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viernes, 19 de octubre de 2007

+ MISTERIUM FIDEI +

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HIC EST ENIM CÁLIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETÉRNI TESTAMÉNTI MISTERIUM FIDEI
QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS
EFUNDETUR IN
REMISIONEM PECCATORUM

(Palabras de la consagración del vino)

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R.P. Rafael Navas Ortiz
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INTRODUCCIÓN.

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El Santo Sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra Fe, el dogma por excelencia... “Misterio escondido desde tantos siglos en Dios”. El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”.... “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene una Misa”.
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San Juan Eudes dice que “se necesitaría una eternidad para preparar una Misa, otra eternidad para celebrarla y una eternidad para dar gracias por haberla celebrado”.
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El Padre San Pío de Pietrelcina afirma que “el mundo podrá existir sin sol, pero no sin la Santa Misa”.
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Estando dada la infinitud de lo que es el acto más grande que puede existir, aquí vamos a tratar de aproximarnos al misterio de nuestra Fe y concientes de nuestra indignidad, balbucearemos como un infante que aprende repitiendo lo que oye de su madre; para esto, lo haremos a la luz de la enseñaza y práctica secular de nuestra Madre la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
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La Misa es el centro y el corazón de la Iglesia, el alfa y el omega. Todo parte del amor misericordioso, del amor de Dios por la criatura: la crea y la redime “todo lo que fue hecho sin El no fue hecho”.
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El acto creador de Dios corresponde a su deseo de difundir, fuera de Sí, el ser, el bien, la belleza que en El existen de modo esencial. “Bonum difusivum sui”. El bien es difusivo de por sí. Crea con orden, belleza, bondad, etc.; Dios refleja sus perfecciones en la obra creada... pero El quiere comunicar aún más, quiere comunicar su vida intima: La felicidad suprema de las relaciones trinitarias... ¿Crear otro Dios? Es imposible, no puede haber dos infinitos… y por decirlo así, (al modo humano) Dios decide crear un ser que fuera como una síntesis de la creación (un cuadro sinóptico) que contuviera en sí todos los elementos del orden creado: Ser, mineral, animal, y espíritu, para, uniéndose a él, unirse a su creación completa y así, por la unión de las dos naturalezas, divina y humana (en la Unica Persona divina del Verbo Encarnado) toda la creación participaría de la felicidad intima, del gozo sempiterno de las relaciones trinitarias:
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“entonces Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” Dios crea a su imagen la naturaleza racional del hombre con la semejanza del estado de gracia, con todos los dones que ello implica: participación de la naturaleza divina, (ejus divinitátis esse consórtes,…) “consortes de la divina naturaleza”.
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He ahí el plan maravilloso del Amor (del don) de Dios: comunicar su vida íntima (“vine para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”), la plenitud de su felicidad trinitaria (“ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre puede imaginar lo que Dios prepara para los que lo aman”).
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Por la gracia dada a la naturaleza resumida en el animal racional, creado a imagen y semejanza de Dios; pero, como se trata de Amor, requiere la libre correspondencia de la criatura amada de tal manera; era y es libre y voluntariamente que debería corresponder (el amor no voluntario no es amor).
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El hombre desobedeció, no correspondió a Dios y se separó de Dios, quiso no amar a Dios, quiso ser como Dios y se desligó, rompió con Dios: pecó destruyendo esa semejanza gratuita, y amorosa que había recibido de Dios, que lo hacía hijo de Dios, perdió la gracia, y así toda la naturaleza contenida en él; quedo afectada y ahora también ella “gime como con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios”.
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El amor de Dios agraviado no renuncia a su plan de comunicar Su vida, su felicidad íntima a su creación en el hombre: “te amé con Amor eterno y por eso, Misericordioso, te atraje hacia mí”. Ahora esa unión de Dios con su criatura se hará por medio de la Encarnación redentora para reparar el pecado y volver a ligar (de ahí la palabra re-ligión) a la criatura con su Creador, lo que se efectúa realmente en ese supremo acto de religión: el Sacrificio del Calvario (“cuando sea levantado en lo alto atraeré a todos hacia mí”).
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Se inicia la historia del hombre expulsado del Paraíso, guiado por la esperanza magnífica de la Restauración victoriosa: “Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu raza y la de Ella, Ella te aplastará la cabeza…”
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El Verbo de Dios, en la plenitud de los tiempos, se encarnó en el seno de una Virgen realizando todo lo anunciado desde tantos siglos.
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Llegada su Hora, para la cual había venido, antes de su Pasión sangrienta va a celebrar por anticipado, y a dejarnos, Su Sacrificio de manera incruenta. Él, el mismo Verbo Eterno, por el cual el mundo fue hecho con su sola palabra por la que se produjo de la nada toda la creación, va a tomar las especies del Pan y el Vino para pronunciar las palabras de la Consagración y producir el Milagro de la Transubstanciación (su Palabra es eficaz y produce lo que dice: Esto es mi Cuerpo... Este es el Cáliz de mi Sangre... y luego pensando en todos los hombres comunica su sacerdocio para perpetuar este sacrificio; les da el poder y la orden:
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HACED esto en memoria mía...”
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¡HACED! luego consume y da a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre como reiteradamente lo había anunciado.
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Es verdad que la palabra transustanciación no está contenida en la Escritura; pero, el hecho está claro, de la cual ha dejado pistas claras: Dice el Evangelista San Lucas XXII,18: “Os aseguro que ya no beberé del sumo de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” y dos versículos mas adelante San Lucas XXII,20: Consagra y toma del Cáliz consagrado.
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Si Cristo no puede mentir, como es lógico, lo que ha consumido, después de la Consagración no es más la sustancia del sumo de la vid, sino verdaderamente su Sangre bajo la especie del vino.
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EXPLICACIÓN DE LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ESPECIES COMO REALIZACIÓN DEL PLAN DE AMOR DE DIOS
(del mineral a la Comunión)

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El efecto propio de la Santísima Eucaristía es la perfección y consumación de la vida sobrenatural por la íntima unión del hombre con Cristo y su Cuerpo Místico.
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Ahora bien, es propio del alimento transformarse en la sustancia del que lo come y hacerse uno con él, según lo declara Santo Tomás:
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“El efecto propio de cualquier sacramento debe apreciarse y juzgarse por la analogía con la materia del sacramento, la materia de la Eucaristía es un alimento; es pues necesario que su efecto sea análogo al de los manjares. El que toma alimentos corporales los transforma en él...; pero la comida Eucarística, en vez de transformarse en aquel que la toma, lo transforma a éste en ella.
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Síguese de aquí que el efecto propio de este sacramento es una tal transformación del hombre en Cristo, que puede, en realidad decir con el Apóstol: “Vivo yo, o más bien no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”.
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Gal. 2,20. (4 Sent. Dist. 12 q 2 a 1)
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El inferior es asimilado y transformado en el superior, sirviéndolo: minerales –barro , guano- plantas, animales –vida sensible- hombres -hominización- Cristificación por la Comunión: Ser; vida vegetal; vida sensible; vida racional; vida de Cristo.
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Además como dice San Alberto Magno:
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“Siempre que se unen dos sustancias de modo que una deba cambiarse y transformarse en otra, entonces la sustancia superior, más noble y activa, se asimila la inferior más débil e imperfecta.
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Siendo, pues, el alimento Eucarístico de naturaleza superior y más perfecta, tócale a él recibir la asimilación y cambiar al hombre que la recibe espiritualmente en Cristo”
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(In 4 Sent., dist. 9 a. 4 ad 1)
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Por la comunión somos Trinificados, dice Santo Tomás:
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- La verdadera unidad y solidaridad Humana se genera y realiza por y en la Comunión.
- La verdadera unidad y solidaridad Familiar se genera y realiza por y en la Comunión.
- La verdadera unidad y solidaridad Social se genera y realiza por y en la Comunión.
- La verdadera unidad y solidaridad Política se genera y realiza por y en la Comunión.
- Etc. .

