuestro Señor, para que en todos nuestros actos se realice su mas santa voluntad.
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Ignacio.
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San Francisco de Borja despidiendosé de su familia.


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