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sábado, 13 de octubre de 2012

+ A 95 años del Milagro de Fátima +



Llegó, por fin, el día tan esperado de la sexta y última aparición de la Santísima Virgen a los tres pastorcitos: sabado 13 de octubre de 1917. El otoño estaba avanzado. La mañana era fría. Una lluvia persistente y abundante había transformado la Cova de Iría en un inmenso lodazal, y calaba hasta los huesos a la multitud de 50 a 70 mil peregrinos que habían acudido de todos los rincones de Portugal.
Cerca de las once y media, aquel mar de gente abrió paso a los tres videntes que se aproximaban, vestidos con sus trajes de domingo.

Es la Hermana Lucía quien nos relata lo que sucedió:

«Llegados a Cova de Iría, junto a la encina, llevada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina.

— ¿ Qué quiere Vuestra Merced de mí?

— Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor; que soy la Señora del Rosario, que continuéis rezando el rosario todos los días. La guerra va a terminar y los militares volverán en breve a sus casas.

— Quería pedirle muchas cosas. Si curaba a unos enfermos y convertía a unos pecadores...

—A algunos sí, a otros no. Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados.

Y tomando un aspecto más triste, [Nuestra Señora agregó]: No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el sol y, mientras se elevaba, su propia luz continuaba reflejándose en el sol».

Habiendo la Santísima Virgen desaparecido en esa luz que Ella misma irradiaba, se sucedieron en el cielo tres nuevas visiones, como cuadros que simbolizaban los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos del Rosario.

Junto al sol apareció la Sagrada Familia: San José, con el Niño Jesús en los brazos, y Nuestra Señora del Rosario. La Virgen vestía una túnica blanca y un manto azul. San José estaba también de blanco y el Niño Jesús de rojo. San José bendijo al pueblo trazando tres veces en el aire una cruz, y el Niño Jesús hizo lo mismo.

Las dos escenas siguientes fueron vistas sólo por Lucía.

Primero, vio a Nuestro Señor, transido de dolor en el camino del Calvario, y la Virgen de los Dolores, sin la espada en el pecho. El Divino Redentor también bendijo al pueblo.

Por fin apareció, gloriosa. Nuestra Señora del Carmen coronada Reina del cielo y del universo, con el Niño Jesús en brazos.

Mientras los tres pastorcitos contemplaban los personajes celestiales, se operó ante los ojos de la multitud el milagro anunciado.

Había llovido durante toda la aparición. Lucía, al terminar su coloquio con la Santísima Virgen, había gritado al pueblo: «¡Miren el sol!». Se entreabrieron las nubes, y el sol apareció como un inmenso disco de plata. A pesar de su brillo intenso, podía ser mirado directamente sin herir la vista. La multitud lo contemplaba absorta cuando, súbitamente, el astro se puso a «bailar». Giró rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo de repente y, poco después, comenzó nuevamente a girar sobre sí mismo a una velocidad sorprendente. Finalmente, en un torbellino vertiginoso, sus bordes adquirieron un color escarlata, esparciendo llamas rojas en todas direcciones. Éstas se reflejaban en el suelo, en los árboles, en los rostros vueltos hacia el cielo, reluciendo con todos los colores del arco iris. El disco de fuego giró locamente tres veces, con colores cada vez más intensos, tembló espantosamente y, describiendo un zigzag descomunal, se precipitó sobre la multitud aterrorizada. Un único e inmenso grito escapó de todas las gargantas. Todos cayeron de rodillas en el lodo, pensando que serían consumidos por el fuego. Muchos rezaban en voz alta el acto de contrición. Poco a poco, el sol comenzó a elevarse trazando el mismo zigzag, hasta el punto del horizonte desde donde había descendido. Se hizo entonces imposible fijar la vista en él. Era de nuevo el sol normal de todos los días.

El ciclo de las visiones de Fátima había terminado.

Los prodigios duraron cerca de 10 minutos. Todos se miraban estupefactos. Después, hubo una explosión de alegría: «¡El milagro, los niños tenían razón!». Los gritos de entusiasmo hacían retumbar sus ecos en las colinas adyacentes, y muchos notaron que sus ropas, empapadas minutos antes, estaban completamente secas.