NECESIDAD NATURAL DEL SACRIFICIO


En la historia de la humanidad encontramos diversidad de pueblos, diversos grados de cultura, algunos llegaron a ignorar la rueda o el fuego o la escritura pero no existe uno que no tenga religión y no se encuentra ninguna religión que no tenga algún tipo de sacrificio como acto central y ningún sacrificio sin sacerdote deputado para ofrecerlo.

La palabra sacrificio significa: sacrum factum, hacer algo sagrado es la oblación de algo sensible con la inmutación hecha a Dios de modo legítimo en reconocimiento de su majestad y bondad suprema y de nuestra sumisión a la misma.

Metafísicamente es un signo sagrado que tiende al culto divino por la significación anexa visible de algo invisible, físicamente es la cosa sacrificada (sensible y sustancial por la acción que se realiza) oblación e inmolación o inmutación.
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Teológicamente es la expresión objetiva de la Excelencia de Dios principio de todo y Señor absoluto, sumo Bien y último fin.

- El hombre busca testificar los afectos internos del alma, por los que se consagra a Dios.

- El sacrificio externo refleja el interno que busca dar un culto a Dios.

- La finalidad natural del culto que el hombre debe a Dios es:
  1. Latréutica (excelencia de Dios-sumisión del hombre).
  2. La bondad de Dios exige una finalidad eucarística (gracias por los bienes pasados)
  3. Impetratoria para pedir los beneficios que esperamos recibir.

Pero estando dado el pecado del hombre no puede prescindirse en el sacrificio, ofrecido a Dios, de la razón propiciatoria, pues después de haber ofendido a Dios ningún sacrificio sería aceptable si no contiene el sentido propiciatorio que busca desagraviar por el pecado cometido.
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Además sólo el sacerdote (deputado) lo puede ofrecer. Y más cuando se trata del Sacrificio Supremo del cual todos los demás son figuras: San Pablo lo dice: “todo Pontífice tomado de entre los hombres, es puesto a favor de los hombres, en aquellas cosas que tocan a Dios para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados”.
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EL RITO ESTABLECIDO Y NO INVENTADO
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Los Apóstoles a la cabeza de la Iglesia, fundada por Cristo sobre Pedro, han de continuar este supremo acto del Sacrificio en el que se manifiesta el amor de Dios que busca realizar la unión con su criatura (nadie ama más que aquel que da la vida por aquellos que ama”), fuente de la mayor gloria de Dios, razón de ser de la creación en el que el mismo Cristo continúa por medio del sacerdote realizando este acto el que ofrece el Sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre.
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Conviene aclarar lo que se entiende por la palabra rito. El reputado liturgista Mons. Klaus Gamber en su obra “La Reforma de la Liturgia Romana”, prologado por varios obispos y tres cardenales dice que “lo podemos definir como las formas reguladoras del culto que remontándose en definitiva hasta Cristo, han nacido, una a una, a partir de la costumbre general y sancionadas después por la autoridad eclesiástica”.
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Entonces: Los ritos, antes de ser sancionados, es decir, oficializados por la Iglesia siempre fueron, según la misma definición de Rito, primero costumbres de dar culto a Dios, que remontan su origen a la Revelación y que expresan la concepción que tiene la Fe, de Dios, y de todo lo que es el hombre frente a Dios, de las relaciones de la criatura con su Creador.
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Los Ritos también ejercen necesariamente una función pedagógica y, por lo tanto, deben ser fieles a su razón de ser: Vincular, por la Fe que se expresa, al Hombre con Dios, que son realidades distintas y objetivas, como Dios lo estableció.
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Sí; le Rito expresa la Fe; esta correspondencia es necesaria. También es válida para el error, cuando se expresa en ritos, como lo hicieron los herejes. Un cambio de la Fe exige un cambio correlativo en el Rito.

Paul Bourget (escritor católico del S. XIX): “Es menester vivir como se piensa, so pena de terminar, más tarde o más temprano, pensando como se vivió”. Lo mismo para la forma de dar culto a Dios: Es menester celebrar el culto que exprese la Fe revelada por Dios, so pena de terminar creyendo como se celebró.

Si el Rito expresa la unión de dos realidades, vinculándolas por el culto, (Dios y Hombre) y esas dos realidades no cambian en su naturaleza ni en su esencia, cuando se tiene el Rito apropiado al culto debido, que expresa la Fe revelada, en cierto sentido ese Rito es inmutable.

Me explico:

  1. La Naturaleza tanto divina como humana, vinculadas por el culto dado por medio del Rito, son inmutables (esto se niega si se tiene una fe evolucionista y panteísta o se define la Fe como un sentimiento).
  2. La Fe (que debe expresar el Rito) también es inmutable. La fidelidad a lo esencial no puede, sin daño a la Fe, afectarse por la adaptación a lo accidental (esto se niega cuando se define la Fe como un sentimiento que nace de la profundidad del inconsciente y no como el a-sentimiento (sin sentimiento) de la razón a la autoridad de Dios que revela verdades, a la
    inteligencia, inmutables definidas y propuestas como tales por el Magisterio establecido por Dios; o cuando se hace prevalecer la influencia cultural de geografía, raza, temperamento, evolución histórica, etc.).

Por lo tanto, el Rito como la Naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre, como la Fe que debe expresar, después de haber sido costumbre canónica y en esa condición ha sido practicado y aceptado pacíficamente (a veces de tiempos inmemoriales) con el reconocimiento unánime de la Iglesia, es un rito inmutable. De ahí que su fijeza e invariabilidad lo hagan un rito de la Iglesia Universal y no un rito del Padre tal o tal o de la cultura tal o del folklore tal, como pretende el Modernismo.

Puede, con estas características, haber varios ritos, como de hecho existen desde tiempos inmemorables reconocidos en la Iglesia.

De manera pues que, como vemos: El rito nace de la costumbre general; ya en el Antiguo Testamento el sacrificio inspirado por Dios a Moisés, para anunciar y prefigurar el Sacrificio del verdadero Cordero de Dios, se hace de acuerdo a un ritual igualmente establecido o inspirado por Dios.
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Es el Sacrificio actual de la Nueva y Eterna Alianza realizado por el Verbo Encarnado el que ilumina y da coherencia a la significación de toda la historia Antigua, la cual sería oscura e incomprensible si no se la ilumina por su ordenación al Mesías Redentor.
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Los sacrificios del Antiguo Testamento, dice San Agustín, “eran sólo figuras que presagiaban y simbolizaban de modos diversos el Sacrificio de Cristo”
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La realidad instituida por Cristo en la Última Cena será transmitida y continuada de siglo en siglo, por la Liturgia católica que formándose y enriqueciéndose a partir de ese núcleo esencial, de manera comparable a cómo los anillos que se forman alrededor de los troncos de los árboles o también como una joya preciosísima puesta en un anillo alrededor de la cual se añaden con el paso de los tiempos otros brillantes que la resaltan, eso es lo que se conoce como Misa Tridentina, Misa Gregoriana o Misa de siempre.

Dice Mons. Gamber: “en sentido estricto no hay Misa Tridentina porque como resultado del Concilio de Trento no se creó un nuevo ordinario de la Misa; el “Misal de San Pío V” no es otra cosa que el Misal de la curia que vio la luz en Roma muchos siglos antes (.....), pero que jamás había sido impuesto de forma obligatoria”.
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Nunca existió en la Iglesia hasta 1969, estrictamente hablando, un rito nuevo, teniendo en cuenta el significado de la palabra Rito.
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Veamos sucintamente un resumen de la historia de la Misa:

SIGLO I: Nuestro Señor Jesucristo realiza el Sacrificio de la Nueva Aalianza prefigurado y anunciado desde tantos siglos instituyendo la Eucaristía y el Sacerdocio

SIGLO II: El acto y la acción del Divino Salvador se transmiten y aparecen los rasgos primitivos del Canon Romano, la Iglesia primitiva llama a la Misa Oblatio y Misterium Fidei como lo atestiguan la Didaché, la epístola de San Clemente, la de Bernabé; los escritos de San Ignacio, San Justino y San Ireneo.

SIGLO III: En Roma se empiezan a marcar las partes del Canon Latino, se establecen los elementos dogmáticos de la Misa a través de encíclicas de los papas y en los concilios locales se establece un libro litúrgico en latín, conteniendo el canon para mantener la unidad de lo esencial cuando se celebre la Misa.

SIGLO IV: El emperador Constantino concede la paz y la libertad a la Iglesia dando la posibilidad de la celebración pública; en esta época ya encontramos cuatro ritos diversos: el de Antioquia, el de Alejandría, el rito Romano y el Galicano; pero todas las partes de la Misa se encuentran en cada rito desde el Siglo II. En esta época se le da el nombre de Misa. Aparecen las primeras sectas con sus herejías antiliturgicas como la de Vigilancio y el Arrianismo que negaban la divinidad de Cristo, comulgaban de pie y en la mano, disminuyendo por lo tanto los signos de orden y respeto a la Sagrada Eucaristía. No adoraban.

SIGLO V: A partir de este siglo surgió la tendencia a la unificación occidental sobre el modelo del Santo Canon, enteramente compuesto por las mismas palabras del Señor, de las tradiciones recibidas de los Apóstoles y de las devotísimas instituciones de los Santos Pontífices; el rito Ambrosiano en Milán, la liturgia mozárabe de origen ibérico y las liturgias maronitas de Siria y Malabares que toman lo principal del Canon Romano (Cfr. Denzinger 942).

SIGLO VI: Se enriquece el Canon Romano y se perfecciona a través de oraciones para dar el impulso a la conversión del imperio; sobresale la doctrina esencial del rito del Sacrificio contenida en el Misal, que se resume en dos palabras:

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Transustanciación y Sacrificio Propiciatorio

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SIGLO VII: San Gregorio Magno consolidó el tronco común del Ordo Misae denominado varios siglos más tarde de San Pío V. A partir de este Papa se considera el texto, el orden y la disposición de la Misa que él nos transmite como una tradición sagrada que remonta a los Apóstoles y que no se debe reformar, salvo en detalles secundarios.
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SIGLO VIII: La Misa para esta época es explícitamente el eje central para la evangelización de los pueblos.
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SIGLO X: Hasta este siglo la presencia real de NSJC en la Eucaristía ni se dudaba ni se discutía, tanto sacerdotes como laicos profesan la Fe con certeza clara de que después de la Consagración lo que hay en el altar es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El primero que osó negar esta verdad de fe fue Berengario de Tours que inició la herejía que afirma una mera presencia simbólica y no real en la Sagrada Eucaristía (Cfr. Dz. 355).
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SIGLO XI: La expresión de los ritos de la Misa se enriquece con los cantos gregorianos, el órgano y una buena acústica en las catedrales góticas.
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SIGLO XIII: El Concilio de Letrán declara el dogma de fe que después de la consagración se convierten de modo sustancial en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

SIGLO XIV: Algunos sacerdotes colocan los cimientos de la revolución protestante al negar la presencia real de Cristo en la Eucaristía entre ellos Juan Wiclef, Lolardo Walter y Juan Huss, entre otros.
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SIGLO XV: Con el renacimiento del paganismo surge el aturalismo que ataca las bases sobrenaturales de la Religión Católica incluido el sentido sacrificial de la Misa.
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SIGLO XVI: Los herejes Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, Juan Calvino y el rey de Inglaterra, Enrique VIII, buscan deformar el culto exterior de la Iglesia centrando sus esfuerzos destructivos sobre tres puntos esenciales:

  1. Negación del carácter de Sacrificio Propiciatorio de la Misa, quedando sólo en una especie de asamblea comunitaria sin consagración que sería un simple memorial de la Cena pascual
  2. Negación de la transustanciación. Dicen que Cristo solo está presente de manera espiritual en medio de la asamblea que se reúne en su nombre. La Eucaristía es sólo un símbolo a ser reconocido por la fe de los que asisten, por eso la toman con la mano y se reparte vino a los asistentes.
  3. Negación del Sacramento del Orden Sacerdotal, que es reemplazado por el sacerdocio colectivo de los fieles presidido por un pastor de la asamblea.

Frente a estas herejías el Espíritu Santo Suscitó la acción del Concilio de Trento y de San Pío V para canonizar el orden litúrgico y así establecer una barrera sólida contra la herejía. Fruto de este celo apostólico son los cánones sobre la Misa y la bula Quo Primum Tempore que garantiza el derecho a perpetuidad, sin que nadie pueda legítimamente impedirlo, a cualquier sacerdote hasta el fin del mundo, que quiera celebrar como el rito que hoy se conoce con el rito de San Pío V (Cfr. Dz 942).

Me permito recordar estos cánones...

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CÁNONES DEL SACRIFICIO DE LA MISA


CAN. I. Si alguno dijere, que no se ofrece a Dios en la Misa verdadero y propio sacrificio; o que el ofrecerse este no es otra cosa que darnos a Cristo para que le comamos; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que en aquellas palabras: Haced esto en mi memoria, no instituyó Cristo sacerdotes a los Apóstoles, o que no los ordenó para que ellos, y los demás sacerdotes ofreciesen su cuerpo y su sangre; sea excomulgado.
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CAN. III. Si alguno dijere, que el sacrificio de la Misa es solo sacrificio de alabanza, y de acción de gracias, o mero recuerdo del sacrificio consumado en la cruz; mas que no es propiciatorio; o que sólo aprovecha al que le recibe; y que no se debe ofrecer por los vivos, ni por los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones, ni otras necesidades; sea excomulgado.
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CAN. IV. Si alguno dijere, que se comete blasfemia contra el santísimo sacrificio que Cristo consumó en la cruz, por el sacrificio de la Misa; o que por este se deroga a aquel; sea excomulgado.
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CAN. V. Si alguno dijere, que es impostura celebrar Misas en honor de los santos, y con el fin de obtener su intercesión para con Dios, como intenta la Iglesia; sea excomulgado.