El milagro del sol pudo ser observado a una distancia de hasta 40 kilómetros del lugar de las apariciones.

El 17 de Octubre, O Día , un periódico de Lisboa reportó lo siguiente:


A la una de la tarde, medio día por el sol, la lluvia cesó. El cielo, con un color gris aperlado, iluminaba el vasto paisaje árido con una luz extraña. El sol tenía un velo delgado transparente, así que los ojos se podían fijar fácilmente en el. El tono gris madre perla se tornó en una sábana de plata la cual se rompió cuando las nubes se abrieron y el sol de plata, rodeado en la misma luz de gris transparente, se vio girar y voltear en el circulo de las nubes abiertas. Un grito salió de cada boca y la gente cayo de rodillas en el suelo pantanoso.
La luz se volvió un hermoso azul como si hubiera venido a través de vidrios ahumados de ventanas de catedral y se esparció sobre la gente quienes estaban arrodillados con las manos abiertas.
El azul se desvaneció despaciosamente y entonces la luz parecía pasar a través de un vidrio amarillo. Manchas amarillas cayeron sobre los pañuelos blancos y sobre las faldas oscuras de las mujeres. También se vieron en los arboles, en las rocas y en la sierra. La gente lloraba y rezaba con las cabezas descubiertas en la presencia del milagro que ellos habían esperado.

Otro periódico grande de Lisboa, O Século, mandó a su editor, Avelino de
Almeida al sitio de las apariciones. El vino preparado para ridiculizar las
apariciones, sin embargo esto es lo que el reportó:


Desde la carretera, donde los vehículos estaban parqueados estaban
congregadas cientos de personas que no se atrevían a atravesar el
pantanero, uno podía ver la inmensa multitud que miraba hacia el sol, el cual aparecía estar libre de las nubes y en su cenit. Parecía como una placa de plata desteñida y era posible mirarle sin ninguna incomodidad. Podría haber sido un eclipse que estaba tomando lugar. Pero en ese momento un gran grito se escuchó y uno podía escuchar los espectadores mas cercanos gritando: "Milagro!, milagro!" Ante los ojos atónitos de la multitud, cuyo aspecto era bíblico como si estuvieran descubiertos, ansiosamente buscando el cielo, el sol tembló, hizo unos movimientos increíbles fuera de sus leyes cósmicas - el sol "bailó" - de acuerdo a las expresiones típicas de la gente.

El Doctor Joseph Garrett, un profesor de ciencias en la Universidad de
Coimbra notó esto:


Este no fue el centelleo normal de un cuerpo celestial, porque el sol giró al rededor de si mismo en un remolino loco, cuando repentinamente el clamor se escuchó de toda la gente. El sol,
remolineando, parecía perderse a si mismo del firmamento y avanzar
amenazantemente sobre la tierra como si fuera a aplastarnos con su gran peso abrasador. La sensación durante estos momentos era terrible.

Trece años después, tras una rigurosa examinación, la Iglesia Católica pronunció las Apariciones de Fátima como auténticas en Octubre 13 de 1930 con esta declaración del Obispo de Leiría:
"Nosotros estimamos bien: 1) Declarar dignas de crédito las visiones de los partorcitos de la Cova de Iria, en la parroquia de Fátima de esta Diócesis, los días 13 de los meses desde Mayo hasta Octubre de 1917:
2) darle permiso oficial al culto de Nuestra Señora de Fátima."

3 comentarios:

  1. Terribles las palabras de la Santísima Virgen... y sobre todo, la poca atención que se le prestan. Como se puede leer en el Apokalypse, hasta el Gran Final, habrá incrédulos. Recemos por ellos!

    AMDG +

    Ramón López
    Juventutem de Argentina
    www.juventutem.com.ar
    ramon@juventutem.com.ar

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  2. Excelente artículo. Fátima es una de las apariciones mas misteriosas que leí en mi vida, solo semejante al libro de el Profeta Ezequiel.
    Saludos en Cristo y María Santísima.

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  3. Bien por recordar Fátima. Para quien quiera interiorizarse, www.fatima.org, excelente página.

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