CAN. VI. Si alguno dijere, que el Canon de la Misa contiene errores, y que por esta causa se debe abrogar; sea excomulgado.
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CAN. VII. Si alguno dijere, que las ceremonias, vestiduras y signos externos, que usa la Iglesia católica en la celebración de las Misas, son más bien incentivos de impiedad, que obsequios de piedad; sea excomulgado.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que las Misas en que sólo el sacerdote comulga sacramentalmente son ilícitas, y que por esta causa se deben abrogar; sea excomulgado.

CAN. IX. Si alguno dijere, que se debe condenar el rito de la Iglesia Romana, según el que se profieren en voz baja una parte del Canon, y las palabras de la consagración; o que la Misa debe celebrarse sólo en lengua vulgar, o que no se debe mezclar el agua con el vino en el cáliz que se ha de ofrecer, porque esto es contra la institución de Cristo; sea excomulgado.

Hasta aquí la enseñanza infalible del Concilio de Trento.

Es necesario resaltar aquí que Su Santidad Juan Pablo II en su última Encíclica –“Ecclesia de Eucaristía” sobre la Eucaristía recuerda la enseñanza de que el referente teológico para la Misa es el Concilio de Trento.
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SIGLO XVII: La liturgia codificada por San Pío V sufrió alteraciones desde fines de este siglo, especialmente en Francia, por influencia del galicanismo, del protestantismo y del jansenismo. Algunas de estas alteraciones fueron: disminución del espíritu de oración, reducción del culto a la Santísima Virgen y a los santos; aumento de las lecturas bíblicas; en algunos lugares se reemplazó el altar por una mesa, sin embargo, nadie tocó el canon, que se siguió rezando en latín, pero en voz alta.

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SIGLO XVIII: Continúa la tendencia a la desacralización y a la profanación del templo, la disolución y la anarquía litúrgica. Hubo muchas diócesis con liturgias particulares. El Sínodo de Pistoya fue condenado en 1794, por atentar contra la pureza del rito de la Misa.
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SIGLO XIX: La Misa fue restaurada en su pureza, principalmente en 1830, en Francia, por influencia de Dom Guérarger, fundador de la abadía de Solesmes. El Papa León XIII (1878-1903) en su encíclica “Mirae charitatis” defiende la Misa atacada por el racionalismo y el liberalismo.
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SIGLO XX: Se ataca de nuevo la Misa con la herejía modernista. Surge un movimiento litúrgico bueno en sus comienzos pero desviado en su fase final: en la Misa prevaleció el aspecto pastoral sobre el aspecto cultural y el positivismo nacionalista se quiso imponer sobre el culto debido a Dios.

A fines de 1947 SS Pío XII trató en vano de poner atajo a la larvada subversión litúrgica publicando la encíclica “Mediator Dei”, la cual condena el llamado “arqueologismo litúrgico” o el argumento de volver a ritos arcaicos. Prohíbe reemplazar el altar tradicional (Con el Ara consagrada como corresponde a un Sacrificio que se realiza) por una mesa despegada del Sagrario que sólo figuraría una Cena Memorial.

El 25 de julio de 1960 el Papa Juan XXIII publicó el Motuo Proprio Rubricarum Instructum” aprobando y promulgando las úbricas últimas del breviario y del Misal romano de la Misa de san Pío V.

El 22 de febrero de 1962 Juan XXIII publica la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia” acerca de la importancia del estudio del latín y de su utilización en las acciones litúrgicas y en la Misa, porque como lengua sagrada conserva viva e inmutable la doctrina de la Iglesia. Dijo: “Mandamos que la lengua latina sea conocida, enseñada y por todos diligentemente conservada”.

Así llegamos al año 1969, siendo pontífice el Papa Pablo VI, el día 1° de noviembre se instala en la Iglesia una nueva Misa... fabricada por una Comisión a cuyos trabajos fueron invitados seis Pastores protestantes.

-Desde que se publica el NOM, teólogos calificados, Pastores de almas, presbíteros, y algunos prelados quedan impactados con las “novedades” de la nueva liturgia; alertaron al Santo Padre y a las autoridades de las “carencias” del nuevo rito. Que sin ser en sí inválido corría el riesgo de favorecer interpretaciones contrarias a la doctrina definida sobre el Santo Sacrificio de la Misa, lo que no es posible decir del Rito tradicional, de la Misa llamada de San Pío V.

-Particularmente porque había vacíos en la necesaria manifestación de la doctrina sobre la presencia real. El misterio de la Transustanciación se expresaba de modo ambiguo... como si la presencia real se pudiera confundir con o se equiparara a la espiritual... o a la Liturgia de la Palabra.

-Lo mismo con la verdad esencial de la necesidad indispensable del sacerdocio ministerial para que haya Misa (como lo ha recordado de nuevo el Santo Padre Juan Pablo II en su última Encíclica sobre la Eucaristía). La Misa no la celebra “el pueblo de Dios o asamblea de fieles reunida en nombre de Jesucristo” y cuyo presidente sería el sacerdote” como se afirmó el famoso el Art. 7 del Fundamento Doctrinario de la nueva liturgia... estos equívocos pueden eventualmente permitir una celebración inválida, cosa que difícilmente puede suceder con el rito multisecular.
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-Y luego, la noción de “sacrificio propiciatorio” es la definición misma dada por el Concilio de Trento; la Misa no puede ser sólo un sacrificio de acción de gracias: “Eucaristía”; no es sólo un sacrificio de alabanza sino esencialmente un Sacrificio Propiciatorio (como vimos, es la condición necesaria después del pecado).
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Estas son 3 verdades fundamentales e imprescindibles al carácter católico de la Misa.
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-Los cardenales Ottaviani y Bacci se hicieron eco de estas inquietudes y alertando sobre las posibles consecuencias funestas de lo realizado, (que lamentablemente con el tiempo se han realizado) presentaron un breve examen crítico del NOM al Papa, pidiéndole dos cosas:
  1. Que no fuera abrogado el rito tridentino.
  2. Que de todos modos fuera dejado el libre uso a los sacerdotes de celebrar la Misa Tradicional.

- Desafortunadamente dicho documento sólo sirvió para que se recorrigiera el Art. 7 haciéndolo más conforme con la doctrina católica ya que era verdaderamente de tenor protestante. Inclusive el Card. Journet muy allegado al Papa, que lo hizo Cardenal, llegó a decirle: “Esta definición del Art. 7 de la Misa es herética”... ¿cómo se pudo hacer?

- A pesar de las altas instancias que se presentaron en ese momento no se hizo nada a favor del rito tradicional.
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- Entonces, poco a poco, se organizaron grupos laicos en mayor o menor cantidad en diversas partes del mundo decididos a apoyarse en los sacerdotes que comprendían la necesidad de servirle a la Iglesia evitando, en cuanto estuviera de su parte, la extinción de un rito que en su esencia se remontaba a los Apóstoles.
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- Esta resistencia impresionó a la jerarquía. No esperaban ver esta reacción de fieles, que a priori son dóciles a las orientaciones romanas... pero en este punto crecen de más en más estas reacciones… el propio Cardenal Ratzinger ya advertía el fenómeno que se generaba y por otro lado fundamenta la reacción de pequeños grupos y que fue creciendo de más en más; en uno de sus varios textos sobre la Liturgia escribió:
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" Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa en materia de liturgia (...). Así fue como desapareció, en grandes zonas de la conciencia difusa de Occidente, la noción de liturgia como algo que nos precede y que no puede ser ´hecho´ a nuestro antojo.
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Pero de hecho, el concilio Vaticano 1º no pretendió definir en absoluto al Papa como un monarca absoluto, sino, por el contrario, como el garante de la obediencia a la palabra transmitida: su potestad se liga a la tradición de la fe, lo que rige también en el campo litúrgico (...). La autoridad del Papa no es ilimitada: está al servicio de la santa tradición ".
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(JOSEPH RATZINGER, Introducción al Espíritu de la Liturgia , Ediciones San Pablo, pág. 162.)
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- De manera que el Papa, para detener este fenómeno creciente, debió intervenir. Lo hizo en el consistorio del 24 de mayo de 1976. Puso todo el peso de su autoridad pontifical para pedir a todos que fuera celebrada la Misa nueva.

- A pesar de esta insistencia del Soberano Pontífice, poniendo de presente su autoridad, la “Tradición” continúa; inclusive una diócesis, en Campos, Brasil, con su Obispo a la cabeza, manifiesta al Papa, con argumentos teológicos, su intención de mantener el rito tradicional y así pudo hacerlo oficialmente, sin que tuviera mayores inconvenientes para hacerlo, y sin replicas a su argumentación para tal resolución.
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- Se llega a 1984 con la publicación de la “carta del indulto”
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Quattuor Abhinc Annos: Constatando el aumento de la reacción, Roma autorizaba al Ordinario del lugar a conferir un indulto a los sacerdotes y fieles que desearan mantener la Misa Tridentina. Pero ponía como condición no tener ninguna relación con la FSSPX si querían beneficiarse del indulto.
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- Es claro que esto era fundado en condiciones tales, que se daba el indulto justamente a los que no querían la Misa. Era una simple concesión, provisoria, esperando la desaparición de la generación antigua que por nostalgia, se decía, aún se apegaba a formas litúrgicas superadas.
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Pero la opción por el Rito Tradicional continúa creciendo en el mundo católico, en la medida que se hace evidente el deterioro de la Fe y la llamada “apostasía silenciosa” en grandes parcelas de la Iglesia, lo que no deja de inquietar a la Suprema Autoridad.
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- Y en 1986, constatando el aumento del deseo de la Misa Tradicional, el Papa nombra una Comisión de Cardenales (esto sólo fue público en 1995 cuando el Card. Stickler dio una conferencia en EUA) haciéndoles dos preguntas:
  1. ¿Está abolida la Misa Tridentina?
  2. ¿Puede un Obispo prohibirle a un sacerdote, canónicamente en orden, decir la Misa Tridentina?

Y dice el Cardenal que 8 de los 9 cardenales habían reconocido que la Misa Tridentina no había sido abolida y que ningún obispo tenía la posibilidad jurídica y canónica de prohibirle a un sacerdote celebrar la Misa Tridentina y los sacerdotes no pueden ser obligados a celebrar el Nuevo Rito de la Misa.

Y más aún, en 1986 esta Comisión de Cardenales daba una solución de paz itúrgica proponiéndole al Papa reconocer la libertad, para todo sacerdote, de escoger entre la Misa Nueva y la Misa Tridentina.
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El Sr. Eric de Saventhem, Presidente de Una Voce internacional, daba textualmente esta proposición:
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“para cada Misa celebrada en lengua latina –con o sin fieles presentes- el celebrante tiene el derecho de escoger libremente entre el Misal de Pablo VI (1970) y el de Juan XXIII (1962)”.
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-Era un gran avance si se compara esta propuesta de 1986 con las palabras de Pablo VI en 1976.
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- Es el mismo Card. Stickler quien nos revela que esta propuesta suscitó una gestión -Lobby- de cardenales y personalidades del episcopado, francés en particular y de países de la cuenca del Rhin, que vinieron a ver al Papa diciéndole “sobretodo no permita esta libertad litúrgica, esa libre escogencia del ritual”.
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- El Papa que había aceptado en principio la propuesta de la comisión debió retroceder... todo quedó igual.
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- Luego en 1988, con ocasión de las consagraciones episcopales en Econe, aparece un nuevo texto: el Motu Proprio “Ecclesia Dei Aflicta”, quiérase o no, es un nuevo paso a favor de la Misa tradicional. El Papa pide que verdaderamente las autoridades locales, sean “amplios y generosos” en dar facilidades para la celebración de la Misa Tradicional. Nacen varias comunidades llamadas de “Ecclesia Dei”.
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- Pasan 10 años más y en la peregrinación a Roma de dichas comunidades en 1998, asisten a una conferencia del Cardenal Ratzinger en la que él pide que sea reconocida la Misa de San Pío V. Poco a poco sus pronunciamientos y argumentos de este Cardenal a favor de la Misa Tradicional junto con los otros Prelados se hacen más claros, y frecuentes. Poco a poco regresa sobre el terreno la Misa Tradicional. Citemos sólo uno, entre varios, en el libro “Le sel de la Terre, p. 172-173” dice lo siguiente:
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“Ciertamente soy del punto de vista que se debería acordar mucho más generosamente a los que desean el derecho de conservar el antiguo Rito, por lo demás no se ve qué tendría esto de peligroso o inaceptable. Una comunidad que declara de un momento a otro estrictamente prohibido lo que para ella era hasta entonces lo más sagrado y lo más alto, o que se le presenta como siendo inconveniente la extrañeza que tiene de ello, se pone ella misma en cuestión ¿Cómo aún se le creerá? ¿No irá a prohibir mañana lo que hoy prescribe?..... Desgraciadamente la tolerancia con las fantasías es entre nosotros casi ilimitada, pero es prácticamente inexistente en relación a la antigua liturgia. Así, ciertamente se está en el mal camino.”
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En enero del 2002, con la creación de la Administración Apostólica “San Juan Ma. Vianney” el Papa da un paso sin precedentes desde 1969 para el retorno de la Misa y no es ya como “una concesión pasajera y provisoria” sino claramente como un derecho que se les reconoce como “facultas” que el Santo Padre les da para celebrar el Rito Tradicional (será necesario que este reconocimiento se extienda a todos los que quieran conservar el Rito Tradicional. Los Padres de Campos, con el reconocimiento de su “facultas” para el Rito Tradicional, dependen pues de la Congregación para el Clero y no de la Comisión “Eclesia Dei”.
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Que se reconozca el derecho de la Misa Tradicional y restaurarán la Iglesia, la familia, habrá fuerza para luchar contra la imposición del paganismo, del homosexualismo, del terrorismo... veremos la Proclamación del Reino de Cristo por la Misa Tradicional.
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Renacerá el espíritu misionero, florecerán las vocaciones con el ortalecimiento de la familia Cristiana, habrá más que una esperanza de revertir la masacre legal de los niños no nacidos y de las personas que llegan a la tercera edad, habrá una esperanza próxima de la conversión de los enemigos de la Iglesia. Que se vuelva a la Misa Tradicional y el Sacerdocio Católico se verá restaurado en su plenitud. Que se dé de nuevo la belleza al culto debido a Dios y se verá en medio de la jerarquía, en medio del sacerdocio y entre los fieles, la santidad, la valentía de decir no al pecado o de reencontrar (en medio de las tentaciones y de la agresividad del satanismo) la fuerza de la perseverancia y de la penitencia comunicada por la gracia que fluirá con abundancia.
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- El balance actual del retorno de San Pío V es positivo y permite ampliar la esperanza.
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En ese análisis del Card. Stickler que escribe: “El Papa ha sido en un sentido... de más en más favorable a la Misa Tridentina y él no retrocederá, al contrario, irá adelante”.
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De hecho se avanza luego en la Misa Tradicional celebrada el 24 de mayo de 2003 (otro el 24 de mayo muy distinto del de 1976) en la Basílica Santa Ma. Mayor se da un nuevo paso: Una declaración, en nombre del Santo Padre , en una Basílica Romana, un cardenal que ocupa un altísimo cargo (Prefecto de la Congregación del Clero y Presidente de la Comisión Ecclesia Dei”) afirmando que el antiguo Rito Romano conserva el derecho de ciudadanía dentro de la Iglesia y
no se puede considerar extinguido - Otras declaraciones (Ratzinger).
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- Aniversario de la Congregación para el culto divino y los sacramentos en el que la alocución que hizo el Papa alabó el Misal de San Pío V por lo que el Osservattore Romano no publicó.
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- Encíclica del Papa “Ecclesia de Eucharistia”
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- Documento Vaticano sobre la Represión de los abusos en la Liturgia.
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Parece evidente que en Roma se quiere y se camina para un retorno en la Iglesia de la Misa de San Pío V y se quiere una solución para la Misa y para los Sacerdotes y comunidades que están legítimamente apegadas a él; por la paz litúrgica y el bien de todos. Se avecina (y Dios quiera que sea la gran gracia que se obtenga antes de terminar este año Eucarístico que empieza en Guadalajara con el 48 Congreso Eucarístico) una solución global, general, como lo anunció el Card. Castrillón en reciente entrevista dada a “Latin Mass” que titula: “El Card. Castrillón Hoyos afirma que el Vaticano está preparando la publicación de una “garantía jurídica” para la Misa Tridentina.
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Pero Roma está interesada en la creación de múltiples soluciones concretas, prácticas, para los casos y así mostrar (a quienes se oponen) que esto puede funcionar; esto ya existe algunos lugares sin que se haya afectado negativamente, muy al contrario, la Pastoral ni la unidad: Hay que multiplicar estas soluciones concretas.
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Lamentablemente no se ve, en el conjunto del episcopado mundial, una correspondencia al deseo y a los pronunciamientos de Roma como sería deseable esperar. En muchos lugares aún subsiste el espíritu de los años 70s. Son frecuentes los casos en que los sacerdotes, aún con apoyo y recomendaciones desde Roma, ven obstaculizada su regularización, con las Iglesias locales, por querer conservar la Misa Tradicional. Personalmente conozco varios casos y en este momento reposa en manos los documentos correspondientes de un caso que ratifican lo dicho.

Un sacerdote que celebra la Misa Tradicional pide a Roma la autorización y manifiesta su deseo de estar en armonía con la autoridad de la Iglesia local. Tal y como Roma lo ha manifestado públicamente en reiteradas ocasiones. El Obispo, ordinario del lugar donde vive, le pide que resuma por escrito, su situación personal y sus deseos. Así se hace y recibe como respuesta el siguiente argumento que me permito extractar del documento omitiendo los nombres:

“Apreciado Padre:.

Por la importancia que tiene para la Iglesia Universal, la persona del Sacerdote, y sus actividades ministeriales, y según le comuniqué en días pasados, di a conocer al Colegio de Consultores (11/05/04), su firme decisión de permanecer fiel al Rito Tridentino, sus actividades y su propuesta (01/04/04), y el Colegio concluyó lo siguiente:
  1. Se consideró la carta fechada en Roma el 8 de marzo de 2001, en la cual el Eminentísimo Señor Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Sagrada Congregación del clero y Presidente de la comisión ECCLESIA DEI, donde pide al Señor Cardenal de nuestra Arquidiócesis de XX, NN, como “Obispo benévolo” estudie la posibilidad de acoger en la Arquidiócesis al Sacerdote NNN. A lo que el Señor Cardenal NN, manifestó de manera verbal que no era necesario ni conveniente establecer el Rito Tridentino en la Arquidiócesis de XX y por ende tampoco era oportuna la creación de una “parroquia personal”.
  2. .....
  3. Al hacer una consideración pastoral sobre la realidad de nuestra Diócesis, se vio que la Pastoral y la Liturgia según el rito de San Pío V (Misa Tridentina), aunque tiene la anuencia de la Iglesia Universal, no ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión, tan importantes para esta Diócesis....” (el negrito es mío).
De manera pues que la Misa Tridentina “no es conveniente ni oportuna”, “ni ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión” tan importantes para este cardenal y este obispo que así responden; pero, eso sí, no dejan de fomentar esta unión y comunión con el desfile frecuente de prelados a las sinagogas para celebrar los ritos que fueron la prefigura del Rito Católico. La Misa a la que asistieron los santos de toda la Iglesia, aunque “tiene la anuencia de la Iglesia Universal”, no es conveniente; pero sí los ritos paganos que con frecuencia se ven en nuestros templos católicos, como recientemente sucedió en la Capillita de las apariciones de la Virgen de Fátima, cosa que siendo tan frecuente en otras partes ha dejado de ser noticia. Pero ¿de qué comunión y de qué unidad están hablando?... ¿A qué criterios obedecen las directivas pastorales de ciertos obispos?... Lo que se constata es que, dichos criterios, no coinciden con la Tradición católica ni con lo manifestado públicamente por la Autoridad de la Iglesia.

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Pero la Providencia se continúa manifestando por el reconocimiento del Derecho imprescriptible del Rito milenario:
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8 de Septiembre 2006: El Papa Benedicto XVI otorga un grande y hermoso regalo a Nuestra Señora en el día de su cumpleaños. Ha sido erigido canónicamente el Instituto del Buen Pastor (IBP), como Sociedad de vida apostólica de Derecho Pontificio, reuniendo sacerdotes, con la triple Misión de promover una crítica constructiva al Concilio, que permita finalmente al Papa dar una interpretación auténtica a sus documentos, de erigir parroquias personales para celebrar el rito Gregoriano, como rito propio y exclusivo conservando todos los libros litúrgicos vigentes en la Iglesia el año 1962.
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Presentamos lo que es realmente la índole del Instituto del Buen Pastor
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El IBP, como Obra de Iglesia, nace providencialmente obedeciendo a una necesidad espiritual de la cristiandad actual. Ya se puede entrever, en su corta existencia canónica, el modo de actuación de la Providencia en el corazón de la Historia de la Iglesia; con una gracia específica (con su carisma propio como hoy se diría) Dios ha suscitado un medio visible, entre otros, de transmisión, continuidad y permanencia de lo inmutable; el IBP hace hoy de puente entre el pasado y el futuro para que las próximas generaciones, beneficiándose de lo permanente del pasado, puedan acrecentar con su aporte la Gloria de Dios y la salvación de las almas. El Rito Gregoriano (o Tridentino) no es más una tolerancia o una permisión dada por indulto; es un derecho reconocido como “derecho propio y exclusivo”
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Todo esto no puede dejar de sugerirme una reflexión sobre algunos sueños de Don Bosco, las apariciones de Fátima y particularmente la publicación de la visión del tercer secreto dada por los Card. Sodano y Ratzinger.
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AMDG +

5 comentarios:

  1. Buenísimo, un poco largo, pero excelente sin duda.

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  2. Buenísimo el artículo del R.P. Rafael Navas Ortiz, yo que lo he conocido, es una excelente persona, muy valiosa para la Iglesia.

    Simpático con la gente y tiernísimo con la Virgen María y la Santa Eucaristía.

    Y haciendo relación con el texto que puso Nichán arriba, él es un ejemplo para todos los jóvenes misioneros de nunca cansarse de trabajar y viajar de una punta a la otra predicando el amor a María y Jesús Sacramentado.

    Fue una gracia inestimable tenerlo con nosotros una semana en Buenos Aires.

    En Cristo y María Santísima.

    + Clara de Asís +

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  3. Al que hay que felicitar es a nuestro pretérito Capellán, el R. P. Rafael Navas Ortiz. Un excelente resumen sobre la historia litúrgica contemporanea.

    AMDG +

    Ramón López
    Juventutem de Argentina
    www.juventutem.com.ar
    ramon@juventutem.com.ar

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  4. 5 de Agosto de 2008

    Santa Maria de las Nieves
    Primera Advocacion de Nuestra Señora
    Nuestra Señora de las Nieves es lo mismo que Santa María la Mayor, título que lleva una de las cuatro basílicas mayores de Roma. Las otras tres son: San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán.


    La basílica de Santa María la Mayor parece ser que fue la primera iglesia que se levantó en Roma en honor de María y podemos decir, lo mismo que se afirma de San Juan de Letrán en un sentido más general, que es la iglesia madre de todas cuantas en el mundo están dedicadas a la excelsa Madre de Dios.

    Por esto, y por ser una de las iglesias más suntuosas de Roma, mereció el título de la Mayor. Así se la distinguía de las otras sesenta iglesias que tenía la Ciudad Eterna dedicadas a Nuestra Señora.


    LA HISTORIA

    Esta basílica ha pasado por bastantes vicisitudes a través de los tiempos. Ocupa el Esquilino, una de las siete colinas de Roma. En tiempo de la República era necrópolis y bajo el Imperio de Augusto, paseo público. Allí tenía el opulento Mecenas unos jardines. Allí estaba la torre desde la cual contempló Nerón el incendio de Roma y allí había un templo dedicado a la diosa Juno, al cual acudían las parejas de novios para implorar sus auspicios.

    La primitiva iglesia no estaba consagrada a María. Se llamaba la basílica Sociniana. En su recinto lucharon los partidarios del papa Dámaso con los secuaces del antipapa Ursino. Esto sucedió a finales del siglo IV. En este tiempo se llamó también basílica Liberiana por su fundador, el papa Liberio.

    En el siglo V es reconstruida por Sixto III (432-440). Este mismo Papa es el que consagra el templo a la Virgen. Desde este momento el nombre de María se va a hacer inseparable de este templo.

    El concilio de Efeso había tenido lugar el año 431. Los padres del tercer concilio ecuménico acababan de proclamar la maternidad divina de María contra el hereje Nestorio. Era el primer gran triunfo de María en la Iglesia y una crecida ola de amor Mariano recorre toda la cristiandad de oriente a occidente. La maternidad divina de María es el más grande de los privilegios de María y la raíz de todas sus grandezas.

    Roma no podía faltar en esta hora de gloria Mariana. Este templo que renueva Sixto III en honor de la Theotocos es el eco romano de la definición de los padres de Efeso. La ciudad entera se apresta a levantar y hermosear esta basílica. Los pintores ponen sus pinceles bajo la dirección del Sumo Pontífice y las damas se desprenden de sus más vistosas joyas. Ahora es cuando la antigua basílica Sociniana se adorna con pinturas y mosaicos que celebran el misterio de la maternidad divina de María. Se levanta un arco de triunfo y sobre la puerta de entrada se lee una inscripción que empieza con estas palabras: "A ti, oh Virgen María, Sixto te dedicó este nuevo templo... "

    Son muchas las gracias que la Santísima Virgen ha concedido a sus devotos en este santo templo. Aquí organizó San Gregorio Magno unas solemnes rogativas con motivo de una terrible peste que asolaba la ciudad.

    El año 653 ocurrió en esta iglesia un hecho milagroso. Celebraba misa el papa San Martín cuando, al querer matarle o prenderle por orden del emperador Constante, el enarca de Ravena, Olimpo, quedó repentinamente ciego e imposibilitado.

    Basten estos hechos para demostrar el gran aprecio que los Sumos Pontífices han tenido para con este templo a través de la historia.

    Hoy mismo sigue siendo Santa María la Mayor una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma cuya visita es necesaria para ganar el jubileo del año santo. De esta forma la Virgen de las Nieves sigue recibiendo el tributo de amor de innumerables peregrinos de todo el orbe católico.


    SU DISEÑO Y ARQUITECTURA

    Las tres amplias naves de la basílica se enriquecieron con los dones de los fieles y los ábsides se adornaron de lámparas y mosaicos. Algunos de éstos son especialmente valiosos.

    Actualmente es una de las iglesias más ricas y bellas de la ciudad de Roma. Conserva muy bien su carácter de basílica antigua. Tiene por base la forma rectangular, dividida por columnas que forman tres naves, techo artesonado, atrio y ábside.

    Las pinturas son de tema Mariano y generalmente relacionadas con la maternidad divina de María. Representan a la Anunciación, la Visitación, María con el Niño, la adoración de los Magos, la huida a Egipto y otras escenas de la vida de la Virgen.

    El interior de la basílica es solemne y armonioso. Las tres naves aparecen divididas por columnas jónicas. Contiene notables monumentos y tumbas de los papas.

    Tiene dos fachadas: la que mira al Esquilino, que es la posterior, y la que mira a la plaza que lleva el nombre de Santa María la Mayor. Esta, que es la principal, data del siglo VIII, y la posterior del XVII. El campanario, románico, es el más alto de Roma. Fue construido el año 1377.

    Sobre el altar mayor hay una imagen de María del siglo XIII, atribuida a Lucas el Santo, y en la nave se halla el monumento a la Reina de la Paz, erigido por Benedicto XV al terminar la primera guerra mundial.

    La propia basílica fue restaurada y ampliada por varios papas durante la Edad Media, incluyendo a Eugenio III (1145-1153), Nicolás IV (1288-92) o Clemente X (1670-76). En su interior una de las obras principales es el espléndido ciclo de mosaicos sobre la Vida de la Virgen, que data del siglo V, que muestra aún las características estilísticas del arte romano tardío. Más hieráticos, y más próximos al arte bizantino son los mosaicos del arco triunfal, con escenas de la Infancia de Cristo según los Evangelios apócrifos.

    De época medieval es igualmente el suelo de mármol estilo cosmati, como el que puede verse en la tumba del cardenal Rodríguez (1299), a la derecha del altar.

    En el siglo XIV, durante el pontificado de Nicolás IV fue realizado el mosaico del ábside, con la Coronación de María, obra de Jacopo Torriti, un monje franciscano. De la misma época son los mosaicos de la fachada, obra de Filippo Rusuti.

    El artesonado del techo es renacentista, del siglo XVI, sigue un diseño de Giuliano da Sangallo; se dice que fue dorado con oro de los incas regalado por los Reyes Católicos al Papa español Alejandro VI (algo que de hecho es erróneo, pues el imperio inca fue conquistado durante el reinado de Carlos I).

    El interior de Santa María la Mayor sufrió una amplia renovación que afectó a todos sus altares entre los años 1575 y 1630.

    El ábside externo, vuelto hacia la plaza del Esquilino, es obra de Carlo Rainaldi, que presentó al papa Clemente IX un proyecto menos caro que el de su contemporáneo Bernini.

    De la época barroca son las fachadas, las cúpulas y las capillas. Benedicto XIV (1740-58) encargó en los años 1740 a Ferdinando Fuga edificar la actual fachada y modificar el interior. La fachada, con su logia, data de 1743, y no afectó a los mosaicos de la fachada. El ala de la canonica (sacristía) queda a su izquierda y un ala semejante está a la derecha (diseñada por Flaminio Ponzio) lo que da al frente de la basílica el aspecto de un palacio frente a la plaza de Santa María la Mayor.


    CAPILLA SIXTINA

    En la nave de la derecha está la capilla Sixtina, construida para enterrar al papa Sixto V según diseño de Domenico Fontana y finalizado más tarde por Carlo Fontana, con cubrimiento de mármol antiguo.

    Sixto V mandó construir la capilla dedicada al Santísimo Sacramento para custodiar el belén. Mantiene el antiguo Oratorio del belén, realizado por Arnolfo di Cambio durante el siglo XIII.

    La obra se ejecutó entre 1587 y 1589. Como en su capilla gemela, la Paulina, varios son los artistas que intervinieron en su ejecución. Hizo ejecutar un ciclo de frescos en los muros que ocultaron algunas de las ventanas paleocristianas. Aquí están enterrados Sixto V y San Pío V, que lo nombró cardenal. Cada uno de ellos tiene un monumento funerario, muy parecidos.


    CAPILLA PAULINA

    La capilla paulina (Cappella Paolina), también llamada Capilla Borghese, tiene su origen en junio de 1605, cuando el papa Pablo V decide su edificación, con cruz griega y dimensiones de una iglesia pequeña para ser su lugar de enterramiento. Fue edificada para custodiar la Imagen de la Virgen "Salus Populi Romani" bajo encargo de Pablo V. La parte arquitectónica fue realizada por Flamiano Ponzio, a quien se relaciona con la planta de la capilla gemela de Sixto V. Completada la estructura en el año 1611, fue consagrada el 27 de enero de 1613. La parte decorativa, con mármoles de colores, oro y piedras preciosas, se terminó en 1616. En las paredes laterales estan dos tumbas papales, la de Clemente VIII y la de Pablo V, con una arquitectura de arco triunfal en cuyo interior está la estatua y bajorrelieves pictóricos.

    La parte escultórica fue realizada entre 1608 y 1615 por un heterogéneo grupo de artistas: Silla da Viggiù, que llevó a cabo la parte mayor del trabajo, con las dos estatuas papales, Bonvicino, Vasoldo, Cristoforo Stati, Nicolò Cordieri, Ippolito Buzio, Camillo Mariani, Pietro Bernini, Stefano Maderno y Francesco Mochi.

    La dirección de las tareas pictóricas de los frescos fue confiada a José Cesari, llamado Caballero de Arpino que realizó la cúpula y la luneta sobre el altar. Ludovico Cigoli realizó la cúpula mientras que Guido Reni fue el autor principal de las figuras de santos en los cuales pudieron intervenir igualmente Domenico Passignano, Giovanni Baglione y Baldassare Croce; intervinieron sucesivamente Giovanni Lanfranco, y Pietro Bellori, transformando un ángel en la Virgen.

    En la capilla Borghese se encuentra la tumba de Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón. La obra más destacada de esta capilla es el bajorrelieve del frontispicio representando al papa Liberio; es obra de Maderno.


    EXTERIOR

    A la derecha de la fachada de la basílica está un monumento conmemorativo que representa a una columna en forma de un cañón hacia arriba coronado por una cruz: fue erigido por el papa Clemente VIII inmediatamente después de la masacre protestante del día de San Bartolomé, aunque hoy en día se piensa más bien que celebra el fin de las Guerras de religión de Francia.

    La columna mariana erigida en 1614, según diseño de Carlo Maderno es el modelo de numerosas columnas marianas erigidas en los países católicos en acción de gracias por la remisión de la plaga durante la época barroca. (Un ejemplo es la Columna de la Santísima Trinidad en Olomouc, República Checa). La columna en sí es lo único que queda de la Basílica de Majencio y Constantino en Campo Vaccino, que es como se llamó al foro romano hasta el siglo XVIII. En 1611 se le añadió una estatua de bronce, representando a la Virgen y el Niño. La fuente de Maderno en la base combina las águilas y los dragones heráldicos de Pablo V.

    La columna en la plaza conmemora el famoso icono de la Virgen María en la capilla Paulina de la basílica. Es conocida como Salus Populi Romani, o Salud de los romanos, debido a un milagro en el que el icono ayudó a mantener la plaga alejada de la ciudad. El icono tiene al menos mil años de antigüedad, y según la tradición fue pintado del natural por Lucas el Evangelista. Recientes dataciones por medio de la radiación del carbono han establecido que el icono tiene aproximadamente dos mil años, con lo que se refuerza esta tradición sagrada.


    SANTA MARIA DEL PESEBRE

    En el siglo VII una nueva advocación le nace a esta iglesia: Santa María ad praesepe, Santa María del Pesebre. La maternidad de María acaba por llevar la devoción de los fieles al portal de Belén, a Jesús. Como siempre, por María a Jesús.

    Al lado de la basílica surge una gruta estrecha, obscura y recogida como la de Belén. Allí irán los papas a celebrar la misa del gallo todas las Nochebuenas, y para que la piedad se hiciese más viva se enseñaban los maderos del pesebre en el cual había nacido el Hijo de Dios y trozos de adobes y piedras que los peregrinos habían traído de Tierra Santa.

    Esta gruta llega a ser uno de los lugares más venerandos de la Ciudad Eterna. Los Romanos Pontífices la distinguen con sus privilegios. Gregorio III (731-741) puso allí una imagen, de oro y gemas que representaba a la Madre de Dios abrazando a su Hijo. Adriano I (762-795) cubrió el altar con láminas de oro, y León III (795-816) adornó las paredes con velos blancos y tablas de plata acendrada que pesaban ciento veintiocho libras.
    Dios los Bendiga y proteja a Nuestra Santa Madre Iglesia y os ilumine en el camino de la restauracion de la Santa Misa Tradicional
    Saludos en Jesus Jose y Madria Prof. Jose Luis Ventrice

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